La infidelidad en la era digital ha evolucionado, dando lugar a la aparición del “microcheating” —comportamientos sutiles como la interacción excesiva en redes sociales o la mensajería secreta que pueden difuminar los límites de una relación. Este artículo explora qué es el microcheating, si es un problema significativo y cómo las parejas pueden navegar este fenómeno cada vez más común.
El microengaño, un término contemporáneo para el traspaso sutil de límites en las relaciones, ha ganado prominencia en la era digital. Abarca comportamientos como la interacción excesiva en redes sociales con alguien fuera de la relación principal, el envío de mensajes directos o el aumento de la comunicación en plataformas como Slack. Si bien estas acciones pueden parecer insignificantes para la persona que las realiza, pueden ser percibidas como una forma de infidelidad por parte de la pareja, ya que pueden fomentar un vínculo construido sobre pequeñas interacciones aparentemente inocentes, como dar “me gusta” a fotos o enviar emojis de corazón. Este concepto, aunque no es del todo nuevo, se ha vuelto más frecuente con el auge del trabajo remoto y el aumento de la comunicación digital, creando más oportunidades para estas transgresiones sutiles.
El auge del trabajo remoto ha contribuido significativamente al aumento de la prevalencia del microengaño. Como señala el terapeuta William Schroeder, “La gente tiene más relaciones digitales, por lo que de alguna manera crea más espacio para eso”. El entorno de trabajo desde casa, en particular, facilita el microengaño porque presenta un entorno de “muy bajo riesgo” para participar en estos comportamientos. Las líneas entre las interacciones personales y profesionales pueden difuminarse en un espacio de trabajo digital, lo que facilita la participación en interacciones sutiles, potencialmente problemáticas, con colegas sin el escrutinio inmediato que podría existir en una oficina física.
Definir el microengaño puede ser algo fluido, pero generalmente se refiere a cualquier comportamiento, aparte de una aventura física o emocional en toda regla, que uno siente la necesidad de ocultar a su pareja. La psicóloga australiana Melanie Schilling es la que popularizó el término. Más allá de las interacciones encubiertas en las redes sociales, el microengaño también puede manifestarse en escenarios del mundo real, como quedarse en el dispensador de agua para hablar con un compañero de trabajo, compartir detalles íntimos sobre la propia relación con otra persona o incluso vestirse específicamente cuando se sabe que se va a encontrar a una persona en particular. Como señala la psicóloga Abby Medcalf, si bien la etiqueta es nueva, el concepto subyacente de traspasar los límites de la relación no lo es. Sin embargo, observa que en los últimos años, la mayoría de los casos de microengaño que encuentra con sus pacientes implican mensajes de texto o mensajes en redes sociales, lo que destaca el cambio digital en estos comportamientos.
La importancia del microengaño es subjetiva y depende en gran medida de la dinámica y las preferencias individuales de la relación. En una era en la que las normas de las relaciones están evolucionando y conceptos como la poliamoría se discuten más abiertamente, acciones como dar “me gusta” o comentar una foto pueden parecer inofensivas. Medcalf reconoce que muchas parejas no se preocupan por tales comportamientos, y enfatiza que las personas a las que *sí* les molestan no deben sentirse invalidadas. Ella afirma: “No hay un bien y un mal en las relaciones. Se reduce a las preferencias”. El problema clave surge cuando estas interacciones sutiles desvían la energía y la atención de la relación principal.
Medcalf ofrece una definición clara, aunque desafiante, de cuándo estas acciones cruzan la línea hacia el “engaño”: “Es engaño si a tu pareja no le gusta, o no lo sabe, o no le gustaría si lo supiera”. Esto resalta la importancia de la transparencia y el acuerdo mutuo sobre los límites de la relación. También advierte contra recurrir al espionaje, que considera un síntoma de falta de confianza dentro de la relación. En lugar de centrarse en descubrir acciones específicas, aconseja a las personas que consideren cómo se sienten con el comportamiento de su pareja: “Todo lo que quieres saber es, ¿cómo te trata tu pareja? ¿Te sientes el número uno?”.
Abordar el microengaño requiere una comunicación abierta y honesta dentro de la relación. Schroeder enfatiza que cada relación tiene límites explícitos e implícitos, y la era digital ha expandido significativamente la “zona gris”. Subraya la importancia de discutir las expectativas, particularmente para las parejas que se conocieron en línea. Definir qué significa “exclusivo” en el contexto de las interacciones digitales, como si incluye continuar conversaciones en aplicaciones de citas o buscar a otros en las redes sociales, es crucial.
El momento ideal para discutir estos posibles problemas es de forma proactiva, antes de que surja un problema, aunque Schroeder reconoce la dificultad de saber con precisión cuándo y cómo iniciar tales conversaciones. Utiliza la analogía de conducir, sugiriendo que no piensas en poner gasolina hasta que el tanque está bajo. Sin embargo, un cambio en el comportamiento de la pareja, como una mayor discreción con su teléfono o controles más frecuentes de las redes sociales, puede servir como señal de advertencia. Al abordar estos cambios, Schroeder aconseja no utilizar un lenguaje acusatorio. En cambio, sugiere expresar preocupación al afirmar que has notado su mayor participación con su teléfono y que te preocupa porque no estás seguro de su significado. Este enfoque fomenta una “curiosidad” que es más propicia para una conversación productiva.
El microengaño puede derivarse de varias razones subyacentes, pero a menudo está impulsado por el deseo de recuperar la emoción y la “chispa” asociada con una nueva relación. Schroeder señala que algunas personas que participan en estos comportamientos secretos nunca escalan a formas más serias de infidelidad. Sin embargo, reconocer estos comportamientos en uno mismo puede ser una valiosa oportunidad para la autorreflexión y la comprensión. Es importante destacar que el microengaño no indica necesariamente el fin de una relación. Schroeder considera estos casos como posibles “crisis para reconstruir”, que ofrecen a las parejas la oportunidad de comprender las razones subyacentes del comportamiento y fortalecer su vínculo.
El microengaño, que incluye comportamientos sutiles como la interacción excesiva en redes sociales, es una preocupación creciente en la era digital, a menudo motivada por el deseo de conexión. Aunque no siempre se considera infidelidad, se vuelve problemático cuando resta energía a la relación principal o se oculta. La comunicación abierta sobre los límites y la exclusividad es crucial, y abordar el microengaño puede ser una oportunidad para el crecimiento y la reconstrucción de la confianza. Considera esto como una oportunidad para examinar tus propias necesidades y discutir proactivamente las expectativas con tu pareja.
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