Una encuesta reciente revela un cambio sorprendente en la opinión pública canadiense sobre las relaciones internacionales. Los canadienses ahora ven su relación con Estados Unidos tan mal como la que tienen con Rusia, mientras que expresan opiniones sorprendentemente positivas sobre los lazos con China y, particularmente, con México. Este sentimiento se atribuye en gran medida al impacto de las políticas y acciones del expresidente estadounidense Donald Trump en la soberanía y la economía de Canadá.
Según una encuesta reciente de Leger, los canadienses expresan una insatisfacción significativa con su relación con Estados Unidos, lo que refleja el sentimiento negativo hacia Rusia. Solo el 16% de los canadienses encuestados creen que Canadá tiene una buena relación con Estados Unidos, una cifra casi idéntica al 15% que siente lo mismo sobre los lazos con Rusia. Esto sugiere un descontento profundamente arraigado con el estado actual de las relaciones con su vecino del sur.
En contraste, la encuesta revela una perspectiva más positiva sobre las relaciones con otras naciones. Un notable 36% de los canadienses perciben una buena relación con Beijing, mientras que un 75% o más, significativamente mayor, mantiene esta opinión sobre los lazos con México, la Unión Europea y el Reino Unido. Estas cifras resaltan la voluntad de interactuar con otros actores globales, particularmente aquellos percibidos como menos problemáticos que Estados Unidos o Rusia.
Jack Jedwab, presidente y director ejecutivo de la Asociación de Estudios Canadienses, atribuye la mala evaluación de la relación con Estados Unidos a las altas expectativas que no se están cumpliendo. Destaca la naturaleza sorprendente de los resultados de la encuesta, señalando que los canadienses evalúan su relación con Estados Unidos tan mal como lo hacen con Rusia, e incluso ven su relación con China de manera más favorable. Este cambio de perspectiva subraya el profundo impacto de los acontecimientos recientes en la opinión pública canadiense.
Jedwab explica además que el sentimiento negativo hacia Estados Unidos está impulsado en gran medida por las acciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien, según Jedwab, amenazó la soberanía y la economía de Canadá. Incluso llega a decir que Trump ha “hecho más para unificar a los canadienses que cualquier líder desde el período posterior a la Confederación”, destacando el efecto unificador de las amenazas externas percibidas. Esta percepción de amenaza ha teñido significativamente las opiniones canadienses sobre Estados Unidos.
La encuesta también revela una dinámica interesante con respecto a México. A pesar de que algunos políticos canadienses, como el primer ministro de Ontario, Doug Ford, intentan distanciar a Canadá de México en cuestiones como el tráfico de fentanilo y la migración, los canadienses todavía perciben fuertes lazos con México. Jedwab sugiere que esto se debe a que los canadienses reconocen desafíos compartidos con México, particularmente en lo que respecta a su relación con Estados Unidos, su aliado más importante.
Además, el artículo destaca el interés de China en forjar una asociación con Canadá. El embajador chino en Canadá, Wang Di, propuso una colaboración para contrarrestar el “acoso” estadounidense y desafiar las reglas comerciales globales. Jedwab ve esto como una oportunidad potencial para reordenar el panorama global, aunque sigue siendo cauteloso sobre la viabilidad de tal asociación. Esta propuesta de China sugiere un interés estratégico en cultivar una relación más fuerte con Canadá, potencialmente como contrapeso a Estados Unidos.
Jedwab enfatiza que los canadienses evalúan sus relaciones con otros países en función de sus expectativas. Para China, la encuesta sugiere que los canadienses pueden anticipar relaciones tensas, pero también ven una oportunidad de mejora, dado el punto bajo al que han llegado las relaciones en los últimos años. Esta perspectiva se ve respaldada además por el hecho de que los encuestados en Alberta y Columbia Británica, provincias muy involucradas en el comercio con China, ven las relaciones con Beijing particularmente negativamente.
El artículo también reconoce el panorama político en Canadá, mencionando las opiniones contrastantes de figuras políticas prominentes. El líder liberal Mark Carney ha descrito a Beijing como “la mayor amenaza para la seguridad de Canadá”, mientras que el líder conservador Pierre Poilievre ha caracterizado constantemente a Beijing como una autocracia que perturba el orden mundial. Estos puntos de vista divergentes demuestran la complejidad del tema y el potencial de futuros debates políticos.
En conclusión, Jedwab argumenta que incluso una relación positiva puede percibirse como mala, dependiendo de las expectativas. Cree que el próximo primer ministro heredará un país que desea una mejor relación con Estados Unidos y que este sentimiento debe canalizarse de manera constructiva. Los resultados de la encuesta, por lo tanto, ofrecen una instantánea de una nación que lucha con su lugar en el mundo, buscando redefinir sus relaciones y navegar por un panorama global complejo.
Los canadienses perciben las relaciones con EE. UU. como sorprendentemente tensas, similares a las que tienen con Rusia, principalmente debido a las acciones de Donald Trump. A la vez, existe una apertura inesperada a mejorar los lazos con China y una fuerte percepción positiva de las relaciones con México, posiblemente influenciada por desafíos compartidos y el deseo de contrarrestar la influencia estadounidense. El próximo gobierno canadiense se enfrenta a una nación que busca una relación más constructiva con EE. UU., lo que exige un enfoque matizado para navegar las complejas dinámicas globales.
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