Los niños que crecen en vecindarios desfavorecidos, áreas con alta criminalidad, pobreza y recursos limitados, pueden tener un mayor riesgo de depresión. Una nueva investigación de la Universidad de Binghamton sugiere que este riesgo podría estar relacionado con la forma en que sus cerebros responden a las recompensas y las pérdidas, particularmente para los niños con antecedentes familiares de depresión.
Los niños de vecindarios desfavorecidos enfrentan un mayor riesgo de depresión, y un nuevo estudio de la Universidad de Binghamton arroja luz sobre los posibles mecanismos neurológicos detrás de esta conexión. Específicamente, la investigación sugiere que el estrés crónico derivado de factores a nivel de vecindario puede impactar las respuestas cerebrales de los niños a la recompensa y la pérdida, particularmente en aquellos con antecedentes familiares de depresión.
Para empezar, el hallazgo central del estudio revela una respuesta atenuada tanto a la recompensa como a la pérdida en niños que residen en áreas desfavorecidas. Esto se determinó a través de mediciones de electroencefalograma (EEG) tomadas mientras los niños completaban una simple tarea de adivinación que involucraba ganancias y pérdidas monetarias. Los investigadores observaron que los niños de vecindarios más desfavorecidos exhibían una respuesta cerebral menos pronunciada tanto a los resultados positivos como a los negativos. Esta respuesta atenuada, como indica el estudio, puede contribuir a un mayor riesgo de depresión.
Además, el estudio enfatiza el papel crucial de los antecedentes familiares en la moderación del impacto de la desventaja del vecindario. Los investigadores encontraron que la respuesta atenuada a la recompensa y la pérdida fue más pronunciada en los niños que también tenían un padre con antecedentes de trastorno depresivo mayor. Esto sugiere una compleja interacción entre la predisposición genética y los factores estresantes ambientales en la configuración de la vulnerabilidad de un niño a la depresión. Como explica Brandon Gibb, profesor de psicología en la Universidad de Binghamton, “Cuando te sucede algo bueno o malo, tu cerebro responde y podemos medir esa actividad cerebral. Y la forma en que tiendes a responder a que te suceda algo bueno o algo malo puede aumentar tu riesgo de cosas como la depresión”.
Además, el estudio destaca la importancia de los factores estresantes a nivel comunitario para comprender el desarrollo de la depresión en los niños. Investigaciones anteriores a menudo se han centrado en los factores estresantes a nivel individual, como los traumas personales o los conflictos interpersonales. Sin embargo, este estudio, dirigido por Elana Israel, enfatiza el impacto de los factores a nivel comunitario, como las tasas de criminalidad, la desventaja socioeconómica y el acceso a los recursos. Estas características del vecindario, sugiere la investigación, pueden crear un entorno crónicamente estresante que influye en las respuestas cerebrales de los niños.
Además, los investigadores proponen una posible explicación para la respuesta atenuada observada a la recompensa y la pérdida. Sugieren que los niños que crecen en entornos crónicamente estresantes pueden aprender a amortiguar sus reacciones emocionales tanto a los eventos positivos como a los negativos. Este podría ser un mecanismo de afrontamiento, pero también puede reducir la motivación para participar en actividades y experimentar emociones positivas, lo que podría contribuir al desarrollo de la depresión. Gibb profundiza en este punto, afirmando: “Cuando estás crónicamente estresado, podría amortiguar tu reacción a cualquier cosa, ya sea buena o mala. Queremos que los niños sean reactivos cuando suceden cosas buenas. Deberías estar emocionado. Eso es lo que te da la motivación para participar y hacer cosas. Así que eso es lo que creemos que está pasando”.
De cara al futuro, los investigadores están llevando a cabo estudios adicionales para explorar los efectos a largo plazo del cambio de vecindario en la salud mental de los niños. Actualmente están investigando cómo mudarse a un nuevo vecindario impacta las respuestas neuronales de los niños y el riesgo de depresión. Además, el equipo planea expandir su investigación para incluir adolescentes y examinar el impacto de los resultados sociales, como la aceptación y el rechazo de los compañeros, en las respuestas cerebrales.
Finalmente, las implicaciones de esta investigación se extienden más allá del nivel individual, enfatizando la necesidad de abordar las características del vecindario para promover el bienestar mental de los niños. El estudio subraya la importancia de crear comunidades de apoyo que brinden acceso a recursos y reduzcan el estrés crónico. Como concluye Gibb, “Estar en estos contextos puede impactar la salud mental, y estas características del vecindario pueden influir en los niños, incluso si no se ven afectados directamente por ello. Así que también hay implicaciones más amplias, e incluso más razones por las que deberíamos tratar de mejorar nuestras comunidades”. La investigación, publicada en *Research on Child and Adolescent Psychopathology*, ofrece información valiosa sobre la compleja relación entre el entorno, la función cerebral y la salud mental, y destaca la necesidad de intervenciones integrales para apoyar a los niños en riesgo de depresión.
Este estudio revela que niños de vecindarios desfavorecidos, especialmente aquellos con antecedentes familiares de depresión, muestran una menor respuesta cerebral tanto a recompensas como a pérdidas. Esto sugiere que el estrés crónico del vecindario puede atenuar las reacciones emocionales, aumentando potencialmente el riesgo de depresión. Abordar los factores estresantes a nivel comunitario y mejorar las características del vecindario es crucial para proteger el bienestar mental de los niños. Prioricemos la construcción de comunidades más saludables y solidarias para el futuro de nuestros hijos.
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