Se cree ampliamente que los bosques más antiguos almacenan más carbono. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Michigan desafía esta suposición, revelando que factores como la estructura del bosque, las comunidades de árboles y hongos, y los procesos del suelo tienen una mayor influencia en el almacenamiento de carbono que la simple edad del bosque. La investigación, basada en décadas de datos de la Estación Biológica de la Universidad de Michigan en Michigan, ofrece una comprensión más matizada del ciclo del carbono en los bosques.
Un nuevo estudio desafía la suposición de larga data de que la edad del bosque es el principal impulsor del almacenamiento de carbono. Investigadores de la Estación Biológica de la Universidad de Michigan, sintetizando décadas de datos, descubrieron que la interacción de la estructura forestal, la composición de las comunidades de árboles y hongos, y los procesos biogeoquímicos del suelo ejercen una influencia más significativa en la captura de carbono que el tiempo solo. Este hallazgo, publicado en la revista Ecological Applications, involucró el esfuerzo colaborativo de más de 100 científicos y analizó datos de diversas masas forestales establecidas entre el siglo XIX y las últimas décadas, incluidas áreas de crecimiento antiguo, previamente taladas y quemadas.
Luke Nave, profesor asociado de investigación en la Universidad Tecnológica de Michigan y autor principal, enfatiza esta conclusión clave: “El tiempo no es lo que impulsa el ciclo del carbono. El tiempo es más bien un campo de juego, y las reglas del juego en ese campo son cosas como la estructura del dosel, la composición de la comunidad de árboles y microbios, y la disponibilidad de nitrógeno en el suelo”. Esta perspectiva cambia el enfoque de un modelo basado en la edad simple a una comprensión más compleja de la dinámica del ecosistema. Los cambios en estos factores estructurales, composicionales y del suelo, ya sean rápidos o graduales, y ya sean influenciados por la gestión o los procesos naturales, son los verdaderos determinantes de cómo los bosques acumulan y almacenan carbono.
La base de este extenso estudio radica en la gran cantidad de datos a largo plazo recopilados en la Estación Biológica de la U-M en el norte de Michigan. Esto incluye información recopilada de infraestructura de investigación como la torre AmeriFlux de 150 pies, parte de una red que mide los intercambios de ecosistemas entre la tierra y la atmósfera. UMBS, una de las estaciones de investigación de campo de operación continua más antiguas y grandes del país, proporciona datos valiosos a largo plazo sobre la dinámica del carbono forestal de dos torres cerca del lago Douglas. La investigación abarcó una amplia gama de conjuntos de datos dentro de las huellas de las torres y en toda la propiedad, examinando todo, desde la respiración del suelo y las comunidades de hongos hasta la caída de hojarasca y las actividades enzimáticas del suelo.
Jason Tallant, gerente de datos y especialista en investigación en UMBS y coautor, destaca la importancia de esta síntesis de datos: “Es emocionante ver los resultados de este estudio. Fue mucho trabajo y muchos años en proceso”. Además, señala la importancia de los esfuerzos de curación y digitalización de datos en UMBS, que permitieron al equipo de investigación aprovechar los conjuntos de datos históricos junto con la información de captura de carbono en tiempo real. Este enfoque integral proporcionó una imagen más clara de los procesos que ocurren dentro de estos bosques y ofrece información valiosa para futuras estrategias de gestión.
Las implicaciones de esta investigación se extienden a la forma en que abordamos la gestión forestal. El estudio sugiere que la gestión forestal eficaz es mucho más intrincada que simplemente gestionar por edad. En cambio, implica la manipulación deliberada o indirecta de la estructura forestal, tanto por encima como por debajo del suelo, y la composición de las comunidades de plantas y microbios. Además, comprender e influir en las relaciones entre estos componentes del ecosistema, incluidos sus resultados funcionales y biogeoquímicos, es crucial para optimizar el almacenamiento de carbono.
Nave subraya la creciente complejidad de la gestión forestal frente a los rápidos cambios ambientales: “Con las tasas de cambio que estamos viendo ahora en cosas como el clima, la salud y las perturbaciones de los bosques, y la composición de las especies arbóreas, la gestión tendrá que lidiar con más desafíos y limitaciones todo el tiempo. Lo que era cierto hace una o dos décadas no puede asumirse como verdad en este momento”. Proporciona un ejemplo convincente de los Burn Plots en UMBS, donde una quema de 1998 resultó en un próspero rodal joven de álamo temblón, mientras que una quema de 2017 experimentó una falla en la regeneración. Este marcado contraste, a pesar de una diferencia de solo 19 años, ilustra la rapidez con que las condiciones pueden cambiar e impactar la recuperación del bosque y la dinámica del carbono. Los investigadores y administradores que adoptan una perspectiva holística de todo el ecosistema, como se demuestra en este estudio, están mejor equipados para comprender los cambios recientes y desarrollar prácticas de gestión forestal sostenibles.
Esta investigación innovadora fue posible gracias al apoyo de varias instituciones clave, incluida la National Science Foundation, la Oficina de Ciencias del Departamento de Energía de EE. UU. y el Programa de Investigación y Desarrollo Dirigido por el Laboratorio del Laboratorio Nacional Oak Ridge. La naturaleza colaborativa del estudio se evidencia aún más por la participación de investigadores afiliados a casi una docena de instituciones, incluyendo Michigan Tech, U-M, Virginia Commonwealth University, Oak Ridge National Laboratory, USDA Forest Service, Ohio State University, University of Connecticut, Purdue University, University of Texas y University of Wisconsin.
Contrario a la creencia popular, la edad del bosque no es el principal factor que determina el almacenamiento de carbono. La estructura forestal, la composición de las comunidades de árboles y hongos, y los procesos biogeoquímicos del suelo son más importantes. Este estudio, basado en décadas de datos de la Estación Biológica de la U-M, subraya la necesidad de un enfoque holístico y basado en el ecosistema para la gestión forestal, especialmente ante los rápidos cambios en el clima, la salud de los bosques y la composición de las especies. Comprender estas complejas interacciones es crucial para la sostenibilidad de los bosques en un mundo en rápida evolución.
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