Si bien es ampliamente aceptado que dormir lo suficiente es crucial para la salud, la cantidad ideal de sueño puede variar. Un nuevo estudio explora cómo las duraciones promedio nacionales de sueño se relacionan con los resultados de salud en diferentes países, examinando datos de 14 estudios y encuestas en línea para comprender esta compleja relación.
Los humanos requieren un sueño adecuado para una salud óptima, sin embargo, la duración promedio del sueño varía significativamente entre diferentes países. La relación entre estas duraciones promedio nacionales de sueño y los resultados de salud ha permanecido en gran medida inexplorada.
Para investigar esta compleja relación, Steven Heine y su equipo llevaron a cabo un estudio exhaustivo. Examinaron las medidas de salud a nivel nacional y analizaron datos de 14 estudios, que abarcaron un total de 71 países. Además, incorporaron los resultados de encuestas en línea de 4.933 participantes adultos residentes en 20 países.
Los hallazgos del estudio revelaron un patrón sorprendente. Contrariamente a las expectativas, los países caracterizados por duraciones promedio de sueño relativamente cortas no exhibieron una esperanza de vida más corta ni tasas más altas de enfermedades cardíacas o diabetes. En cambio, estos países demostraron tasas más bajas de obesidad.
Por el contrario, los países con duraciones promedio de sueño más largas no necesariamente presentaron mejores resultados de salud. Esto sugiere que un sueño más largo, en sí mismo, no garantiza una salud superior en todas las poblaciones.
Además, el estudio destacó la variabilidad en las duraciones de sueño autoinformadas entre individuos sanos en diferentes países. Esta observación subraya los diversos patrones de sueño y las normas culturales que existen a nivel mundial.
Curiosamente, la investigación indicó que las personas que dormían más cerca de las duraciones de sueño ideales culturalmente prescritas tendían a informar mejores resultados de salud. Esto sugiere que la alineación entre los hábitos de sueño individuales y las expectativas culturales puede desempeñar un papel importante en el bienestar general.
En conclusión, los autores proponen que las personas poseen necesidades flexibles de duración del sueño. El estudio sugiere que la cantidad de sueño necesaria para satisfacer las necesidades fisiológicas fundamentales se logra de manera diferente en varios países. Esto implica que no existe una duración de sueño universalmente óptima, y el contexto cultural influye significativamente en los patrones de sueño y su impacto en la salud. Por lo tanto, los hallazgos desafían la noción de una única duración de sueño ideal y enfatizan la importancia de considerar los factores culturales al evaluar el sueño y su relación con la salud.
Contrario a lo que se suele pensar, este estudio revela que la duración promedio nacional del sueño no determina universalmente los resultados de salud; en cambio, adaptar los hábitos de sueño a las normas culturales parece ser un factor más importante. Quizás sea hora de reconsiderar las recomendaciones de sueño universales y explorar cómo el contexto cultural moldea nuestras necesidades individuales.
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