En medio de crecientes preocupaciones en Washington, funcionarios estadounidenses instan a sus aliados europeos a continuar comprando armas de fabricación estadounidense, mientras la Unión Europea se mueve para fortalecer su industria de defensa nacional. Este cambio es impulsado por una nueva iniciativa de la UE llamada ReArm Europe, que tiene como objetivo financiar proyectos de defensa a través de préstamos gubernamentales y potencialmente limitar el acceso a empresas no pertenecientes a la UE, incluidas las empresas de defensa estadounidenses. La medida sigue a una historia de inquietud europea con respecto a la fiabilidad de Estados Unidos como socio de defensa, particularmente durante la administración Trump.
Funcionarios estadounidenses están instando activamente a sus aliados europeos a mantener sus compras de armas fabricadas en Estados Unidos. Este impulso se produce en medio de una creciente aprensión en Washington con respecto a las nuevas iniciativas de la Unión Europea que podrían restringir el acceso de las empresas de defensa estadounidenses al mercado europeo. Cinco fuentes con conocimiento de la situación han confirmado esta preocupación a Reuters, destacando la creciente tensión en torno a la adquisición de defensa al otro lado del Atlántico.
Un punto clave de controversia es la reciente iniciativa de defensa de la Comisión Europea, denominada ReArm Europe, que se dio a conocer a mediados de marzo. Este ambicioso plan incluye propuestas para pedir prestados unos sustanciales 150.000 millones de euros para financiar proyectos de defensa a través de préstamos gubernamentales. Una fuente indicó específicamente que Washington alberga preocupaciones sobre ReArm y la posible exclusión de Estados Unidos de esta importante iniciativa. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha declarado públicamente que el objetivo principal del programa es empoderar a Europa para que se rearme y proporcionar un apoyo crucial a Ucrania en su lucha en curso y existencial contra la agresión rusa.
El momento de este mensaje estadounidense está directamente relacionado con la estrategia más amplia de la UE para fortalecer su industria de defensa nacional. Las propuestas actualmente en consideración, si se implementan por completo, tienen el potencial de limitar significativamente la participación de empresas no pertenecientes a la UE en las licitaciones de defensa europeas. Esto afectaría particularmente a las empresas de Estados Unidos y el Reino Unido, lo que suscita preocupación en Washington por el acceso justo y la competencia dentro del mercado de defensa europeo.
Añadiendo otra capa de complejidad a la situación están los efectos persistentes de las primeras decisiones de política exterior tomadas por la administración de Donald Trump. Acciones como una reducción a corto plazo de la ayuda militar a Ucrania y una postura percibida más suave hacia Moscú inquietaron profundamente a los aliados europeos. Estas acciones suscitaron importantes interrogantes entre las naciones europeas sobre la fiabilidad y el compromiso a largo plazo de Estados Unidos como socio de defensa, lo que contribuyó al actual impulso europeo por una mayor autonomía estratégica.
En consecuencia, a medida que la UE busca reducir su dependencia militar de Washington, un deseo particularmente amplificado durante la presidencia de Trump, la Comisión Europea ha estado proponiendo activamente un aumento del gasto militar y abogando por una mayor coordinación de la adquisición de defensa en todo el bloque. Este cambio estratégico tiene como objetivo mejorar las propias capacidades de defensa de Europa y reducir su dependencia de socios externos, incluido Estados Unidos.
Subrayando aún más la posición estadounidense, el 25 de marzo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, transmitió, según se informa, el deseo de Washington de seguir participando activamente en la adquisición de defensa europea durante una reunión con los ministros de Asuntos Exteriores de Lituania, Letonia y Estonia. Según dos fuentes, Rubio emitió una advertencia de que la exclusión de las empresas estadounidenses de las licitaciones europeas sería vista negativamente por Washington. Esta declaración sirvió como una crítica implícita a las normas de adquisición propuestas por la UE, lo que indica la desaprobación estadounidense de las posibles barreras para las empresas de defensa estadounidenses.
Este sentimiento fue secundado por un diplomático nórdico, quien, aunque no estuvo presente en la reunión báltica, confirmó que los funcionarios estadounidenses han comunicado recientemente sus preocupaciones a sus homólogos europeos. Este diplomático declaró que cualquier exclusión de las compras de armas de la UE se consideraría inapropiada, reforzando el mensaje de que Washington espera un acceso continuo al mercado de defensa europeo.
Según un alto funcionario del Departamento de Estado, la administración Trump acoge con satisfacción las crecientes contribuciones de defensa de Europa y su disposición a asumir una mayor responsabilidad por su propia seguridad. Sin embargo, el funcionario también enfatizó que la administración se opone firmemente a cualquier nueva barrera que excluya efectivamente a las empresas estadounidenses de participar en proyectos de defensa de la UE. Esto destaca una posición estadounidense matizada que apoya los esfuerzos de defensa europeos, pero insiste en mantener el acceso al mercado para las empresas estadounidenses.
Si bien los ministerios de Asuntos Exteriores de Letonia y Estonia no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre el asunto, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Lituania se negó a proporcionar una declaración. Esta falta de comentarios públicos de algunas de las partes involucradas subraya la sensibilidad y la naturaleza continua de estas discusiones en torno a la adquisición de defensa y la cooperación en defensa transatlántica.
Estados Unidos expresa creciente preocupación por la iniciativa de la UE “ReArm Europe” y propuestas similares para fortalecer la industria de defensa europea, temiendo que estas medidas excluyan a las empresas estadounidenses de la adquisición de armas en Europa. Si bien Washington celebra que Europa asuma mayor responsabilidad en su propia seguridad, se opone a cualquier barrera que limite la participación estadounidense, mensaje transmitido directamente a las naciones bálticas y reiterado por altos funcionarios del Departamento de Estado. Esta tensión pone de relieve un posible cambio en la dinámica transatlántica de defensa y plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación en materia de seguridad entre Estados Unidos y la UE.
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