Los bioplásticos, a menudo fabricados con materiales de origen vegetal como el almidón de maíz y promocionados como una alternativa sostenible a los plásticos tradicionales derivados del petróleo, son cada vez más comunes en los productos cotidianos. Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que estos plásticos biodegradables podrían no ser tan seguros como se creía, y potencialmente plantean riesgos para la salud similares a los de sus contrapartes convencionales.
Los bioplásticos a base de almidón, a menudo promocionados como una alternativa sostenible a los plásticos derivados del petróleo, pueden plantear riesgos para la salud similares, según una nueva investigación revisada por pares. Este hallazgo desafía la creencia generalizada de que estos materiales de origen vegetal son inherentemente más seguros y más respetuosos con el medio ambiente.
El estudio destaca que los bioplásticos, a pesar de derivarse de fuentes renovables como el almidón de maíz, el almidón de arroz o el azúcar, pueden ser tan tóxicos como sus contrapartes a base de petróleo. Esto es particularmente preocupante dada la creciente utilización de bioplásticos en varios productos de consumo, incluyendo ropa de moda rápida, toallitas húmedas, pajitas y cubiertos.
La investigación, realizada en ratones, reveló una serie de efectos adversos para la salud asociados con la exposición a largo plazo a los bioplásticos. Estos efectos incluyeron daño a órganos, alteraciones en el metabolismo, desequilibrios en la microbiota intestinal que pueden conducir a enfermedades cardiovasculares y cambios en los niveles de glucosa. Los autores del estudio enfatizan que su investigación es la primera en confirmar estos efectos adversos tras una exposición prolongada.
Yongfeng Deng, coautor del estudio, declaró en un comunicado a los medios que “los plásticos biodegradables a base de almidón pueden no ser tan seguros y promotores de la salud como se suponía originalmente”. Esta declaración subraya la necesidad de una reevaluación del perfil de seguridad de los bioplásticos, especialmente considerando la posibilidad de ingestión accidental, particularmente por niños o animales.
La toxicidad del plástico, en general, es una preocupación significativa. El plástico puede contener más de 16.000 productos químicos diferentes, muchos de los cuales son conocidos por ser peligrosos para la salud humana o el medio ambiente. Los plastificantes comunes, como los ftalatos y el bisfenol, se encuentran entre las sustancias hechas por el hombre más tóxicas y se han relacionado con varios problemas de salud, incluyendo cáncer y alteración hormonal.
Si bien los bioplásticos se han promocionado como una alternativa más segura, investigaciones anteriores ya han planteado preocupaciones sobre su biodegradabilidad. Algunos estudios sugieren que los bioplásticos no se descomponen tan rápido como afirma la industria, lo que significa que pueden persistir en el medio ambiente durante períodos prolongados, lo que podría conducir a una exposición a largo plazo.
A pesar de las crecientes preocupaciones, la producción y el uso de bioplásticos han ido aumentando rápidamente. Se utilizaron casi 2,5 millones de toneladas métricas el año pasado, y las estimaciones de la industria predicen que esta cifra se duplicará con creces en los próximos cinco años. Este rápido crecimiento subraya la urgencia de comprender los posibles impactos para la salud y el medio ambiente de estos materiales.
Al igual que los plásticos derivados del petróleo, los bioplásticos pueden desprenderse y descomponerse en micro-bioplásticos. La ropa, por ejemplo, puede desprender microplásticos durante el lavado, que luego pueden terminar en fuentes de alimentos y agua. Esta presencia generalizada de microplásticos en el medio ambiente plantea preocupaciones sobre la posibilidad de una exposición generalizada y los riesgos para la salud asociados.
En el nuevo estudio, los investigadores alimentaron a varios grupos de ratones con alimentos y agua contaminados con niveles de bioplásticos relevantes para el medio ambiente durante tres meses. Un grupo de control recibió alimentos y agua sin bioplásticos. Los investigadores descubrieron que los ratones expuestos a bioplásticos experimentaron muchos de los mismos problemas de salud que los expuestos a plásticos derivados del petróleo.
Los productos químicos de los bioplásticos se encontraron en los tejidos de los ratones, específicamente en sus hígados, ovarios e intestinos, donde causaron microlesiones. Además, los investigadores observaron anomalías en los hígados y ovarios, y la gravedad de estos efectos aumentó con niveles más altos de exposición a bioplásticos. El material también afectó las vías genéticas y causó desequilibrios específicos en la microbiota intestinal, lo que, según los investigadores, podría alterar los ritmos circadianos.
Los autores del estudio reconocen que se necesita más investigación para comprender completamente los efectos a largo plazo de los bioplásticos en la salud. Sin embargo, sus hallazgos plantean serias preguntas sobre la seguridad de estos materiales, que son cada vez más frecuentes en la vida cotidiana. La investigación destaca la necesidad de un enfoque cauteloso para la adopción generalizada de bioplásticos y enfatiza la importancia de una mayor investigación sobre sus riesgos potenciales.
Algunos activistas e investigadores sugieren tomar medidas para reducir la exposición a todo tipo de plástico, incluidos los bioplásticos, en artículos cotidianos como utensilios de cocina y ropa. Sin embargo, reconocen que evitar por completo el plástico en la vida diaria puede ser un desafío. Esto subraya la necesidad de un enfoque multifacético que incluya investigación, regulación y concienciación del consumidor para mitigar los riesgos potenciales asociados con el uso del plástico.
Nuevas investigaciones revelan que los bioplásticos a base de almidón, promocionados como alternativa sostenible a los plásticos derivados del petróleo, podrían presentar riesgos para la salud similares, incluyendo daño orgánico, cambios metabólicos y desequilibrios intestinales. A pesar de que los bioplásticos no se degradan tan rápido como se afirma y carecen de suficiente investigación toxicológica, su producción está aumentando rápidamente y, al igual que los plásticos convencionales, liberan microplásticos al medio ambiente. Estos hallazgos exigen una reevaluación crítica de la seguridad de los bioplásticos y resaltan la necesidad urgente de reducir la exposición a plásticos en nuestra vida diaria.
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