Gusanos antárticos prosperan en el congelamiento gracias a antiguos socios microbianos

La Antártida presenta uno de los entornos más desafiantes de la Tierra, con temperaturas bajo cero y condiciones heladas. Los científicos están investigando cómo los organismos sobreviven en estos hábitats extremos, centrándose en los gusanos marinos antárticos que prosperan en aguas frías sin protección natural contra el congelamiento. Investigaciones recientes revelan un papel sorprendente del microbioma de los gusanos—la comunidad de bacterias que viven dentro de ellos—en la producción de proteínas crioprotectoras que ayudan a los gusanos a resistir el frío, lo que sugiere una relación simbiótica establecida desde hace mucho tiempo, crucial para su supervivencia.

Los gusanos marinos antárticos exhiben una notable resistencia a las temperaturas bajo cero, lo que ha llevado a los científicos a investigar los mecanismos detrás de su supervivencia en uno de los entornos más extremos de la Tierra. Investigadores, ataviados con un distintivo equipo rojo, están recolectando activamente estos gusanos de las frías aguas que rodean la Antártida, donde las temperaturas pueden alcanzar casi -2 grados Celsius. Esta investigación se basa en la necesidad de comprender cómo la vida persiste en condiciones tan duras, particularmente dada la falta de adaptaciones protectoras que se observan comúnmente en otros organismos. El estudio destaca los desafíos únicos que plantea el entorno antártico y el potencial para nuevos descubrimientos con respecto a la adaptación y la supervivencia.

Si bien ya se conocía la existencia de proteínas anticongelantes en algunos animales marinos antárticos –como lo demostró la investigación de DeVries en 1971, que identificó glicoproteínas como agentes anticongelantes biológicos en peces antárticos–, el papel de estos mecanismos en los invertebrados permaneció en gran medida inexplorado. Esta laguna en el conocimiento impulsó el estudio actual, que se centró en la posible contribución del microbioma –la comunidad de microorganismos que viven dentro y sobre los gusanos– a su tolerancia al frío. La hipótesis inicial se centró en la posibilidad de que estas comunidades microscópicas pudieran estar proporcionando una función protectora crucial, pero previamente no reconocida.

Un hallazgo clave del estudio, publicado en *Science Advances*, reveló que el microbioma de los gusanos antárticos produce activamente proteínas crioprotectoras que ayudan a hacer frente a las temperaturas de congelación. Este descubrimiento representa un avance significativo en la comprensión de cómo los organismos se adaptan a condiciones ambientales extremas. Específicamente, los investigadores identificaron bacterias dentro de los gusanos que sintetizan proteínas diseñadas para contrarrestar los efectos dañinos de la formación de hielo, lo que ofrece una posible explicación para la supervivencia de los gusanos. Esto proporciona información sobre una relación simbiótica donde el microbioma mejora directamente la capacidad del huésped para resistir el frío.

Una investigación más profunda del papel del microbioma reveló un nivel inesperado de especialización. Harald Gruber-Vodicka, un investigador de simbiosis marina no involucrado en el estudio, enfatizó que, si bien la contribución del microbioma a la nutrición o la inmunidad está bien establecida, “la protección contra el frío como un servicio simbiótico o una función simbiótica fue sorprendente y novedosa”. Esto destaca la novedad del hallazgo, lo que sugiere que los gusanos no se están beneficiando simplemente de un sistema de soporte microbiano general, sino que dependen de una función específica de protección contra el frío proporcionada por sus habitantes microbianos. Los resultados del estudio desafían la comprensión convencional de las relaciones simbióticas y abren nuevas vías para explorar las contribuciones microbianas a la adaptación del huésped.

Para identificar a los actores microbianos específicos involucrados, el equipo de investigación secuenció meticulosamente el ADN bacteriano de varias partes de los gusanos –intestinos, cavidades orales, apéndices y cubiertas externas–. Este análisis reveló un dominio de bacterias pertenecientes a los géneros *Meiothermus* y *Anoxybacillus* dentro del microbioma de los gusanos. Interesantemente, estas bacterias, aunque se encontraron en ambientes fríos antes, están más comúnmente asociadas con hábitats de alta temperatura como fuentes termales. Esta distribución aparentemente paradójica impulsó una investigación más profunda sobre el origen y la naturaleza de esta relación simbiótica.

La investigación del equipo sobre la distribución bacteriana reveló que *Meiothermus* y *Anoxybacillus* no estaban presentes en ninguna otra especie de gusano ni en el sedimento circundante donde se recolectaron los gusanos. Este hallazgo sugirió fuertemente que los gusanos no habían adquirido recientemente estas bacterias de su entorno, descartando una asociación transitoria. En cambio, indicó una conexión de larga data, potencialmente heredada, entre los gusanos y sus habitantes microbianos. Esta observación fue crucial para cambiar el enfoque hacia una relación coevolutiva.

Para explorar más a fondo la posibilidad de coevolución, los investigadores analizaron la historia evolutiva tanto de los gusanos como de su microbioma asociado. Al comparar los genes mitocondriales de los gusanos con la composición genética de las bacterias, descubrieron un alto grado de filosimbiosis –una fuerte similitud entre las trayectorias evolutivas del huésped y su microbioma–. Este hallazgo proporciona evidencia convincente de que la relación simbiótica se originó en tiempos antiguos, probablemente cuando el hábitat era diferente, y se ha mantenido a través de generaciones. Cinzia Corinaldesi, la investigadora principal, señaló que “la simbiosis comenzó en tiempos antiguos, probablemente cuando el hábitat era diferente, y ahora estas bacterias ya no están presentes en los sedimentos circundantes de los animales”.

Profundizando en el papel funcional de los habitantes microbianos, el equipo analizó los genomas de las bacterias *Meiothermus* y *Anoxybacillus*. Este análisis reveló la presencia de genes que codifican o están relacionados con proteínas de choque en frío, proteínas de unión al hielo y compuestos crioprotectores como la espermidina. Estas proteínas están diseñadas específicamente para contrarrestar los efectos dañinos de la formación de hielo y mantener la función celular a bajas temperaturas. El descubrimiento de estos genes dentro de los genomas bacterianos proporcionó un vínculo directo entre el microbioma y la tolerancia al frío de los gusanos.

Para confirmar que los gusanos estaban utilizando realmente estas proteínas microbianas, los investigadores emplearon un enfoque proteómico para analizar extractos de gusanos. Este análisis reveló la presencia de muchas de las proteínas identificadas y varias enzimas potencialmente útiles para hacer frente a temperaturas extremadamente frías. Crucialmente, al hacer coincidir estas proteínas con bases de datos establecidas, se reveló que las bacterias, y no los gusanos mismos, eran responsables de producir varias de las proteínas crioprotectoras. Este hallazgo solidificó el papel del microbioma como la principal fuente de protección contra el frío para los gusanos.

El descubrimiento de que el microbioma produjo proteínas específicas para ayudar al huésped a hacer frente al frío fue particularmente sorprendente, según Corinaldesi. Esto desafía la visión tradicional de las relaciones simbióticas, donde el microbioma proporciona principalmente beneficios nutricionales o inmunológicos. En cambio, este estudio destaca el potencial de funciones simbióticas especializadas adaptadas a desafíos ambientales específicos. Los hallazgos sugieren que el microbioma no es simplemente un habitante pasivo, sino un participante activo en la adaptación del huésped a condiciones extremas.

Si bien el enfoque genómico y proteómico adoptado por el equipo fortalece el estudio, Gruber-Vodicka enfatizó la necesidad de experimentos adicionales para demostrar definitivamente que los gusanos dependen del microbioma para la adaptación al frío. Señaló que “esta primera idea de que los simbiontes podrían desempeñar un papel importante es muy intrigante”, pero se necesita más investigación para establecer un vínculo causal entre el microbioma y la supervivencia de los gusanos. Esto subraya la complejidad de las relaciones simbióticas y la necesidad de una validación experimental rigurosa.

Corinaldesi reconoce que este estudio representa solo “una pequeña pieza del [rompecabezas]” y que se necesita más investigación para expandir nuestra comprensión de esta compleja relación simbiótica. Los estudios futuros se centrarán en aislar y caracterizar los mecanismos específicos por los cuales las proteínas microbianas protegen a los gusanos del daño por congelación, así como en investigar el potencial de utilizar estas proteínas en aplicaciones biotecnológicas. La investigación en curso promete arrojar más luz sobre las notables adaptaciones que permiten que la vida prospere en los entornos más extremos de la Tierra.

Investigadores descubrieron que los gusanos antárticos sobreviven a temperaturas bajo cero gracias a proteínas crioprotectoras producidas por su microbioma, específicamente bacterias de los géneros Meiothermus y Anoxybacillus, que parecen haber coevolucionado con los gusanos. Esta simbiosis permite a los gusanos prosperar en frío extremo, sugiriendo un nuevo mecanismo de adaptación más allá de las propias capacidades biológicas de los gusanos. Si bien el estudio proporciona evidencia genómica y proteómica sólida, se necesita más investigación para demostrar definitivamente la dependencia de los gusanos de su microbioma para la adaptación al frío. Comprender estas asociaciones microbianas podría desbloquear información sobre estrategias de adaptación más amplias en entornos extremos y, potencialmente, informar aplicaciones biotecnológicas.

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