Los geólogos han teorizado durante mucho tiempo sobre cómo se formó la primera corteza terrestre, creyendo que requería el movimiento de las placas tectónicas. Sin embargo, un nuevo estudio desafía esta suposición, sugiriendo que la corteza terrestre más temprana, conocida como protocorteza, era sorprendentemente similar en composición a la corteza que tenemos hoy. Este hallazgo podría revolucionar nuestra comprensión de cómo la Tierra pasó de un estado fundido al planeta con placas tectónicas en movimiento que conocemos ahora.
Los geólogos han mantenido durante mucho tiempo suposiciones sobre la formación de la corteza terrestre más temprana, teorizando una diferencia significativa entre esta superficie inicial y la capa de roca sólida que vemos hoy. Sin embargo, un nuevo estudio desafía esta sabiduría convencional, sugiriendo una sorprendente similitud entre la protocorteza inicial del planeta y su estado actual. Este hallazgo exige una potencial reevaluación de la transición de una superficie de magma fundido al sistema dinámico de placas tectónicas que define la geología de nuestro planeta.
Un elemento clave para comprender esta formación temprana de la corteza ha sido la búsqueda de una huella química específica: la falta del elemento niobio. Esta deficiencia se asocia típicamente con las zonas de subducción, donde una placa tectónica se desliza por debajo de otra. La teoría predominante postulaba que a medida que se forma magma en estas zonas, el niobio se pierde, quedando atrapado más profundamente dentro de la Tierra. Por lo tanto, se creía que la presencia de bajos niveles de niobio en el registro geológico marcaba el punto en el que las placas continentales emergieron y comenzaron a interactuar a través de la colisión.
Sin embargo, esta hipótesis, que sugiere una distinta composición temprana de la corteza, ha sido objeto de escrutinio en el pasado. La nueva investigación adopta un enfoque novedoso al emplear modelos matemáticos para reconstruir la composición de la primera cubierta de roca dura de la Tierra, que data de aproximadamente 4 a 4.5 mil millones de años durante el eón Hadeano. Estos modelos revelaron una idea crucial: el niobio habría sido atraído hacia el núcleo de la Tierra durante este período formativo, un proceso que no requería la presencia de tectónica de placas.
Esta modelización sugiere un escenario fundamentalmente diferente para la formación de la corteza continental. En lugar de ser un desarrollo posterior, la creación de la corteza continental puede haber sido una parte integral del proceso original de formación de capas de la Tierra. Esta idea se ve respaldada además por el comportamiento de otros elementos siderófilos, elementos atraídos por el hierro, dentro del modelo. A medida que el núcleo de la Tierra tomaba forma, estos elementos, incluido el propio hierro, habrían sido atraídos hacia él. El geoquímico Simon Turner de la Universidad Macquarie destaca esta conexión, afirmando: “Me di cuenta de que podría haber una conexión entre la formación temprana del núcleo, los altos patrones de elementos siderófilos y la infame anomalía negativa de niobio observada en la corteza continental”.
A lo largo de los milenios posteriores, parece que la corteza continental ha conservado en gran medida esta firma química inicial. Parece haber sido menos impactada por el intenso bombardeo de meteoritos que alteró significativamente la composición del manto terrestre, un evento que concluyó hace unos 3.8 mil millones de años. Esta resistencia de la composición temprana de la corteza fortalece aún más los hallazgos del estudio y el vínculo propuesto entre la formación del núcleo y la anomalía del niobio.
Si bien sin duda se requiere una mayor investigación, este estudio ofrece una perspectiva alternativa convincente sobre cómo la Tierra se desarrolló inicialmente en el planeta que reconocemos hoy. También abre nuevas vías para considerar cómo podrían formarse los continentes en otros planetas rocosos del universo. Como enfatiza Turner, “Este descubrimiento cambia por completo nuestra comprensión de los primeros procesos geológicos de la Tierra”. Y añade: “También nos da una nueva forma de pensar en cómo podrían formarse los continentes en otros planetas rocosos del Universo”. Esta investigación, publicada en la revista Nature, proporciona posibles respuestas a algunas de las preguntas más desconcertantes de la historia geológica, alterando fundamentalmente nuestra comprensión de la evolución planetaria.
Este estudio refuta la creencia de que la primera corteza terrestre se formó por tectónica de placas, mostrando que su composición química, en particular la ausencia de niobio, era sorprendentemente similar a los continentes actuales. Modelos matemáticos sugieren que esta firma se originó durante la formación temprana de la Tierra, relacionada con el núcleo, implicando que la formación de la corteza continental podría haber sido parte integral del proceso de estratificación terrestre. Este hallazgo exige una reevaluación de los procesos geológicos tempranos y ofrece información sobre cómo podrían formarse los continentes en otros planetas, instándonos a reconsiderar cómo nuestra comprensión de la evolución planetaria podría requerir una actualización cósmica.
Leave a Reply