Memes: Cómo los grupos extremistas difunden desinformación en línea

Un estudio reciente de la Universidad de Bath destaca el papel significativo que juegan los memes en las comunidades extremistas y la difusión de teorías conspirativas. Lejos de ser bromas inofensivas en línea, los memes funcionan como una herramienta clave de comunicación, uniendo grupos y reforzando visiones del mundo compartidas, a menudo engañosas. La investigación identifica cómo memes específicos, imágenes y lenguaje repetidos, se utilizan para atraer nuevos miembros, validar creencias existentes y eludir el pensamiento crítico, contribuyendo en última instancia a la rápida diseminación de información errónea y la erosión de la confianza en fuentes de información fiables.

Los memes han evolucionado más allá del simple entretenimiento, funcionando como una herramienta de comunicación primaria y un potente vehículo para ideologías extremistas y teorías de la conspiración. Un estudio del Instituto para la Seguridad y el Comportamiento Digital (IDSB) de la Universidad de Bath destaca cómo estas combinaciones de imagen y texto sirven como un “lenguaje” para diseminar narrativas en formatos fácilmente compartibles, creando “representaciones culturales” que fomentan la unidad y el compromiso dentro de los grupos. Sin embargo, esta accesibilidad tiene un costo, ya que las comunidades extremistas aprovechan los memes para difundir su “visión del mundo”, reforzar creencias y transmitir engaños, actuando eficazmente como “lobos con piel de oveja” en línea. Limor Shifman, profesora de comunicación y periodismo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, describe los memes como “unidades de cultura” que reflejan y difunden mentalidades sociales generales de una manera accesible y emocionalmente resonante, lo que los hace particularmente efectivos dentro de las comunidades propensas al pensamiento conspirativo.

El poder de los memes en estas comunidades proviene de su capacidad para destilar ideas complejas en formatos fácilmente digeribles, atrayendo a usuarios que se identifican como “pensadores alternativos” y buscan validación de personas afines. Estas comunidades a menudo atribuyen eventos sociales a complots ocultos orquestados por una “élite sombría”, posicionándose como una minoría iluminada con acceso a “lo que realmente está sucediendo” en contraste con la mayoría no informada. Según Emily Godwin, la autora principal del artículo del IDSB, los memes juegan un papel crucial en el refuerzo de esta cultura, con los miembros gravitando hacia contenido que valida su cosmovisión conspirativa y convirtiéndose en parte integral de su narrativa. No se trata tanto de persuasión como de confirmación y cohesión.

Sorprendentemente, la eficacia de los memes no depende de la originalidad. La investigación del IDSB identificó los 20 memes más utilizados dentro de estas comunidades, revelando una dependencia de tropos establecidos en lugar de creaciones novedosas. Los ejemplos incluyen el meme “NPC” (que representa a individuos carentes de pensamiento independiente), “Wojak” (una representación humana básica y sin rasgos distintivos) y la dicotomía “Soyjaks versus Chads”. El uso repetido de estos personajes y sus roles asociados – una élite engañosa, una mayoría delirante y la propia superioridad percibida del grupo – refuerza una cosmovisión específica. Esta repetición no es accidental; sirve para solidificar la comprensión del mundo del grupo y crear un lenguaje simbólico compartido.

Más allá de simplemente difundir un mensaje, los memes actúan como una fuerza cohesiva dentro de estas comunidades. Godwin explica que los temas generales crean un “marco de comprensión” que guía las conversaciones y ayuda a resolver desacuerdos. Esta cohesión es crítica, ya que reduce las fracturas internas y permite que ideologías peligrosas echen raíces y prosperen. El lenguaje y el simbolismo compartidos de los memes proporcionan un terreno común, incluso cuando los miembros individuales pueden tener opiniones diferentes sobre detalles específicos. Esta unidad interna es un factor significativo en la persistencia y el crecimiento de estas comunidades.

El atractivo de los memes se extiende a atraer nuevos miembros, a menudo sin saberlo. Brit Davidson, profesora asociada de análisis en el IDSB y coautora del estudio, señala el humor inherente a los memes como un factor clave. Los individuos pueden sentirse atraídos por el aspecto cómico sin comprender completamente el contexto subyacente o la desinformación dañina que se está propagando. Esto es particularmente preocupante, ya que sugiere que los memes pueden actuar como una puerta de entrada a creencias más extremas. La naturaleza ligera de los memes puede bajar las defensas y hacer que los individuos sean más susceptibles a aceptar ideas potencialmente dañinas.

La vulnerabilidad a este tipo de desinformación no es uniforme. Los estudios indican que los individuos que son “ingenuos” – menos capaces de reconocer falsedades – y aquellos que son “desconfiados” – más susceptibles al pensamiento conspirativo – corren un riesgo particular. Michal Tanzer y un equipo de la University College London identificaron la “confianza epistémica” como un factor clave – una predisposición a considerar la comunicación de otros como significativa y generalizable sin una verificación adecuada. Esto evita los procesos de pensamiento crítico necesarios para evaluar la validez de la información. Chloe Campbell, coautora del estudio, advierte que esta confianza ciega impacta no solo la resiliencia psicológica sino también el funcionamiento social.

Esta falta de evaluación crítica está respaldada aún más por un estudio publicado en *PLOS Global Public Health* y una investigación de la Pennsylvania State University que analiza más de 35 millones de publicaciones de Facebook durante tres años. Este último encontró que aproximadamente el 75% del contenido se comparte sin que el reenviador siquiera haga clic en el enlace incluido. Este patrón se extiende a otras redes sociales, lo que indica una tendencia generalizada a compartir información sin un escrutinio adecuado. S. Shyam Sundar, el autor principal del artículo, expresó su sorpresa ante este hallazgo, afirmando que había asumido que los individuos al menos leerían el contenido antes de compartirlo. El hecho de que la mayoría de los reenvíos ocurran incluso sin una mirada rápida al enlace destaca la velocidad y la facilidad con la que la desinformación puede propagarse.

Sundar atribuye este fenómeno a la sobrecarga de información, sugiriendo que los individuos están simplemente bombardeados con tantos datos que carecen del tiempo o la inclinación para verificar su precisión. En este entorno, la desinformación tiene una mayor probabilidad de volverse viral. El estudio enfatiza los procesos sociocognitivos en juego, explorando cómo los individuos responden a la información pública en la era digital contemporánea y el alarmante colapso de la confianza colectiva en las fuentes de información.

La extensión de este intercambio no verificado es sustancial. La investigación incluyó datos del servicio de verificación de datos de Meta, identificando 2.969 enlaces a contenido falso que se compartieron más de 41 millones de veces sin ser clicados. Esto demuestra el potencial de la desinformación para llegar a una audiencia masiva sin una participación significativa con el material de origen. Los investigadores señalan que los patrones observados se extienden más allá de Facebook, lo que sugiere que los mecanismos subyacentes son probablemente presentes en varias plataformas de redes sociales.

Si bien los investigadores de la Universidad de Bath se han centrado específicamente en los memes, y los investigadores de Pennsylvania en Facebook, el campo de la expresión digital es amplio y en constante evolución. El equipo británico reconoce esta complejidad y está considerando expandir su trabajo para incluir investigaciones sobre el papel desempeñado por los emojis, los hashtags, los rituales en línea y la jerga específica de la comunidad – todo lo cual contribuye a los “ingredientes en la tabla de cortar de la desinformación”. Esta investigación en curso subraya la necesidad de una comprensión integral del panorama digital y los mecanismos que facilitan la propagación de la desinformación.

Los memes son una poderosa herramienta de comunicación explotada por comunidades extremistas y teóricos de la conspiración para compartir ideologías, reforzar creencias y atraer nuevos miembros. Su accesibilidad y resonancia emocional evaden el pensamiento crítico, con la gran mayoría del contenido en línea –incluyendo puntos de vista políticos extremos– compartido sin verificación. Esta rápida diseminación no examinada se alimenta de la desconfianza preexistente y la falta de confianza epistémica, creando cámaras de eco y obstaculizando la difusión de información precisa. Reconocer la naturaleza engañosa de estos “lobos con piel de oveja” y cultivar la alfabetización mediática son cruciales para combatir la propagación viral de la desinformación. Una investigación adicional sobre el panorama más amplio de la expresión digital –emojis, hashtags, rituales en línea– es vital para comprender y mitigar los riesgos de la desinformación en la era digital.

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