Campaña difamatoria de Orbán: Política interna y propaganda anti-Ucrania

El Primer Ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha lanzado una feroz e inédita campaña de desprestigio contra Ucrania, con el objetivo de influir en la opinión pública en contra de la adhesión de Ucrania a la UE. Con un referéndum sobre el tema programado para el 20 de junio, la campaña utiliza propaganda y desinformación para retratar a Ucrania como un refugio para el crimen organizado y una amenaza para la seguridad de Hungría, al tiempo que desacredita a la oposición política dentro de Hungría.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha lanzado una importante campaña de desprestigio contra Ucrania, con el objetivo de influir en la opinión pública en contra de su posible adhesión a la Unión Europea. Esta campaña, caracterizada por su retórica agresiva y a menudo racista, se alimenta principalmente de consideraciones políticas internas.

El mensaje central de la campaña, difundido a través de los medios de comunicación pro-gubernamentales, pinta una imagen profundamente negativa de Ucrania. Los clips de propaganda retratan a Ucrania como un centro de crimen organizado, tráfico de drogas y una amenaza potencial para la seguridad y los sistemas sociales de Hungría. Estos clips presentan imágenes de escenas del crimen, figuras amenazantes y acusaciones de actividad mafiosa ucraniana. La campaña se dirige específicamente a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, retratando a Bruselas como un titiritero que tira de los hilos.

Esta campaña no es simplemente una cuestión de expresar desacuerdo; es una campaña de desprestigio en toda regla. El lenguaje utilizado es agudo y directo, que recuerda a campañas pasadas dirigidas a inmigrantes y a George Soros. La representación de Ucrania como un “centro de tráfico de drogas y crimen organizado en Europa del Este” y como una fuente de “mano de obra barata” es un claro ejemplo de la retórica inflamatoria de la campaña. La afirmación de que la adhesión de Ucrania a la UE conduciría al colapso de la seguridad pública y el sistema de salud de Hungría subraya aún más el tono alarmista de la campaña.

El principal impulsor de esta campaña anti-ucraniana es la precaria situación política dentro de Hungría. Orbán se enfrenta a un creciente descontento entre la población, alimentado por la corrupción y un supuesto desprecio por el estado de derecho. Su principal oponente político, Peter Magyar, líder del partido Respeto y Libertad (Tisza), representa una amenaza significativa para el gobierno de larga data de Orbán.

La popularidad de Magyar ha aumentado, con su partido liderando al partido Fidesz de Orbán en las encuestas. Las próximas elecciones parlamentarias de la próxima primavera podrían conducir a la pérdida de Orbán, lo que podría resultar en investigaciones sobre corrupción y abuso de poder. Este contexto convierte la campaña anti-ucraniana en una medida estratégica para desacreditar a Magyar y a su partido, que no son firmes partidarios de Ucrania.

Orbán anunció inicialmente la campaña anti-ucraniana en marzo, pero la rápida respuesta de Magyar, incluida la recopilación de opiniones sobre la adhesión de Ucrania a la UE, reveló que el 58% de los húngaros apoyaban la candidatura de Ucrania. Este resultado inesperado obligó a Orbán y a su gobierno a cambiar su narrativa.

La respuesta del gobierno implicó acusar a Bruselas de financiar a Ucrania y, junto con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, de “comprar” al partido Tisza para derrocar al “gobierno nacional pro-húngaro de paz”. Esta narrativa tiene como objetivo retratar a Magyar como un títere de fuerzas externas y un partidario de un “partido de guerra pro-ucraniano y anti-nacional”.

Más allá de la política interna, la postura anti-ucraniana de Orbán satisface sus sentimientos revisionistas nostálgicos y los de sus partidarios de extrema derecha. Sueña con reclamar Transcarpatia, una región de Ucrania que históricamente perteneció a Austria-Hungría. Sus discursos a menudo invocan la “unidad de todos los húngaros” mientras se refiere simultáneamente a Ucrania como una “tierra de nadie” o un “área llamada Ucrania”, insinuando una posible fragmentación del territorio ucraniano.

La política exterior de Orbán se alinea con su lealtad al presidente ruso Vladimir Putin y al expresidente estadounidense Donald Trump. Sus buenas relaciones con Putin son particularmente importantes, ya que Hungría está económicamente y financieramente ligada a Rusia.

El artículo destaca la hipocresía del gobierno de Orbán, que retrata a Ucrania como un estado mafioso corrupto mientras protege activamente a los oligarcas rusos con vínculos con el crimen organizado. El gobierno ha intentado eliminar a oligarcas como Alisher Usmanov y Mikhail Fridman de las listas de sanciones de la UE.

Expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que el estado de derecho está más establecido en Ucrania que en Hungría. La OCDE también señala que Ucrania está luchando con éxito contra la corrupción, incluso durante la guerra en curso, mientras que Hungría no muestra pasos visibles en esta dirección.

La campaña anti-Ucrania de Orbán, impulsada por propaganda y miedo, es principalmente una maniobra política interna para desacreditar a su creciente opositor, Peter Magyar, y desviar la atención de la corrupción en su gobierno. Además, satisface sentimientos revisionistas nostálgicos y demuestra lealtad a Putin y Trump, irónicamente protegiendo a oligarcas rusos a pesar de retratar a Ucrania como un estado mafioso. La situación resalta una preocupante tendencia a la manipulación política y la desinformación, subrayando la necesidad de evaluar críticamente la información y vigilar la erosión de los valores democráticos.

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