En medio de preocupaciones sobre un posible cambio en el compromiso de seguridad de Estados Unidos bajo una nueva administración Trump, Corea del Sur estaría considerando desarrollar sus propias armas nucleares como un “plan B”. Esto ocurre después de décadas de depender de Estados Unidos para la disuasión nuclear contra Corea del Norte, y señala un posible cambio en la alianza de larga data entre los dos países.
En medio de un panorama geopolítico cambiante marcado por el posible regreso de una administración Trump, Corea del Sur está reevaluando su compromiso de larga data con la desnuclearización, con algunos funcionarios que sugieren un posible “plan B” que involucre el desarrollo de sus propias armas nucleares. Esta reconsideración surge de crecientes preocupaciones sobre la fiabilidad de las garantías de seguridad de EE. UU. frente a una Corea del Norte con armas nucleares y una percepción de falta de claridad con respecto a la postura de la nueva administración. Los recientes comentarios del Ministro de Relaciones Exteriores Cho Tae-yul ante el parlamento surcoreano, informados inicialmente por NK News, señalaron este posible cambio, provocando un debate tanto dentro de Corea del Sur como entre los observadores internacionales.
El núcleo de este posible cambio gira en torno a una incertidumbre percibida sobre el futuro de la alianza entre EE. UU. y Corea del Sur. Si bien Corea del Sur históricamente se ha abstenido de buscar armas nucleares, adhiriéndose a un marco de no proliferación liderado por EE. UU., la posibilidad ahora se está discutiendo abiertamente debido a las preocupaciones de que la administración Trump podría no cumplir consistentemente su compromiso de defender a Corea del Sur, incluso potencialmente a través de la disuasión nuclear, contra la agresión norcoreana. La declaración conjunta del Secretario de Estado Marco Rubio con Cho y el diplomático de más alto rango de Japón, destinada a reafirmar la asociación “inquebrantable”, parece ser un intento de tranquilizar a Corea del Sur, pero las ansiedades subyacentes persisten. El cambio en la retórica, desde el llamado de la administración Biden a la “desnuclearización de toda la península coreana” hasta el enfoque de la administración Trump únicamente en la “desnuclearización de Corea del Norte”, subraya aún más esta divergencia percibida en el enfoque y contribuye a la inquietud en Seúl.
A pesar de la creciente discusión, los expertos advierten contra la interpretación de los comentarios de Cho como una decisión inminente de buscar la nuclearización. Victor Cha, un destacado experto en las relaciones Washington-Seúl de la Universidad de Georgetown y el Center for Strategic and International Studies, restó importancia a la significancia, afirmando que es “natural que un funcionario coreano diga que todas las opciones están sobre la mesa en este momento de gran incertidumbre”. Cha enfatizó que una decisión tan trascendental solo se tomaría en respuesta a un “cambio importante en el compromiso de seguridad de EE. UU. con Corea”. También señaló que los funcionarios de Trump “no están en camino” hacia una reducción en el apoyo a la seguridad, lo que sugiere que el nivel actual de compromiso de EE. UU. sigue siendo relativamente estable. Sin embargo, el mero hecho de que la opción se esté considerando públicamente destaca la profundidad de las preocupaciones de Corea del Sur.
La opinión pública en Corea del Sur revela un sorprendente nivel de apoyo al desarrollo de un arsenal nuclear independiente. Según la investigación de Cha, la mayoría de los surcoreanos están a favor del desarrollo de armas nucleares. Este sentimiento contrasta marcadamente con las opiniones de la “élite estratégica” de Seúl, que, en una encuesta de 2024 realizada por Cha y sus colegas antes de las elecciones presidenciales de EE. UU., no mostraron un apoyo comparable. Esta desconexión entre la opinión pública y la opinión de la élite añade otra capa de complejidad al debate, sugiriendo un posible desafío político para cualquier gobierno que considere un cambio de política tan drástico.
El debate sobre la nuclearización en Corea del Sur está intrínsecamente ligado a la política nacional. El apoyo a la creación de armas es notablemente alto entre los miembros del gobernante Partido del Poder Popular conservador. Sin embargo, este partido se enfrenta a una alta probabilidad de perder el poder en las próximas elecciones, particularmente a raíz del controvertido intento del presidente destituido Yoon Suk Yeol de decretar la ley marcial en diciembre. El Partido Democrático de la oposición, en cambio, se opone en gran medida al desarrollo de armas nucleares, creando un panorama político potencialmente volátil donde un cambio de gobierno podría alterar drásticamente la trayectoria del debate. Esta politización complica aún más el proceso de toma de decisiones, ya que cualquier movimiento hacia la nuclearización podría interpretarse como una maniobra partidista.
Si bien la postura específica de la nueva administración Trump sigue siendo poco clara, el embajador de Seúl en EE. UU. ha indicado que las comunicaciones diplomáticas iniciales de la administración han abogado consistentemente por la “desnuclearización de Corea del Norte”. Este enfoque, aunque aparentemente sencillo, difiere del enfoque más amplio de la administración Biden, que llamó consistentemente a la desnuclearización de toda la península coreana. Esta sutil pero significativa diferencia en el mensaje destaca el potencial de un cambio en la política de EE. UU. y contribuye a la creciente sensación de incertidumbre en Seúl. La falta de comentarios inmediatos del Departamento del Tesoro, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional amplifica aún más esta sensación de ambigüedad.
Ante las preocupaciones sobre un panorama de seguridad menos predecible bajo una posible segunda administración Trump, Corea del Sur está considerando desarrollar armas nucleares como “plan B”, aunque las autoridades consideran que la discusión es prematura. A pesar de que los expertos minimizan su importancia inmediata, el apoyo público y de sectores conservadores a la nuclearización está creciendo, en contraste con las opiniones de la élite estratégica de Seúl y el partido de la oposición. Si bien la postura de la nueva administración estadounidense es incierta, Seúl enfatiza su enfoque en la desnuclearización de Corea del Norte. Es fundamental analizar la evolución de las relaciones entre EE. UU. y sus aliados ante los cambios geopolíticos para comprender el futuro de la seguridad regional.
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