El cuerpo no olvida: La huella biológica del trauma

Un nuevo estudio revela que el cuerpo puede retener una “huella” biológica de eventos traumáticos mucho después de que las heridas físicas y psicológicas parezcan haber sanado. Los investigadores revisaron datos de sobrevivientes del atentado de Oklahoma City de 1995, el acto de terrorismo doméstico más mortífero en la historia de Estados Unidos, para investigar los efectos biológicos duraderos del trauma.

Un estudio reciente destaca un hallazgo significativo: el cuerpo humano conserva una “impronta” biológica de las experiencias traumáticas mucho después de que las heridas físicas y psicológicas hayan sanado. Esto sugiere que la respuesta del cuerpo al trauma persiste, incluso cuando la mente parece haberse recuperado.

El estudio, liderado por la Universidad de Oklahoma (OU), se centró en los supervivientes del atentado de Oklahoma City de 1995. Este evento, que ocurrió hace casi 30 años, causó la muerte de 168 personas y heridas a cientos más, convirtiéndolo en el acto de terrorismo doméstico más mortífero en la historia de Estados Unidos. Los investigadores pretendían comprender los efectos biológicos a largo plazo de un evento tan devastador.

El equipo de investigación investigó las respuestas biológicas al estrés de 60 supervivientes del atentado de OKC, examinando parámetros fisiológicos y síntomas psicológicos en respuesta a señales de trauma. Siete años después del atentado, se evaluaron las medidas de estrés biológico de estos supervivientes.

El estudio midió los niveles de cortisol, una hormona clave del estrés, y los niveles de dos citocinas: interleucina 1-β (IL-1β) e interleucina 2-R (IL-2R). La IL-1β actúa como una señal de alarma para el sistema inmunológico, iniciando el proceso inflamatorio, mientras que la IL-2R estimula la respuesta inmunitaria, particularmente contra infecciones y cáncer. Estas mediciones se compararon luego con un grupo de control de 23 adultos sanos que no habían experimentado el atentado.

Curiosamente, el estudio reveló algunos hallazgos inesperados. Si bien los síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT) y depresión de los supervivientes no fueron significativamente diferentes de los del grupo de control, sus respuestas biológicas mostraron patrones distintos. Por ejemplo, los niveles de cortisol fueron más bajos en el grupo de supervivientes, lo que sugiere una respuesta al estrés atenuada.

Además, los supervivientes exhibieron una presión arterial más alta pero una frecuencia cardíaca más baja en respuesta a las señales de trauma, lo que indica aún más un estado fisiológico alterado. Los niveles promedio de IL-1β fueron significativamente más altos en los supervivientes en comparación con el grupo de control, mientras que los niveles promedio de IL-2R fueron más bajos.

Según la Dra. Phebe Tucker, autora principal del estudio, “La principal conclusión del estudio es que la mente puede ser resiliente y capaz de dejar las cosas atrás, pero el cuerpo no olvida”. Además, señaló que los niveles elevados de IL-1β, típicamente asociados con enfermedades e inflamación, generaron preocupación por posibles problemas de salud a largo plazo en el grupo de supervivientes, por lo demás sanos.

Los investigadores se sorprendieron por la falta de correlación entre los síntomas psicológicos y los marcadores biológicos. La Dra. Tucker explicó: “Pensamos que habría una correlación entre estos biomarcadores y los síntomas psicológicos de los participantes en la investigación, pero sus puntuaciones de TEPT y depresión no fueron elevadas y no se correlacionaron con los biomarcadores de estrés”. Esto sugiere que la respuesta al estrés del cuerpo puede existir independientemente de las emociones expresadas.

Los hallazgos del estudio son particularmente significativos porque revisitan datos recopilados siete años después del atentado, ofreciendo una perspectiva única sobre el impacto biológico a largo plazo del trauma. Esta investigación subraya la idea de que el trauma deja una huella duradera en el cuerpo, incluso cuando los síntomas psicológicos han disminuido.

Como afirmó la Dra. Rachel Zetti, coautora del estudio, “Básicamente, lo que este artículo muestra es que después de haber experimentado un trauma severo, sus sistemas biológicos pueden no estar ya en una línea de base típica; las cosas han cambiado. No es solo nuestra mente la que recuerda el trauma; nuestros procesos biológicos también lo hacen. Cambia tu ser físico real”.

En conclusión, el estudio de la OU proporciona evidencia convincente de que el cuerpo “recuerda” el trauma a través de cambios biológicos persistentes, incluso después de la recuperación psicológica. Esta investigación destaca la importancia de comprender los efectos fisiológicos a largo plazo del trauma y el potencial de desarrollar intervenciones que aborden estos cambios biológicos para mejorar la salud y el bienestar general de los supervivientes de traumas.

Un nuevo estudio sobre sobrevivientes del atentado de Oklahoma City revela que, incluso después de la curación psicológica, el cuerpo retiene una “huella” biológica del trauma, evidenciada por alteraciones en los niveles de hormonas del estrés, la presión arterial y marcadores inflamatorios elevados. A pesar de bajas puntuaciones de TEPT y depresión, los sobrevivientes mostraron una respuesta al estrés atenuada y cambios biológicos persistentes, lo que sugiere posibles riesgos para la salud a largo plazo. Esta investigación subraya que el impacto del trauma se extiende más allá de la mente, alterando fundamentalmente nuestro ser físico, un recordatorio vital para priorizar el bienestar holístico e investigar más a fondo las consecuencias fisiológicas a largo plazo de los eventos traumáticos.

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