Comprender las señales sociales puede ser un desafío para las personas con autismo, lo que a menudo conduce a malentendidos y aislamiento social. Un estudio reciente dirigido por la Universidad Rutgers sugiere que los movimientos faciales sutiles y microscópicos, a menudo demasiado leves para ser detectados a simple vista, son clave para comprender y reconocer mejor las emociones en individuos autistas.
Un estudio innovador liderado por investigadores de la Universidad Rutgers–New Brunswick arroja luz sobre un aspecto previamente pasado por alto de la comunicación social en individuos autistas: la importancia de los movimientos faciales microscópicos. Esta investigación, publicada en Frontiers in Psychiatry, desafía la noción de que los individuos autistas expresan emociones de manera diferente o con menos frecuencia que los individuos neurotípicos. En cambio, sugiere que la intensidad de sus expresiones faciales puede ser simplemente demasiado sutil para que el ojo humano la perciba, lo que lleva a posibles malentendidos y señales sociales perdidas. Como explica la Dra. Elizabeth Torres, profesora de psicología e investigadora principal, “Los individuos autistas usan los mismos movimientos faciales básicos para expresar emociones, pero su intensidad a menudo se encuentra fuera del rango culturalmente familiar que la mayoría de las personas reconocen”. Esta sutil diferencia en la intensidad, en lugar de una diferencia fundamental en la expresión, parece ser un factor clave en la brecha de comunicación.
Además, el estudio destaca los desafíos particulares que enfrentan los individuos en el espectro autista que no hablan o que requieren un apoyo significativo para el movimiento. Sus expresiones faciales pueden ser aún más impredecibles y variadas, lo que dificulta aún más que los cuidadores y los profesionales médicos interpreten con precisión sus estados emocionales. Esto, lamentablemente, puede llevar a la suposición errónea de que estos individuos no están intentando comunicarse en absoluto. Sin embargo, como enfatiza la Dra. Torres, neurocientífica computacional con amplia experiencia trabajando con individuos con autismo, “Sus emociones y señales sociales están ahí, simplemente no hemos podido verlas correctamente”. Esta investigación ofrece un paso crucial para cerrar esta brecha y fomentar una mejor comprensión.
Para abordar este desafío de detectar movimientos faciales sutiles, el equipo de investigación del Laboratorio de Integración Sensoriomotora de Rutgers desarrolló un nuevo tipo de datos llamado picos de micromovimiento. Este método innovador utiliza técnicas estadísticas desarrolladas por la Dra. Torres y métodos de dinámica no lineal desarrollados por el asociado postdoctoral Theodoros Bermperidis para capturar movimientos faciales microscópicos que suelen ser invisibles a simple vista. Al grabar videos cortos de cinco a seis segundos utilizando tecnología disponible como teléfonos inteligentes o tabletas, los investigadores pudieron analizar estos movimientos mínimos. El objetivo, según la Dra. Torres, era “descubrir lo que realmente estaba sucediendo debajo de la superficie cuando las expresiones pasan desapercibidas”.
El estudio involucró un proceso integral de recopilación de datos, guiado por una aplicación especialmente desarrollada. Los participantes fueron guiados a través de cuatro etapas: practicar la captura de video, grabar una cara en reposo, sonreír y poner una cara de sorpresa. Los datos se recopilaron en diversos entornos, incluidas escuelas, gimnasios de terapia y eventos sociales, y algunos participantes incluso enviaron videos desde sus hogares, lo que demuestra la escalabilidad y accesibilidad del método. Este enfoque permitió la recopilación de un conjunto de datos rico que refleja las condiciones del mundo real.
El análisis de datos de 126 participantes, incluidos 55 individuos que no hablan y se comunican escribiendo, reveló información significativa. Si bien se observaron diferencias en los micro-movimientos faciales entre individuos autistas y neurotípicos, que variaban según la edad y el sexo, el hallazgo crucial fue que los músculos faciales responsables de la expresión emocional estaban activos en ambos grupos. Esto refuerza la idea de que la diferencia no radica en la capacidad de expresar emociones, sino en la intensidad de esa expresión. Como reitera la Dra. Torres, “El desafío no es la falta de expresión, sino que su intensidad se encuentra fuera de lo que los individuos neurotípicos están acostumbrados a percibir”. Esta diferencia fundamental en el rango perceptual contribuye directamente al fenómeno de “perder las señales sociales del otro”.
Las implicaciones de esta investigación son de gran alcance, y van más allá de la simple identificación de diferencias. La Dra. Torres, que también es la directora científica de NeuroInversa LLC, una empresa derivada de Rutgers centrada en el uso de la tecnología para monitorear la efectividad del tratamiento, ve este estudio como una herramienta poderosa para expandir los estudios sobre el autismo. Ella afirma: “Ahora, podemos trabajar para cerrar la brecha, ayudando a los individuos neurotípicos a reconocer diferentes expresiones de emoción y fomentando una mejor comprensión social”. Esta investigación desafía las ideas erróneas comunes sobre el autismo e introduce un método escalable para obtener una comprensión más profunda de las interacciones sociales en individuos autistas.
En última instancia, los hallazgos de este estudio tienen el potencial de conducir a la mejora de los métodos de diagnóstico y al desarrollo de nuevas estrategias para apoyar la comunicación entre individuos autistas y no autistas. Al aprovechar herramientas accesibles como las cámaras de teléfonos inteligentes impulsadas por IA, esta investigación allana el camino para una investigación sobre el autismo más inclusiva y del mundo real. Los coautores del estudio, incluidos Theodoros Bermperidis, Richa Rai, Joe Vero y Neel Drain, contribuyeron significativamente a este importante trabajo, que fue generosamente financiado por la Fundación Familiar Nancy Lurie Marks. Esta investigación representa un paso significativo en nuestra comprensión de la comunicación social en el autismo y ofrece esperanza para fomentar una mayor conexión y comprensión.
Este estudio liderado por Rutgers revela que las personas autistas utilizan los mismos músculos faciales que las personas neurotípicas para expresar emociones, pero con intensidades variables a menudo imperceptibles a simple vista. Utilizando “picos de micromovimientos” capturados mediante videos de teléfonos inteligentes, los investigadores encontraron una desconexión en el reconocimiento de señales sociales, lo que podría conducir a malentendidos y aislamiento. Esta investigación ofrece un método escalable para mejorar el diagnóstico, el apoyo a la comunicación y una comprensión más profunda del autismo, en última instancia, cerrando la brecha entre las personas autistas y neurotípicas. Abrazar los avances tecnológicos para fomentar la conexión genuina y la inclusión es clave.
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