En medio de crecientes preocupaciones sobre el cambio de política exterior estadounidense bajo el presidente Donald Trump, el director ejecutivo de Airbus Defensa y Espacio, Michael Schollhorn, insta a Alemania a reducir su dependencia de los fabricantes de defensa estadounidenses. Este llamado surge mientras Alemania se prepara para un aumento significativo en el gasto en defensa y sigue a recientes declaraciones controvertidas de Trump sobre Groenlandia, los compromisos de la OTAN y el apoyo a Ucrania, lo que plantea interrogantes sobre la fiabilidad de las asociaciones estadounidenses.
Alemania se enfrenta a un punto crítico en su estrategia de defensa, lo que ha provocado un llamamiento a reducir la dependencia de los fabricantes de defensa estadounidenses. Michael Schollhorn, director ejecutivo de Airbus Defence and Space, expresó esta preocupación en una entrevista reciente, destacando el cambiante panorama político en Washington y los riesgos potenciales asociados con la continua dependencia de los proveedores estadounidenses. Este llamamiento a un cambio estratégico se produce mientras Alemania se prepara para un aumento significativo en el gasto en defensa bajo el probable futuro liderazgo de Friedrich Merz, quien ha anunciado planes de asignar cientos de miles de millones de euros tanto para la defensa como para la infraestructura. La advertencia de Schollhorn subraya la necesidad de que Berlín priorice a las empresas de defensa europeas para evitar “cimentar nuestra dependencia de otros” con este aumento del gasto.
El núcleo del argumento de Schollhorn se basa en la naturaleza impredecible de la política exterior estadounidense y el potencial de futuras interrupciones en las cadenas de suministro. Hizo referencia específicamente a las acciones y declaraciones recientes del presidente estadounidense Donald Trump como motivo de preocupación. El interés repetido de Trump en adquirir Groenlandia, primero mediante la compra y luego, de manera controvertida, por la fuerza, demostró una voluntad de desestimar las normas internacionales y actuar potencialmente de manera unilateral. Este comportamiento impredecible, junto con las posturas de política exterior más amplias de Trump, plantea preguntas sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio de defensa a largo plazo para Alemania. El ejemplo de Groenlandia sirve como una ilustración contundente del potencial de las acciones estadounidenses para afectar directamente los intereses de seguridad europeos, independientemente de los acuerdos o alianzas previos.
Además, la crítica de Schollhorn se extiende más allá de la situación de Groenlandia, abarcando un patrón más amplio de declaraciones y acciones preocupantes por parte de la administración Trump. Señaló que Trump hacía eco de las narrativas del Kremlin, marginaba a Kiev y a Europa en las conversaciones directas con Moscú, y acusaba al presidente Zelenski como evidencia de una influencia desestabilizadora en la relación transatlántica. Estas acciones sugieren una voluntad de priorizar los intereses de Estados Unidos sobre la seguridad colectiva de Europa, dejando potencialmente a Alemania vulnerable en caso de crisis. La congelación de la ayuda militar y el intercambio de inteligencia con Ucrania, un movimiento ampliamente interpretado como un intento de presionar a Kiev para que negociara con Moscú, ilustra aún más esta tendencia.
Las posibles consecuencias de la continua dependencia de los fabricantes de defensa estadounidenses son particularmente evidentes cuando se considera el ejemplo de la compra de aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense por parte de Dinamarca. Schollhorn cuestionó la sabiduría de esta decisión, sugiriendo que Dinamarca podría estar reconsiderando su elección, especialmente “si realmente tuvieran que defender Groenlandia”. Este comentario directo destaca las posibles limitaciones logísticas y estratégicas de depender de activos militares extranjeros, particularmente en lugares remotos o geográficamente desafiantes. Se mencionaron implícitamente la necesidad de un mantenimiento complejo, cadenas de suministro y posibles restricciones políticas asociadas con la operación de equipos de fabricación estadounidense en un contexto europeo.
Para abordar estas preocupaciones, Schollhorn abogó enérgicamente por una mayor colaboración entre las industrias de defensa europeas. Argumentó que las empresas europeas deberían alejarse de la competencia individual y, en cambio, centrarse en la agrupación de recursos, el intercambio de conocimientos y el desarrollo de proyectos conjuntos. Esta aproximación colaborativa, cree, no solo mejoraría las capacidades de defensa europeas, sino que también reduciría la dependencia de los proveedores externos. El énfasis en un enfoque coordinado entre los países europeos clave fue central en su visión, lo que sugiere la necesidad de una mayor integración y armonización de las políticas de defensa en todo el continente.
Finalmente, el llamamiento de Schollhorn a un cambio estratégico en la política de defensa de Alemania está inextricablemente ligado al debate más amplio sobre la OTAN y el futuro de la seguridad transatlántica. Las recientes declaraciones de Trump, en las que duda del compromiso de Washington de defender a los socios de la OTAN que no cumplen los objetivos de gasto en defensa, han amplificado aún más estas preocupaciones. Esta ambigüedad con respecto al apoyo de Estados Unidos a sus aliados subraya la necesidad de que Europa desarrolle sus propias capacidades de defensa y reduzca su dependencia de las garantías estadounidenses. Al priorizar a las industrias de defensa europeas y fomentar una mayor colaboración entre las naciones europeas, Alemania puede fortalecer su propia seguridad y contribuir a una postura de defensa europea más resiliente e independiente.
En medio de una creciente incertidumbre con respecto a la política exterior y los compromisos de EE. UU., el CEO de Airbus, Michael Schollhorn, insta a Alemania a priorizar las industrias de defensa europeas y a reducir la dependencia de los fabricantes estadounidenses. Destaca los riesgos de una dependencia continuada, particularmente con el aumento del gasto en defensa, y aboga por una mayor colaboración entre las naciones europeas para garantizar la seguridad y la autonomía estratégica. La situación exige una reevaluación de las estrategias de defensa y un cambio proactivo hacia el fortalecimiento de las capacidades europeas.
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