Niños de Colorado cerca de pozos petroleros: mayor riesgo de leucemia

Un nuevo estudio ha encontrado una relación entre la leucemia infantil y la proximidad a los sitios de pozos de petróleo y gas en Colorado. Dirigida por la Dra. Lisa McKenzie, la investigación examinó datos de 2002 a 2019, un período de intenso desarrollo de petróleo y gas en el estado, y sugiere que las regulaciones actuales podrían no proteger adecuadamente a los niños de los riesgos potenciales para la salud asociados con estas instalaciones.

Un estudio reciente, encabezado por la Dra. Lisa McKenzie de la Escuela de Salud Pública de Colorado, ha planteado importantes preocupaciones con respecto al posible vínculo entre la proximidad a los sitios de pozos de petróleo y gas y el diagnóstico de un tipo específico de cáncer infantil. La investigación, financiada por la Sociedad Americana del Cáncer y publicada en la revista *Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention*, concluyó que los niños en Colorado diagnosticados con leucemia linfoblástica aguda (LLA), un cáncer que afecta la sangre y la médula ósea, eran más propensos a residir cerca de estos sitios industriales en comparación con los niños sin la enfermedad. Este hallazgo desafía directamente la adecuación de las regulaciones actuales diseñadas para proteger a las poblaciones vulnerables.

El estudio se centró específicamente en niños de 2 a 9 años que vivían dentro de un radio de 13 kilómetros (aproximadamente 8 millas) de los sitios de pozos de petróleo y gas entre 2002 y 2019. Este período de tiempo es particularmente relevante ya que coincidió con un período de “intensa actividad de petróleo y gas aguas arriba” en Colorado, marcado por la perforación de más de 35,000 pozos entre 2003 y 2016. Este aumento de la actividad fue impulsado por la adopción de “actividad de perforación no convencional”, incluyendo la fracturación hidráulica y las tecnologías de perforación direccional, que expandieron significativamente la huella de la industria. En consecuencia, los autores señalaron que un número sustancial de personas, que supera las 378,000, ahora viven a tan solo 1.6 kilómetros (aproximadamente 1 milla) de al menos un pozo de petróleo y gas, lo que aumenta la posibilidad de exposición a las emisiones asociadas.

Para llevar a cabo su análisis, los investigadores utilizaron datos del Registro Central de Cáncer de Colorado, gestionado por el Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de Colorado (CDPHE). El personal del CDPHE identificó a 451 niños de 2 a 9 años con diagnósticos confirmados de leucemia linfoblástica aguda (LLA). La LLA se caracteriza por la sobreproducción de linfocitos en la médula ósea, lo que conduce a una deficiencia de células sanguíneas sanas. Crucialmente, estos niños no tenían antecedentes previos de cáncer o tratamiento. Para establecer un grupo de control para la comparación, el personal del CDPHE seleccionó aleatoriamente a seis individuos sin diagnóstico de LLA por cada caso, lo que sumó un total de 2,706 controles. Estos controles fueron cuidadosamente emparejados con los casos de LLA en función del mes y año de nacimiento y la etnia, con el objetivo de aislar los posibles factores de riesgo que podrían explicar los diferentes resultados de salud.

Más allá de simplemente medir la distancia, los investigadores también incorporaron la intensidad de las emisiones generadas en los sitios de los pozos durante varias etapas de operación, incluyendo la construcción, la perforación, la finalización y la producción. Esta información detallada, combinada con la distancia de las casas de las personas a los sitios, proporcionó una imagen más completa de los posibles impactos en la salud asociados con la actividad del petróleo y el gas. Al considerar tanto la proximidad como el nivel de actividad industrial, el estudio pretendía ir más allá de una simple correlación y explorar la posible relación dosis-respuesta entre la exposición y los resultados de salud.

La justificación para centrarse en el desarrollo de petróleo y gas como un posible riesgo de cáncer se deriva de la comprensión de que estas operaciones “emiten continuamente” contaminantes del aire conocidos por inducir el desarrollo de leucemia. McKenzie y sus colegas destacaron que, entre estos contaminantes, el benceno químico es “el más documentado” en su vínculo con el cáncer. Estudios anteriores citados por los autores han demostrado un aumento sustancial en el “exceso de riesgo de cáncer de por vida” cuanto más cerca viven las personas de las instalaciones de producción de petróleo y gas, con el benceno contribuyendo con “más del 95% de la estimación del riesgo”. Esta investigación previa proporciona una base sólida para investigar el posible papel de las emisiones de petróleo y gas en el desarrollo de leucemia infantil.

El hallazgo central del estudio es convincente: los niños diagnosticados con LLA entre 2002 y 2019 tenían entre 1.4 y 2.64 veces más probabilidades de residir a menos de 13 kilómetros de un sitio de pozo en comparación con sus contrapartes sin cáncer. McKenzie y sus colegas afirmaron explícitamente: “Nuestros resultados indican un mayor riesgo de LLA hasta 13 kilómetros del sitio de pozo de O&G más cercano y proporcionan evidencia clara de que la intensidad de la actividad y la densidad de los sitios de pozos alrededor de la residencia de nacimiento, además de la distancia al pozo de O&G más cercano, afectan la carga del riesgo de LLA”. Además, enfatizaron que los niños que viven a una proximidad más cercana, específicamente a menos de 5 kilómetros (3.1 millas) de estos sitios, parecen correr el mayor riesgo de desarrollar LLA.

A pesar de estos hallazgos significativos, McKenzie y sus colegas tuvieron cuidado de enfatizar que su estudio apunta a la necesidad de una mayor investigación sobre los posibles riesgos de cáncer que plantean las instalaciones de producción de petróleo y gas. Se abstuvieron explícitamente de afirmar definitivamente que la exposición a contaminantes químicos de estos sitios fue la causa directa de la LLA de los niños. Como explicó McKenzie en una historia de Colorado Public Radio (CPR), “No tenemos los datos para decir realmente, por ejemplo, a cuánto benceno estuvo expuesto cada uno de estos niños”. Agregó: “Solo estamos observando la densidad general del desarrollo de petróleo y gas, por lo que no sabemos específicamente qué es lo que podría estar causando la leucemia infantil”. Esto resalta la complejidad de establecer un vínculo causal directo y la necesidad de datos de exposición más específicos.

No obstante, los investigadores concluyeron que la evidencia presentada en su estudio sugiere fuertemente que los requisitos actuales de retroceso de Colorado entre las residencias y los sitios activos de petróleo y gas, actualmente establecidos en 2,000 pies, pueden no ser suficientes para proteger adecuadamente la salud de los niños que viven en estas áreas. Su conclusión escrita refuerza este punto: “Estos resultados indican que los retrocesos regulatorios actuales entre los sitios de pozos de O&G y las residencias pueden no ser suficientes para proteger la salud de los niños que viven en áreas de actividades de O&G aguas arriba”. Esta recomendación para revisar las regulaciones de retroceso es una implicación política directa que se deriva de su investigación, lo que subraya las posibles consecuencias para la salud pública de las prácticas actuales.

Un estudio reciente en Colorado halló que niños con leucemia linfoblástica aguda (LLA) tenían mayor probabilidad de vivir cerca de pozos de petróleo y gas, sugiriendo que los requisitos actuales de separación de 2,000 pies podrían ser insuficientes para proteger la salud infantil. Si bien el estudio no prueba una conexión causal definitiva con contaminantes químicos como el benceno, destaca la necesidad urgente de más investigación y una reevaluación de las regulaciones para salvaguardar a las poblaciones vulnerables.

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