Choque de conchas: Cómo los caracoles marinos evolucionan para sobrevivir a depredadores invasores.

El biólogo evolutivo Geoffrey Trussell ha rastreado la notable adaptación de los caracoles marinos en el Golfo de Maine durante tres décadas, presenciando una rápida respuesta a la llegada de cangrejos verdes invasores. Estos cangrejos, voraces depredadores, han forzado a los caracoles a evolucionar con conchas más gruesas como mecanismo de defensa, mostrando un fascinante ejemplo de cambio evolutivo en acción.

El Golfo de Maine está experimentando una afluencia dramática de especies invasoras, en gran medida debido a las aguas de lastre de los barcos, creando una confluencia de cambios ambientales significativos que están remodelando el ecosistema. El biólogo evolutivo Geoffrey Trussell, junto con su equipo, ha estado rastreando meticulosamente estos cambios durante tres décadas, centrándose en las respuestas evolutivas de dos especies comunes de caracoles marinos, *Nucella lapillus* y *Littorina obtusata*. Este estudio a largo plazo proporciona una ventana única a cómo las especies se adaptan a entornos que cambian rápidamente, particularmente frente a nuevos depredadores.

Entre las especies invasoras más impactantes se encuentran los cangrejos verdes, crustáceos pequeños y de color brillante que han aumentado su presencia hacia el norte desde la costa del Atlántico medio. Estos cangrejos tienen un gusto particular por los caracoles de marea, lo que los convierte en una presión depredadora significativa sobre las poblaciones de caracoles del Golfo de Maine. La investigación de Trussell ha documentado una respuesta evolutiva sorprendente a esta depredación: los caracoles están evolucionando con conchas más gruesas como mecanismo de defensa. Esta observación constituye el núcleo de una reciente publicación en *Science Advances*, coescrita por Trussell y James Corbett, que detalla la adaptación de los caracoles.

Para cuantificar este cambio evolutivo, Trussell y Corbett realizaron dos conjuntos de experimentos de campo, separados por veinte años. El primer estudio, en 1998, coincidió con la llegada inicial de los cangrejos verdes al territorio de los caracoles. El segundo, en 2018, permitió comparar las características de las conchas de los caracoles a lo largo de dos décadas de presencia creciente de los cangrejos. Los resultados fueron claros: las conchas de los caracoles se habían vuelto significativamente más rígidas, lo que indica un endurecimiento de sus defensas contra los ataques de los cangrejos.

Más allá del aumento del grosor de la concha, los investigadores también observaron una disminución de la “plasticidad” adaptativa dentro de las poblaciones de caracoles. La plasticidad, en este contexto, se refiere a la capacidad de un organismo para producir cambios en un rasgo dentro de una sola generación, mejorando sus perspectivas de supervivencia. Inicialmente, los caracoles exhibían una notable capacidad para ajustar el grosor de su concha en respuesta a la amenaza percibida de los cangrejos verdes. Los caracoles criados en agua que contenía “pistas de riesgo” – olores y hormonas asociados con los cangrejos verdes – desarrollaron conchas más gruesas en comparación con aquellos criados sin tales pistas.

El estudio de la década de 1990 reveló una fuerte correlación entre el grosor de la concha y la historia de contacto de los caracoles con los cangrejos verdes. Las poblaciones en las regiones del norte, que habían experimentado una historia de invasión más reciente y variable, exhibieron una mayor plasticidad en el grosor de la concha en comparación con las del sur, que tenían una historia de contacto más prolongada. Este patrón geográfico sugirió que la selección natural había moldeado la plasticidad en sí misma – favoreciendo una mayor flexibilidad en la defensa en áreas con presencia fluctuante de cangrejos, mientras que promovía niveles de defensa más fijos en áreas con exposición prolongada.

Sin embargo, a medida que los cangrejos verdes han continuado avanzando hacia el norte y su presencia se ha vuelto más establecida, este modelo de adaptación a demanda ha comenzado a ceder ante cambios evolutivos más permanentes. Las conchas más gruesas se han convertido en rasgos genéticos fijos, transmitidos de generación en generación. Si bien esta mayor fortificación proporciona una protección mejorada contra los cangrejos, conlleva importantes compensaciones para los caracoles. Estos incluyen una disminución de la masa corporal y una mayor dificultad para desprender sus conchas, un proceso que ya es desafiante en las frías aguas del norte del Golfo de Maine.

La disminución de la masa corporal es un desarrollo particularmente preocupante. Históricamente, los caracoles con conchas más delgadas poseían una mayor masa corporal, lo que permitía una mayor producción de crías. Ahora, con conchas más gruesas y masa corporal reducida, la capacidad reproductiva de los caracoles se ve potencialmente comprometida. Esto tiene consecuencias de gran alcance, no solo para la estructura de las comunidades de caracoles, sino también para el funcionamiento general del ecosistema del Golfo de Maine, ya que los caracoles desempeñan un papel vital en el ciclo de nutrientes y la dinámica de la red alimentaria.

Trussell enfatiza la importancia de la investigación longitudinal, destacando cómo el alcance completo de la interacción entre los cambios ambientales y la evolución de las especies es imposible de comprender sin datos a largo plazo. Revisitar experimentos y poblaciones a lo largo del tiempo permite a los investigadores rastrear los cambios graduales en los rasgos y comprender los procesos complejos que impulsan el cambio evolutivo. El estudio actual sirve como un poderoso ejemplo de este enfoque, demostrando cómo una simple repetición de un experimento anterior, realizado a décadas de distancia, puede revelar información profunda sobre las respuestas adaptativas de las especies a los entornos cambiantes.

De cara al futuro, Trussell y su equipo planean continuar su investigación, realizando otro experimento en 2028 para marcar la tercera década del estudio. Esta investigación continua permitirá monitorear la progresión continua de los cambios evolutivos en las poblaciones de caracoles y refinar aún más su comprensión de la compleja dinámica que da forma al ecosistema del Golfo de Maine. La investigación subraya el valor de los estudios ecológicos persistentes y a largo plazo y su capacidad para iluminar la intrincada relación entre las especies y su entorno.

Los caracoles marinos del Golfo de Maine han desarrollado conchas más gruesas en respuesta a las cangrejos verdes invasores, demostrando una rápida adaptación. Sin embargo, esta fortificación tiene un costo: una disminución de la masa corporal y dificultad para mudar de concha, lo que podría afectar a las poblaciones de caracoles y al ecosistema en general. Este estudio a largo plazo subraya el papel vital de la investigación continua para comprender los complejos cambios evolutivos, recordándonos que incluso los cambios aparentemente pequeños pueden tener consecuencias ecológicas profundas.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *