Aliados consideran limitar el intercambio de inteligencia con EE. UU. por el enfoque de Trump sobre Rusia.

En medio de crecientes preocupaciones por el enfoque cada vez más conciliador del presidente Trump hacia Rusia, varios aliados de Estados Unidos están considerando reducir la información de inteligencia que comparten con Washington. Este cambio surge de las inquietudes sobre la protección de activos extranjeros y una percepción de erosión de la confianza en la fiabilidad de Estados Unidos como socio de inteligencia, lo que podría afectar a la largamente establecida y crucial alianza de inteligencia Five Eyes.

Algunos aliados de EE. UU. están considerando reducir la inteligencia que comparten con Washington debido a preocupaciones sobre el enfoque cada vez más conciliador de la administración Trump hacia Rusia. Este cambio, impulsado por las inquietudes sobre la protección de activos extranjeros y la posible exposición de sus identidades, representa un desarrollo potencialmente histórico en la cooperación de inteligencia y refleja una profunda desconfianza hacia Rusia, particularmente entre los aliados de EE. UU. Las preocupaciones no son meramente teóricas; provienen de una percepción de erosión de la fiabilidad de los Estados Unidos como socio y un cuestionamiento de las suposiciones de larga data sobre el intercambio de inteligencia.

El núcleo del problema radica en la naturaleza sagrada de los compromisos con agentes extranjeros dentro de las agencias de inteligencia. Cada agencia prioriza la seguridad y el anonimato de sus fuentes, y cualquier acción que ponga en peligro esa obligación se considera una violación de la confianza. Este principio, junto con el percibido acercamiento de la administración Trump a Rusia, ha motivado una reevaluación de los protocolos de intercambio de inteligencia. Los aliados, incluidos Israel, Arabia Saudita y miembros de la alianza de espionaje Five Eyes (Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda), están explorando activamente formas de ajustar estos protocolos para tener en cuenta la dinámica cambiante con Rusia. Una fuente con conocimiento directo confirmó: “Esas discusiones ya están ocurriendo”.

El percibido cambio en la política estadounidense ha sacudido la confianza de aliados de larga data. Un funcionario occidental declaró: “Se están teniendo discusiones serias sobre qué información se puede compartir con los Estados Unidos. Five Eyes siempre ha funcionado bajo el principio de que no nos espíamos mutuamente. No creo que eso sea fiable ahora mismo”. Este sentimiento subraya un desafío fundamental a los cimientos de la cooperación de inteligencia, donde la confianza y la no interferencia mutua son primordiales. La preocupación no es solo sobre el potencial de fuentes comprometidas; es sobre las implicaciones más amplias de una falta percibida de alineación en los objetivos estratégicos.

A pesar de estas preocupaciones, las respuestas públicas de los principales aliados han sido en gran medida dismissivas. El Reino Unido, un socio de inteligencia crucial, emitió una declaración afirmando que no tiene planes de reducir la cooperación con los Estados Unidos. De manera similar, el Servicio de Inteligencia de Seguridad de Canadá enfatizó sus relaciones sólidas y de larga data con las agencias estadounidenses. El portavoz del Primer Ministro de Israel declaró que la historia era “infundada”. Sin embargo, estas negaciones públicas contrastan con las discusiones y revisiones privadas que tienen lugar dentro de los servicios de inteligencia aliados, lo que sugiere un enfoque cauteloso a la hora de reconocer públicamente las preocupaciones. Los funcionarios que hablaron en el anonimato destacaron que la inteligencia se puede compartir de maneras que protejan las fuentes y los métodos, pero las ansiedades subyacentes permanecen.

Las acciones de la administración Trump se extienden más allá de la mera retórica y están impactando las prácticas operativas de inteligencia. Una preocupación importante gira en torno a la ciberseguridad. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, informó haber ordenado al Comando Cibernético de EE. UU. que detuviera las operaciones cibernéticas y las operaciones de información contra Rusia, una orden de duración incierta. Además, una funcionaria sénior del Departamento de Estado, Liesyl Franz, no mencionó a Rusia como una amenaza cibernética importante en un discurso en un grupo de trabajo de la ONU sobre ciberseguridad, citando solo a China e Irán. Esto contrasta marcadamente con las administraciones anteriores, tanto republicanas como demócratas, que identificaron consistentemente a Rusia como una de las amenazas más sofisticadas y peligrosas para la ciberseguridad estadounidense.

El potencial de un “detente cibernético” con Rusia es un tema recurrente en las discusiones. Sin embargo, los expertos advierten contra expectativas excesivamente optimistas. Philip Reiner, CEO del Instituto para la Tecnología de la Seguridad, enfatiza que cualquier acuerdo debe abordar el problema de los ciberdelincuentes vinculados a Rusia, que rara vez enfrentan repercusiones legales en Rusia. Los ataques de ransomware contra los sectores público y privado de EE. UU., a menudo vinculados a Rusia, representan una amenaza económica significativa. Coalition encontró en un informe publicado en octubre que las pandillas de ransomware costaron a las empresas un promedio de $353,000 el año pasado. La incapacidad de responsabilizar a estos delincuentes en Rusia socava el potencial de una cooperación significativa.

Los intentos anteriores de fomentar una mayor cooperación de inteligencia con Rusia han fracasado constantemente. El ex oficial de la CIA John Sipher y sus colegas relataron en un artículo de opinión del Washington Post cómo los esfuerzos para aumentar la colaboración se repetían y fallaban, notando que, en opinión de Putin, “ganar-ganar significa que yo te derroto dos veces”. La falta de reciprocidad y la falta de voluntad de Rusia para compartir información sensible han obstaculizado históricamente los esfuerzos para construir confianza y lograr una cooperación significativa. Este contexto histórico alimenta el escepticismo sobre las perspectivas de una asociación sostenible y fiable.

La alianza Five Eyes, posiblemente la alianza de espionaje más formidable a nivel mundial, enfrenta un desafío complejo. La profunda integración del intercambio de inteligencia dentro de la alianza, que se remonta a la década de 1940, ha demostrado ser invaluable para contrarrestar las amenazas de la Unión Soviética y frustrar las conspiraciones terroristas. Deshacer los aspectos técnicos de esta cooperación sería una tarea complicada y difícil. Sin embargo, los expertos sugieren que un escenario más probable implica que los gobiernos aliados retengan cierta inteligencia de fuentes humanas o análisis que puedan causar fricción con la Casa Blanca.

Las acciones de la administración Trump también han alimentado las especulaciones sobre una posible comprensión informal entre Washington y Moscú para reducir las operaciones digitales agresivas, lo que podría aliviar las tensiones y abrir el camino para una mayor diplomacia. Sin embargo, esta perspectiva plantea preocupaciones sobre el potencial de que Rusia explote cualquier debilitamiento percibido de la determinación estadounidense. Los ex funcionarios de inteligencia expresan una profunda preocupación por las posibles implicaciones del cambio de la administración hacia Rusia, donde Moscú podría no ser tratado como un adversario.

El representante Jason Crow, D-Colo., miembro de los comités de Inteligencia y Fuerzas Armadas de la Cámara, expresó una profunda preocupación por el “rápido giro hacia el Kremlin” y los informes de que el Comando Cibernético de EE. UU. se retiraba de las operaciones cibernéticas contra Rusia. Advirtió que cualquier suspensión de este tipo podría ser “catastrófica”, dado los persistentes esfuerzos de Rusia para sembrar la discordia y causar problemas a los estadounidenses. El potencial de que Rusia se aproveche de cualquier debilitamiento percibido en la postura de ciberseguridad estadounidense es una preocupación importante.

La decisión de la administración de suspender la asistencia de inteligencia a Ucrania, junto con la ayuda militar, ha reforzado aún más estas preocupaciones. La cooperación de inteligencia con Kiev, desarrollada desde la invasión inicial de Rusia en 2014, ha beneficiado tanto a Washington como a Kiev, proporcionando información valiosa sobre las acciones de Rusia. Interrumpir esta cooperación podría obstaculizar significativamente la comprensión estadounidense de las intenciones militares y políticas rusas.

En última instancia, el potencial de una reducción en el intercambio de inteligencia con los Estados Unidos representa un desafío importante para el orden establecido de la cooperación internacional en materia de seguridad. Los problemas subyacentes: la desconfianza hacia Rusia, las preocupaciones sobre la protección de las fuentes y el cuestionamiento de la fiabilidad de los Estados Unidos como socio, están profundamente arraigados y es poco probable que se resuelvan rápidamente. Las implicaciones a largo plazo de estos desarrollos aún están por verse, pero sin duda señalan un período de incertidumbre y posible reajuste en el panorama mundial de la inteligencia.

El artículo detalla las crecientes preocupaciones entre los aliados de EE. UU., incluidos los miembros de la alianza de los Cinco Ojos, que están considerando reducir el intercambio de inteligencia con EE. UU. debido al enfoque cada vez más conciliador de la administración Trump hacia Rusia. Este cambio ha erosionado la confianza y ha generado temores sobre la protección de activos extranjeros y la posible comprometer la seguridad nacional. A pesar de las negaciones oficiales y las garantías, la posibilidad de una distensión cibernética con Rusia y las acciones de la administración en relación con la ciberseguridad han alimentado la especulación y la preocupación sobre la fiabilidad de las asociaciones estadounidenses. En última instancia, el posible desmoronamiento de una formidable alianza de inteligencia tiene profundas implicaciones para la seguridad global y subraya la necesidad de un compromiso inquebrantable con los valores compartidos y las asociaciones estratégicas.

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