Un nuevo estudio proyecta un cambio drástico en las muertes relacionadas con la temperatura en Europa, con el calor convirtiéndose en un asesino mucho más significativo que el frío a medida que el clima se calienta. Los investigadores predicen hasta 2,3 millones de muertes relacionadas con el calor para finales de siglo a menos que se implementen reducciones significativas de las emisiones de carbono y medidas de adaptación.
Un nuevo estudio proyecta un cambio drástico en la mortalidad relacionada con la temperatura en Europa, con muertes por calor superando significativamente las muertes por frío para finales del siglo si las tendencias actuales continúan. La investigación, publicada en *Nature Medicine*, utiliza simulaciones climáticas y análisis de tasas de mortalidad en 854 ciudades europeas para predecir un posible aumento de las muertes relacionadas con el calor, particularmente en el sur de Europa. Actualmente, las temperaturas frías son responsables de un mayor número de muertes en Europa, pero se proyecta que esta dinámica se invierta a medida que el clima se calienta.
Los hallazgos del estudio destacan una marcada disparidad geográfica en la vulnerabilidad. Se anticipa que regiones como Italia, el sur de España y Grecia experimentarán aumentos masivos en las tasas de mortalidad por calor debido al calentamiento acelerado, clasificando el Mediterráneo como un “punto caliente climático”. Por el contrario, se espera que áreas en Escandinavia y el Reino Unido vean una disminución en las muertes relacionadas con la temperatura, principalmente debido a la moderación de las temperaturas frías. Sin embargo, incluso bajo escenarios optimistas que involucran reducciones significativas de las emisiones de carbono y medidas de adaptación generalizadas, se proyecta un aumento neto en las muertes relacionadas con la temperatura en general a medida que el mundo continúa calentándose.
El impacto específico varía considerablemente según la ubicación. Malta, situada dentro de este punto caliente climático mediterráneo, enfrenta una proyección particularmente grave, con un posible aumento de 269 muertes relacionadas con la temperatura por cada 100.000 personas para finales del siglo. En contraste, se proyecta que Irlanda experimentará una ligera disminución de 15 muertes por cada 100.000. Esta disparidad refleja la tendencia más amplia de las naciones occidentales europeas más ricas, mejor equipadas para adaptarse, que se desempeñan mejor que sus contrapartes de Europa del Este.
El estudio subraya el potencial de consecuencias catastróficas, estableciendo paralelismos con olas de calor pasadas. La ola de calor europea de 2003, que resultó en aproximadamente 70.000 muertes, sirve como un sombrío recordatorio del potencial de muertes masivas. La investigación sugiere que las grandes ciudades cerca del Mediterráneo, como Barcelona, Roma y Nápoles, podrían ver cientos de miles de muertes adicionales relacionadas con la temperatura si las tendencias actuales persisten. Barcelona, en el peor de los casos, podría experimentar casi un cuarto de millón de muertes adicionales, mientras que Roma y Nápoles podrían acercarse a 150.000.
Para ilustrar la magnitud del posible cambio, el estudio modela un escenario con una contaminación del carbono que empeora ligeramente y sin medidas de adaptación adicionales. Este escenario proyecta más de 5,8 millones de muertes adicionales por calor, compensadas por casi 3,5 millones de muertes por frío que se reducen. Los investigadores han creado un sitio web interactivo que permite a los usuarios ajustar variables y explorar el impacto de diferentes escenarios, proporcionando una herramienta valiosa para comprender las complejidades del cambio climático y su impacto en la salud pública.
Un aspecto crucial del rigor del estudio es su capacidad para aislar el impacto del cambio climático de otros factores, en particular el envejecimiento de la población. Al tener en cuenta este cambio demográfico, los investigadores pudieron proporcionar una evaluación más precisa del impacto directo del aumento de las temperaturas en las tasas de mortalidad. Como señaló Kristie Ebi, científica climática de la Universidad de Washington, esta capacidad de aislar la influencia del cambio climático mejora significativamente el valor y la credibilidad del estudio.
Expertos fuera del equipo de investigación corroboran los hallazgos del estudio y destacan las implicaciones prácticas. La Dra. Courtney Howard, médica de guardia canadiense y vicepresidenta de la Alianza Global de Cambio Climático y Salud, enfatiza la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas a calor extremo. Señala el potencial de estrés por calor y golpe de calor, incluso entre individuos jóvenes y sanos, cuando las temperaturas diurnas alcanzan los 40 grados Celsius (104 a 122 grados Fahrenheit), particularmente para los ancianos o poblaciones vulnerables que carecen de acceso a aire acondicionado.
El estudio subraya la urgente necesidad de medidas de adaptación generalizadas en toda Europa. La prevalencia de viviendas antiguas y la adopción relativamente baja de aire acondicionado en muchos países europeos exigen importantes inversiones en infraestructura e iniciativas de salud pública. Estas medidas podrían incluir la instalación de aire acondicionado central, la creación de más espacios verdes para mitigar el efecto de la isla de calor urbana y el establecimiento de centros de refrigeración para poblaciones vulnerables. Los investigadores sugieren que es menos probable que Norteamérica experimente una tendencia tan pronunciada debido a diferentes patrones climáticos y características de la vivienda.
Finalmente, el estudio reconoce el efecto acumulativo del envejecimiento de la población europea, lo que exacerba aún más la vulnerabilidad a las enfermedades relacionadas con el calor. A medida que la población envejece, la proporción de individuos en mayor riesgo por temperaturas extremas aumenta, lo que amplifica el potencial de tasas de mortalidad aumentadas. Este factor demográfico subraya la necesidad de intervenciones específicas para proteger a los ancianos y a otros grupos vulnerables de los impactos del cambio climático.
A menos que se tomen medidas drásticas para reducir las emisiones y adaptarse al aumento de las temperaturas, Europa se enfrenta a una proyección alarmante de 2,3 millones de muertes relacionadas con el calor para finales de siglo, con regiones del Mediterráneo como Italia, España y Grecia soportando el mayor impacto. Abordar esta inminente crisis exige una inversión urgente en estrategias de resiliencia climática y un cambio fundamental hacia prácticas sostenibles para salvaguardar a las poblaciones vulnerables y mitigar el devastador impacto de un mundo en calentamiento.
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