Varios aliados de EE. UU. están considerando reducir el intercambio de inteligencia con Washington debido a preocupaciones sobre el enfoque cada vez más conciliador de la administración Trump hacia Rusia. Históricamente, EE. UU. y sus aliados –particularmente la alianza “Five Eyes” (EE. UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda)– han mantenido una estrecha colaboración en materia de inteligencia basada en la confianza mutua y los intereses de seguridad compartidos. Sin embargo, los aliados temen que las relaciones más cálidas de la administración con Moscú puedan comprometer la seguridad de sus agentes y activos en el extranjero, lo que provocaría una reevaluación de los protocolos de inteligencia actuales.
Los aliados de EE. UU. están expresando serias preocupaciones sobre compartir inteligencia con Washington debido al enfoque cada vez más conciliador de la administración Trump hacia Rusia. Esta aprensión surge de un temor fundamental de que la información sensible, particularmente sobre activos extranjeros y fuentes humanas, pueda verse comprometida, violando compromisos de larga data para proteger a quienes colaboran con las agencias de inteligencia. Cinco fuentes con conocimiento directo de las discusiones, incluidos dos funcionarios extranjeros, confirman que los aliados están considerando activamente revisiones a los protocolos actuales de intercambio de inteligencia. El principio fundamental en juego es la naturaleza sagrada de proteger a los agentes; cualquier riesgo percibido para su seguridad podría dañar irreparablemente la confianza y conducir a una reducción en el intercambio de información.
Las preocupaciones son particularmente agudas dentro de la alianza “Five Eyes” – que comprende a EE. UU., el Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda – una asociación de espionaje históricamente estrecha. Un funcionario occidental declaró explícitamente que el cambio de la administración Trump ha sacudido la visión de larga data de EE. UU. como un socio confiable, agregando que el principio de no espiar entre sí dentro de la alianza ya no se considera confiable. Este sentimiento refleja una erosión más amplia de la confianza en los compromisos de EE. UU., lo que impulsa a los aliados a reevaluar los riesgos asociados con proporcionar información sensible. La profundidad histórica de la cooperación de Five Eyes – que se remonta a la década de 1940 y que se atribuye a la contención de los soviéticos durante la Guerra Fría y a la frustración de los complots terroristas – subraya la importancia de esta posible interrupción. Se describe el intercambio de imágenes de satélite y la inteligencia de interceptación como “casi automático”, lo que destaca la naturaleza integrada de la alianza y la posible complejidad de deshacerla.
El impulso para esta reevaluación radica en la señalización de la administración Trump de una voluntad de mejorar las relaciones con Rusia, incluso a expensas de las alianzas de larga data. Esto incluye una pausa en la asistencia de inteligencia a Ucrania, una nación que ha proporcionado información valiosa sobre Rusia desde 2014. Los aliados reconocen que este cambio podría conducir a una recalibración de las prioridades de inteligencia de EE. UU., disminuyendo potencialmente el enfoque en Rusia como una amenaza importante. Además, el despliegue de la administración de más recursos hacia la frontera sur y el lanzamiento de vuelos de vigilancia con drones sobre México, si bien abordan otras preocupaciones, se perciben como una desviación de recursos de las áreas tradicionales de recopilación de inteligencia relacionadas con Rusia. Este cambio percibido en el enfoque está alimentando las preocupaciones de que EE. UU. pueda tener menos interés en recopilar activamente inteligencia sobre Rusia, y por lo tanto, menos preocupación por proteger las fuentes que proporcionan esa inteligencia.
Más allá de la posible reducción en la recopilación de inteligencia, los aliados están preocupados por la posibilidad de que EE. UU. comparta información sensible *con* Rusia. Los movimientos recientes en materia de ciberseguridad han exacerbado estas preocupaciones. La orden del Secretario de Defensa Pete Hegseth para detener las operaciones cibernéticas ofensivas y las operaciones de información contra Rusia, según informó NBC News, se considera una señal de un posible acercamiento con Moscú. Además, la omisión por parte de un funcionario de alto rango del Departamento de Estado de Rusia como una amenaza cibernética importante en un discurso ante un grupo de trabajo de la ONU, citando solo a China e Irán, ha despertado sospechas. Esto contrasta marcadamente con la representación constante de Rusia como una amenaza cibernética sofisticada y peligrosa por parte de las administraciones republicanas y demócratas, incluso durante el primer mandato de Trump. La posibilidad de un acercamiento cibernético, aunque teóricamente atractiva, se ve con escepticismo dado el historial de Rusia como centro de ciberdelincuentes.
El problema se extiende más allá de la ciberseguridad para abarcar una preocupación más amplia sobre la confiabilidad de Rusia como socio. Los intentos anteriores de los presidentes de EE. UU. para “restablecer” las relaciones con Rusia y explorar el intercambio de inteligencia sobre amenazas comunes, como el terrorismo tras los ataques del 11 de septiembre, han fracasado repetidamente. Los ex funcionarios de inteligencia relatan que los rusos han demostrado consistentemente una falta de interés en compartir información sensible y a menudo han priorizado sus propios intereses. Un ex oficial de la CIA y sus colegas describieron un patrón en el que “ganar-ganar significa que yo te gano dos veces”, destacando la desconfianza inherente en las intenciones de Moscú. Este contexto histórico subraya el escepticismo sobre cualquier posible cooperación con Rusia y refuerza las preocupaciones de los aliados sobre la posible compartición de información por parte de EE. UU. que podría ser explotada.
Las posibles consecuencias de una reducción en el intercambio de inteligencia son significativas, extendiéndose más allá del impacto inmediato en los esfuerzos antiterroristas y de ciberseguridad. La alianza Five Eyes, descrita como “la alianza de espionaje más formidable del mundo”, se basa en una cooperación profundamente arraigada y flujos de inteligencia integrados. Deshacer esta cooperación sería complicado y difícil, lo que podría requerir que los gobiernos aliados se abstengan de compartir inteligencia con fuentes humanas o análisis que puedan causar fricción con la Casa Blanca. Las implicaciones para la seguridad nacional son sustanciales, ya que cualquier reducción en la cooperación podría dejar a los aliados vulnerables a la agresión y las actividades desestabilizadoras de Rusia. El congresista Jason Crow, miembro de las comisiones de Inteligencia y Fuerzas Armadas de la Cámara, expresó su profunda preocupación por el “giro rápido hacia el Kremlin” y advirtió que cualquier “parada o retroceso de nuestras operaciones podría ser catastrófico”.
La situación se complica aún más por el estatus de Rusia como centro de ciberdelincuentes, en particular de las bandas de ransomware que atacan a empresas, hospitales y redes gubernamentales estadounidenses. Estas bandas, a menudo de habla rusa, despliegan software malicioso para bloquear redes informáticas y exigir pagos, lo que cuesta a las empresas un promedio de 353.000 dólares el año pasado, según Coalition. El hecho de que Rusia no extradite a sus ciudadanos y se niegue en gran medida a cooperar con las agencias de aplicación de la ley de EE. UU. al identificar a los hackers exacerba el problema. Por lo tanto, cualquier nuevo acuerdo con Rusia debe abordar el problema de los ciberdelincuentes y persuadir al Kremlin para que controle sus actividades. Philip Reiner, CEO del Instituto para la Seguridad y la Tecnología, enfatizó que “cualquier compromiso que la administración Trump tenga para normalizar las relaciones en torno a la ciberseguridad debe tener en cuenta el terrorismo económico en el que Rusia se involucra a través de las bandas de ransomware”.
Si bien públicamente, aliados como el Reino Unido y Canadá han minimizado el problema, reafirmando su compromiso con la cooperación en materia de inteligencia, las preocupaciones subyacentes permanecen. El Reino Unido declaró que no tiene planes de reducir la cooperación, mientras que Canadá enfatizó sus “relaciones de larga data y resilientes” con las agencias estadounidenses. Sin embargo, estas declaraciones se ven con escepticismo dado el contexto más amplio de la situación y las preocupaciones subyacentes sobre las prioridades cambiantes de EE. UU. Israel, si bien inicialmente negó cualquier consideración de reducir la cooperación, no ha proporcionado una respuesta integral a las preocupaciones. La falta de respuesta de Nueva Zelanda y Australia subraya aún más la sensibilidad del tema y la reticencia de los aliados a reconocer públicamente sus preocupaciones. La situación sigue siendo fluida y la medida en que se producirá una interrupción en el intercambio de inteligencia aún está por verse.
Los aliados de EE. UU.—incluidos el Reino Unido, Canadá, Australia, Israel y Arabia Saudita—están considerando reducir el intercambio de inteligencia con Washington debido a preocupaciones sobre el enfoque cada vez más conciliador de la administración Trump hacia Rusia. Esto surge del temor de que relaciones más estrechas entre EE. UU. y Rusia podrían comprometer la seguridad de agentes y activos extranjeros. Si bien no se han tomado decisiones, se están llevando a cabo discusiones sobre protocolos revisados y riesgos potenciales para la seguridad nacional. La medida refleja una reevaluación más amplia de la estructura de la alianza estadounidense, impulsada por la desconfianza hacia Rusia y las preocupaciones sobre posibles cambios en las prioridades políticas de EE. UU., incluido un posible retroceso de las operaciones cibernéticas contra Moscú y la voluntad de compartir información confidencial. El futuro de estas asociaciones críticas depende de la transparencia y una reafirmación de los intereses de seguridad compartidos. Un examen más profundo de los fracasos históricos de la cooperación entre EE. UU. y Rusia es crucial para navegar este panorama geopolítico en evolución.
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