Nuestras capacidades cognitivas, como la memoria de trabajo y la atención, fluctúan con factores del estilo de vida como la actividad física, la dieta y el sueño. Si bien estas relaciones están bien establecidas, aún se desconoce si nuestras habilidades metacognitivas —el uso estratégico y la optimización de los recursos cognitivos— también varían con estos factores. Este estudio investiga esta pregunta en adultos jóvenes sanos, examinando si los comportamientos del estilo de vida predicen el estado metacognitivo autoinformado.
Nuestras capacidades cognitivas, como la memoria de trabajo y la atención, fluctúan con el tiempo, influenciadas por factores como los niveles de actividad física, las elecciones dietéticas y los patrones de sueño. Sin embargo, existe una brecha crítica en nuestra comprensión: si nuestras capacidades metacognitivas, los procesos que utilizamos para monitorear y controlar estratégicamente nuestros recursos cognitivos, se ven afectadas de manera similar por estos comportamientos clave del estilo de vida (LSB). Este estudio tuvo como objetivo cerrar esta brecha investigando la relación entre la actividad física, la dieta y los patrones de sueño y el estado metacognitivo autoinformado en adultos jóvenes sanos.
Para abordar esto, adultos jóvenes sanos participaron en un estudio que involucró encuestas validadas que evaluaron sus LSB durante la última semana a un mes, junto con tres medidas de metacognición. Utilizando regresión múltiple y análisis factorial exploratorio, los investigadores identificaron cuatro grupos distintos de procesos metacognitivos que parecen ser sensibles a los comportamientos del estilo de vida. Los hallazgos revelaron asociaciones específicas: el conocimiento y la regulación fuera de línea de la cognición se relacionaron con la actividad física, la regulación cognitiva en línea se relacionó con la dieta y la preocupación metacognitiva se asoció con los hábitos de sueño. Estos resultados sugieren que los LSB impactan no solo el funcionamiento cognitivo objetivo, sino también los procesos de nivel superior que empleamos para monitorear nuestro rendimiento cognitivo y gestionar estratégicamente nuestros recursos cognitivos.
Los hallazgos del estudio desafían la noción de que la cognición en individuos jóvenes y sanos no está significativamente influenciada por los LSB. A pesar de estar en un período de salud y rendimiento de desarrollo máximo, los resultados indican que el funcionamiento cognitivo de los adultos jóvenes, específicamente sus habilidades metacognitivas, puede verse mejorado o deteriorado por sus elecciones de estilo de vida. Esto tiene implicaciones significativas, lo que sugiere que la trayectoria de desarrollo de la función cognitiva puede modificarse incluso durante este período aparentemente estable. Además, destaca que los cambios en el estado cognitivo debido a los LSB pueden ser capturados más fácilmente por las medidas de metacognición que por las evaluaciones cognitivas tradicionales específicas del proceso.
Una pregunta clave que surge de estos hallazgos es por qué la metacognición podría ser más susceptible a la influencia de los LSB en comparación con otros índices de cognición. Los investigadores proponen una distinción entre los procesos cognitivos fundamentales y los sistemas que despliegan y aprovechan estratégicamente estos procesos para satisfacer las demandas cognitivas específicas. Se sugiere que, si bien la función mecanicista de los procesos cognitivos puede permanecer relativamente estable en los adultos jóvenes a pesar de las variaciones en los LSB, la variabilidad del estilo de vida puede tener un impacto más pronunciado y medible en cómo se utilizan y despliegan estos recursos cognitivos. Esta perspectiva postula que los LSB también deberían influir en las medidas subjetivas de la función cognitiva, y que la metacognición podría servir como un mediador importante en la relación entre los LSB y el rendimiento cognitivo objetivo.
El estudio reveló además que las distintas funciones metacognitivas están asociadas de manera diferente con los LSB específicos. La actividad física se relacionó con el conocimiento y la regulación fuera de línea de la cognición, mientras que la preocupación metacognitiva se asoció con los hábitos de sueño, y la regulación cognitiva en línea se relacionó con la dieta. Esto sugiere que, al controlar entre sí, la actividad física, la dieta y el sueño contribuyen de forma única al funcionamiento de diferentes procesos metacognitivos. Esto se alinea con los hallazgos relacionados con el funcionamiento cognitivo objetivo, donde los diferentes LSB tienen efectos específicos de la función en lugar de efectos generales del dominio. Si bien las razones subyacentes de estas asociaciones específicas requieren una mayor investigación, los investigadores sugieren que las funciones metacognitivas pueden ser sensibles a los diferentes mecanismos neurológicos a través de los cuales los LSB interactúan con el cerebro. Esto refuerza la comprensión de la metacognición como un conjunto de funciones que pueden ser dirigidas de forma independiente por intervenciones de comportamiento de salud.
Las implicaciones de estos hallazgos se extienden a los mensajes de salud pública dirigidos a los adultos jóvenes. Es crucial enfatizar la importancia de la metacognición y la cognición en general, y cómo los LSB pueden impactar positivamente su rendimiento. Promover hábitos saludables en la edad adulta joven es vital para la salud física y psicológica a largo plazo. Además, reconocer la relación simbiótica entre la metacognición y los LSB, donde los LSB predicen el funcionamiento metacognitivo y la metacognición predice la participación en comportamientos de salud, permite el desarrollo de campañas de salud pública que destaquen esta relación bidireccional, fomentando potencialmente la formación de hábitos saludables de por vida.
A pesar de los valiosos conocimientos, el estudio tiene limitaciones que informan las direcciones de investigación futuras. El diseño correlacional impide inferir causalidad; es posible que las variables cognitivas influyan en la participación en los LSB. Se necesitan diseños experimentales para determinar la naturaleza causal de estas relaciones. Además, la dependencia de variables autoinformadas introduce posibles sesgos, aunque se utilizaron medidas validadas. Los estudios futuros podrían incorporar métodos de autoinforme más intensivos, evaluaciones asistidas por dispositivos o pruebas de comportamiento para complementar los datos de autoinforme y proporcionar una comprensión más completa de estas construcciones complejas. Finalmente, los procedimientos de muestreo y las diferencias observadas en los LSB entre las muestras del estudio, aunque mitigadas por el análisis de datos, resaltan la importancia de considerar las diferencias iniciales en investigaciones futuras.
Los hábitos de vida (actividad física, dieta y sueño) influyen en las funciones metacognitivas en adultos jóvenes, impactando el conocimiento, la regulación y la preocupación relacionados con los procesos cognitivos. Estos hallazgos resaltan la importancia de promover hábitos saludables no solo para la función cognitiva, sino también para las habilidades metacognitivas esenciales para el pensamiento estratégico y la autorregulación. Investigaciones futuras que exploren las conexiones causales y las posibles intervenciones para cultivar estas relaciones podrían abrir nuevas vías para optimizar el bienestar cognitivo a lo largo de la vida.
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