Las iniciativas urbanas de flores silvestres son cada vez más populares para apoyar a las poblaciones de polinizadores, pero un nuevo estudio revela un riesgo oculto potencial. Los investigadores han descubierto que las flores silvestres que crecen en terrenos previamente utilizados para edificios y fábricas pueden acumular contaminantes metálicos nocivos como plomo y arsénico del suelo, que luego son consumidos por los polinizadores.
Las flores silvestres, a menudo vistas como un beneficio para los entornos urbanos, pueden suponer una amenaza oculta para los polinizadores debido a la contaminación por metales en el suelo. Un nuevo estudio revela que las flores silvestres que crecen en terrenos anteriormente utilizados para edificios y fábricas pueden acumular plomo, arsénico y otros contaminantes metálicos del suelo. Estos metales son luego ingeridos por los polinizadores cuando se alimentan del néctar, lo que podría dañar su salud.
El impacto de estos metales en los polinizadores es significativo. Como destaca el estudio, se ha demostrado previamente que estos metales dañan la salud de los polinizadores, que los ingieren en el néctar cuando se alimentan, lo que lleva a la reducción del tamaño de las poblaciones y a la muerte. Incluso los bajos niveles de metales en el néctar pueden tener efectos a largo plazo, al afectar el aprendizaje y la memoria de las abejas, lo que impacta su capacidad de forrajeo.
La investigación, realizada en Cleveland, Ohio, una ciudad postindustrial con una historia de industria pesada, proporciona ejemplos concretos de este problema. Los investigadores encontraron que plantas comunes, incluyendo el trébol blanco y la correhuela, que son forraje vital para los polinizadores en las ciudades, pueden acumular arsénico, cadmio, cromo y plomo de suelos contaminados. El plomo se encontró consistentemente en las concentraciones más altas, lo que refleja el estado de los suelos en la ciudad.
La fuente de estos contaminantes metálicos es variada y generalizada. La contaminación por metales es un problema en los suelos de las ciudades de todo el mundo, y el nivel de contaminación suele aumentar con la antigüedad de una ciudad. Los metales provienen de una amplia gama de fuentes, incluyendo el polvo de cemento y la minería. Esta contaminación generalizada subraya la necesidad de una cuidadosa consideración antes de plantar flores silvestres en zonas urbanas.
Sin embargo, el estudio no desalienta por completo la plantación de flores silvestres. La Dra. Sarah Scott, autora principal del informe, enfatiza que “Es realmente importante tener flores silvestres como fuente de alimento para las abejas, y nuestros resultados no deberían disuadir a la gente de plantar flores silvestres en pueblos y ciudades”. En cambio, el estudio aboga por un enfoque más informado de la plantación de flores silvestres urbanas.
Para mitigar los riesgos, los investigadores sugieren varias estrategias clave. Primero, los suelos de las ciudades deben ser analizados para detectar metales antes de sembrar flores silvestres. Segundo, si es necesario, las áreas contaminadas deben limpiarse antes de establecer nuevos hábitats de flores silvestres. Además, el estudio destaca la importancia de cultivar las especies de flores silvestres adecuadas para las condiciones del suelo.
La gestión de los hábitats de flores silvestres existentes también es crucial. Los investigadores dicen que es importante gestionar las especies de flores silvestres que se autosembran en terrenos urbanos contaminados, por ejemplo, mediante siegas frecuentes para limitar la floración, lo que reduce la transferencia de metales del suelo a las abejas. Este enfoque tiene como objetivo equilibrar los beneficios de los hábitats de flores silvestres con la necesidad de proteger a los polinizadores de la exposición a los metales.
Los hallazgos del estudio son particularmente relevantes dado el contexto más amplio del declive de los polinizadores. Existe una creciente evidencia de que las poblaciones de polinizadores silvestres han disminuido en más del 50% en los últimos 50 años, causado principalmente por los cambios en el uso y la gestión de la tierra en todo el mundo. El cambio climático y el uso de pesticidas también juegan un papel; en general, la causa principal del declive es la pérdida de hábitat rico en flores.
La importancia de los polinizadores se extiende más allá de su papel ecológico. Los polinizadores juegan un papel vital en la producción de alimentos: muchas plantas, incluyendo la manzana y el tomate, requieren polinización para desarrollar frutos. Se estima que los “servicios de polinización” naturales añaden miles de millones de dólares a la productividad global de los cultivos.
En conclusión, si bien el estudio destaca un riesgo potencial asociado con la plantación de flores silvestres urbanas, también enfatiza la importancia de estos hábitats para los polinizadores. Al crear conciencia sobre la salud del suelo y proporcionar recomendaciones prácticas, la investigación tiene como objetivo promover un enfoque más sostenible para la conservación de los polinizadores urbanos. Como la Dra. Scott afirma acertadamente, “El cambio climático se siente tan abrumador, pero simplemente plantar flores en ciertas áreas puede ayudar a la conservación de los polinizadores, lo cual es una forma realista para que las personas tengan un impacto positivo en el medio ambiente”.
Las iniciativas de flores silvestres urbanas, aunque beneficiosas, deben considerar la contaminación del suelo. La investigación muestra que flores comunes como el trébol blanco y la achicoria acumulan plomo, arsénico y otros metales, lo que representa un riesgo para la salud de los polinizadores. Las pruebas y la remediación del suelo son cruciales antes de plantar, y controlar las especies que se auto-siembran mediante la siega puede ayudar a mitigar la exposición a metales. Prioricemos la salud del suelo junto con la abundancia floral para proteger a nuestras vitales poblaciones de polinizadores.
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