Nuevas investigaciones sugieren que incluso el ejercicio regular podría no ser suficiente para proteger el cerebro. Un nuevo estudio revela que la inactividad prolongada, independientemente de la actividad física, puede provocar la contracción cerebral y el deterioro cognitivo, especialmente en adultos mayores y en aquellos con predisposición genética a la enfermedad de Alzheimer.
Nuevas investigaciones destacan los efectos perjudiciales de estar sentado durante períodos prolongados en la salud cerebral, incluso para las personas que realizan ejercicio regularmente. Este estudio, realizado por investigadores del Centro de Memoria y Alzheimer de la Universidad de Vanderbilt, subraya la importancia del movimiento a lo largo del día para mitigar los riesgos asociados con el comportamiento sedentario.
El estudio rastreó meticulosamente a adultos mayores durante un período de siete años, examinando minuciosamente su tiempo sentado, patrones de movimiento y cambios cerebrales a lo largo del tiempo. Los resultados revelaron una tendencia preocupante: los períodos prolongados de estar sentado se relacionaron con una contracción cerebral más rápida, independientemente de los hábitos de ejercicio. Esto sugiere que simplemente hacer ejercicio por la mañana no contrarresta por completo los impactos negativos de la inactividad prolongada.
Específicamente, la investigación demostró que incluso aquellos que cumplían con los 150 minutos semanales de ejercicio recomendados aún experimentaban contracción cerebral si pasaban demasiado tiempo sentados. Esto resalta la necesidad crítica de priorizar el movimiento a lo largo del día, en lugar de depender únicamente del ejercicio estructurado para mantener la salud cerebral.
Los participantes en el estudio usaron monitores de muñeca para rastrear con precisión sus niveles de actividad, proporcionando datos precisos sobre su tiempo sentado y patrones de movimiento. En promedio, los participantes estuvieron sentados durante la asombrosa cantidad de 13 horas al día. Este extenso tiempo sedentario se correlacionó directamente con una disminución del volumen cerebral, particularmente en regiones asociadas con la memoria y la enfermedad de Alzheimer.
El estudio reveló además que los efectos negativos de estar sentado durante períodos prolongados se amplifican para las personas que portan el gen APOE-ε4, una variante genética que aumenta el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Estas personas experimentaron una pérdida de materia gris más significativa en áreas cerebrales cruciales para la toma de decisiones y la memoria, como los lóbulos frontal y parietal.
En consecuencia, los portadores de APOE-ε4 exhibieron mayores dificultades con las tareas de memoria, luchando por recordar palabras y nombrar objetos rápidamente. Esto subraya la vulnerabilidad de las personas con esta predisposición genética a los efectos perjudiciales de estar sentado durante períodos prolongados en la función cognitiva.
Los mecanismos subyacentes a este fenómeno implican una reducción del flujo sanguíneo al cerebro durante períodos prolongados de estar sentado. Esta disminución del flujo sanguíneo priva al cerebro de oxígeno y nutrientes esenciales, lo que dificulta el mantenimiento de conexiones saludables entre las células cerebrales. Con el tiempo, esto puede provocar la contracción del hipocampo, una región cerebral crítica para la memoria.
Además, estar sentado durante períodos prolongados puede desencadenar una mayor inflamación en el cuerpo, lo que podría dañar las células cerebrales. Para las personas con el gen APOE-ε4, esta inflamación puede exacerbar el daño cerebral, acelerando la progresión del deterioro cognitivo relacionado con la edad.
La naturaleza longitudinal del estudio, que rastreó los cambios cerebrales durante siete años, proporcionó evidencia convincente de la relación entre estar sentado durante períodos prolongados y la contracción cerebral. Los hallazgos fueron consistentes: el aumento del tiempo sentado se correlacionó con una pérdida más rápida del volumen cerebral, particularmente en personas con predisposición genética a la enfermedad de Alzheimer.
Los hallazgos del estudio enfatizan que el ejercicio por sí solo es insuficiente para contrarrestar los efectos negativos de estar sentado durante períodos prolongados. Si bien el ejercicio ofrece numerosos beneficios para la salud, no borra por completo el daño causado por los períodos prolongados de inactividad. Por lo tanto, incorporar movimiento a lo largo del día es crucial para proteger la salud cerebral.
Los investigadores recomiendan interrumpir el tiempo sentado con descansos frecuentes para caminar, estirarse o estar de pie. Estrategias simples, como estar de pie durante las llamadas telefónicas o caminar mientras se leen correos electrónicos, pueden contribuir significativamente a aumentar el movimiento y mejorar la salud cerebral.
La metodología del estudio fue rigurosa, empleando monitores de muñeca para medir con precisión los niveles de actividad en el mundo real, en lugar de depender de datos autoinformados. Además, las resonancias magnéticas proporcionaron información detallada sobre los cambios en el volumen cerebral, centrándose en regiones clave como el hipocampo, el lóbulo frontal y el lóbulo parietal.
Los hallazgos del estudio se extendieron más allá del volumen cerebral, revelando una correlación directa entre estar sentado durante períodos prolongados y un rendimiento de la memoria deteriorado. Los participantes que estuvieron sentados durante períodos más largos obtuvieron peores resultados en las tareas de denominación, luchando por recordar nombres y objetos rápidamente.
Para los portadores de APOE-ε4, el deterioro cognitivo fue aún más pronunciado, con una pérdida más rápida del volumen cerebral y deficiencias de memoria más graves. Los investigadores sugieren que estar sentado durante períodos prolongados acelera los cambios cerebrales relacionados con la edad en personas que ya tienen riesgo genético de enfermedad de Alzheimer.
En conclusión, la investigación subraya la importancia de minimizar el tiempo sentado para proteger la salud cerebral, especialmente en los adultos mayores. Incluso con ejercicio regular, los efectos perjudiciales de la inactividad prolongada persisten. El estudio enfatiza la necesidad de movimiento regular a lo largo del día para mitigar los riesgos asociados con el comportamiento sedentario y promover una función cognitiva óptima.
El estudio, publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia, destaca que el tiempo promedio sentado en el estudio fue de 13 horas diarias, mientras que la mayoría de las personas se sientan durante unas nueve horas al día. Reducir el tiempo sentado puede ayudar a prevenir el daño cerebral. Cada paso que des podría marcar la diferencia.
Estar sentado por periodos prolongados, incluso con ejercicio regular, acelera la contracción cerebral y el deterioro de la memoria, especialmente en personas con el gen APOE-ε4. El estudio subraya la importancia de tomar descansos frecuentes para moverse a lo largo del día para proteger la salud cerebral, enfatizando que un solo entrenamiento no es suficiente para contrarrestar los efectos negativos de la inactividad prolongada. Prioriza el movimiento: tu cerebro te lo agradecerá.
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