Esta semana, Pluralistic explora la saga en curso de la explotación tecnológica, destacando la naturaleza insidiosa de la “enshittificación” y examinando las recientes revelaciones sobre las prácticas de las grandes tecnológicas. Profundiza en las implicaciones de estas tendencias y ofrece posibles estrategias para recuperar el control sobre nuestras vidas digitales.
El argumento central de este extenso despacho de Pluralistic.net de Cory Doctorow gira en torno al fenómeno generalizado y cada vez más perjudicial de la “enshittification”, un término acuñado para describir el ciclo de vida predecible de las plataformas en línea. El artículo detalla meticulosamente cómo las plataformas inicialmente atraen a los usuarios con contenido y servicios de calidad, luego explotan a esos usuarios al priorizar la maximización de las ganancias, lo que en última instancia conduce a una experiencia de usuario degradada y una sensación de declive ineludible. Esto no es una ocurrencia aleatoria; Doctorow argumenta que es un problema sistémico enraizado en los incentivos económicos integrados en el modelo de negocio de las plataformas.
La fase inicial, a menudo caracterizada por la innovación y la creación de valor genuino, está impulsada por la necesidad de atraer a una masa crítica de usuarios. Las plataformas compiten para ofrecer contenido atractivo, herramientas útiles y comunidades atractivas. Este período a menudo implica subsidios y pérdidas, ya que la prioridad es el crecimiento en lugar de la rentabilidad inmediata. Por ejemplo, las primeras plataformas de redes sociales como Facebook invirtieron fuertemente en infraestructura y funciones para atraer usuarios, a menudo operando con pérdidas. Esta fase inicial es crucial para establecer un efecto de red, donde el valor de la plataforma aumenta a medida que se unen más usuarios. Sin embargo, esta fase es inherentemente inestable, ya que la economía subyacente de atraer y retener usuarios a menudo es insostenible a largo plazo.
La transición a la explotación comienza cuando la plataforma logra una posición dominante en el mercado. Con una base de usuarios grande y leal, el enfoque principal de la plataforma pasa de atraer nuevos usuarios a extraer valor de los existentes. Esto a menudo se manifiesta como publicidad cada vez más agresiva, recopilación de datos y la priorización de contenido que maximiza la participación, incluso si es de baja calidad o perjudicial. El artículo destaca cómo las plataformas comenzaron a priorizar algoritmos diseñados para maximizar el “tiempo en la plataforma” en lugar de ofrecer contenido genuinamente útil o enriquecedor. Este cambio está impulsado por la constatación de que los ingresos por publicidad están directamente correlacionados con la participación del usuario, lo que crea un poderoso incentivo para priorizar las métricas sobre la calidad. El cambio de un enfoque en la experiencia del usuario a la maximización de los ingresos por publicidad es un factor clave de la enshittification.
Doctorow proporciona ejemplos concretos de este proceso en varias plataformas. Detalla cómo Twitter (ahora X) ha pasado de ser una plataforma para compartir mensajes cortos a una dominada por contenido amplificado algorítmicamente y estrategias de monetización cada vez más agresivas. El cambio a un modelo de suscripción, junto con la erosión de la moderación de contenido y la amplificación de contenido divisivo, ejemplifica el descenso de la plataforma hacia la enshittification. De manera similar, señala el declive de YouTube, donde los creadores luchan por ganarse la vida a pesar de producir contenido valioso, mientras que la plataforma prioriza las recomendaciones algorítmicas que a menudo favorecen videos de baja calidad diseñados para maximizar los ingresos por publicidad. El cambio en el algoritmo de recomendación de YouTube para priorizar los videos de formato corto, incluso si carecen de sustancia, es una clara ilustración de esta tendencia.
Las consecuencias de la enshittification se extienden más allá de la experiencia del usuario. El artículo argumenta que socava el ecosistema creativo, desincentiva la creación de contenido de calidad y concentra el poder en manos de unas pocas plataformas dominantes. Los creadores se ven obligados a someterse a los algoritmos de la plataforma, obligados a adaptar su contenido para maximizar la visibilidad, incluso si compromete su integridad artística. Esta dinámica sofoca la innovación y conduce a una homogeneización del contenido. El artículo enfatiza la vulnerabilidad de los creadores independientes que carecen de los recursos para navegar por las complejidades de los algoritmos de las plataformas y competir con contenido producido profesionalmente.
Un elemento clave del análisis de Doctorow es el papel de los efectos de red en la perpetuación de la enshittification. Una vez que una plataforma logra una posición dominante, es difícil para los usuarios cambiar a alternativas, incluso si esas alternativas ofrecen una mejor experiencia. Esto se debe a que el valor de una plataforma está determinado en gran medida por la cantidad de otros usuarios que la utilizan. La “falacia del costo hundido” – la tendencia a seguir invirtiendo en algo simplemente porque ya has invertido una cantidad significativa de tiempo o dinero – refuerza aún más este bloqueo. La dificultad de migrar datos y conexiones sociales a plataformas alternativas es una barrera importante para la salida.
El artículo no se centra únicamente en el problema; explora posibles soluciones. Doctorow aboga por una serie de intervenciones, desde medidas regulatorias hasta alternativas tecnológicas. Propone políticas que promoverían la interoperabilidad, lo que permitiría a los usuarios migrar fácilmente sus datos y conexiones sociales entre plataformas. También defiende el desarrollo de plataformas descentralizadas, que no están controladas por una sola entidad y son menos susceptibles a los incentivos que impulsan la enshittification. El concepto de “redes sociales federadas”, como Mastodon, que permite a los usuarios unirse a diferentes servidores que están interconectados, se presenta como un modelo potencial para una internet más descentralizada y controlada por el usuario.
La discusión sobre la interoperabilidad es particularmente importante. Doctorow argumenta que obligar a las plataformas a permitir que los usuarios migren fácilmente sus datos y conexiones sociales reduciría significativamente el poder de las plataformas dominantes y crearía un mercado más competitivo. Esto incentivaría a las plataformas a ofrecer mejores servicios y tratar a sus usuarios de manera más justa. La Ley de Mercados Digitales (DMA) de la Unión Europea, que tiene como objetivo frenar las prácticas anticompetitivas de las grandes plataformas en línea, se cita como un paso positivo en esta dirección.
El artículo también explora el potencial de modelos económicos alternativos para las plataformas en línea. Sugiere que las plataformas podrían explorar modelos de suscripción, sistemas de patrocinio o estructuras de propiedad cooperativa, lo que alinearía los incentivos de la plataforma con los intereses de sus usuarios. El auge de las “plataformas propiedad de los creadores” – plataformas donde los creadores conservan la propiedad de su contenido y reciben una mayor parte de los ingresos – se presenta como una alternativa prometedora al modelo de plataforma tradicional.
La sección final enfatiza la necesidad de una acción colectiva para abordar el problema de la enshittification. Doctorow argumenta que los usuarios, los creadores y los responsables políticos deben trabajar juntos para exigir más responsabilidad a las plataformas en línea y crear un ecosistema digital más equitativo y sostenible. Pide un cambio de mentalidad, de aceptar pasivamente el statu quo a dar forma activamente al futuro de Internet. El artículo concluye con una sensación de urgencia, advirtiendo que, si no se controla, la enshittification continuará erosionando la calidad de las experiencias en línea y socavando los cimientos de una Internet libre y abierta. El llamado a la acción es claro: el momento de reclamar el control del panorama digital es ahora.
Resistir, reconstruir y reclamar nuestras vidas digitales.
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