Kazajistán ha iniciado recientemente una nueva era para su política agrícola e industrial al aprobar oficialmente el cultivo de cáñamo industrial y lanzar una iniciativa piloto para fomentar una adopción más amplia. Esta medida, impulsada por cambios legislativos que legalizan el cultivo de cáñamo con un límite de THC del 0,3%, refleja el esfuerzo más amplio del país por alinear su economía con las tendencias globales de sostenibilidad y abordar una historia de extensos campos de cannabis silvestre.
Kazajistán se embarca en un nuevo capítulo en su política agrícola e industrial, legalizando oficialmente el cultivo de cáñamo industrial y lanzando una iniciativa piloto para fomentar su adopción generalizada. Esta medida significa un cambio significativo, con el objetivo de estimular la creación de empleo rural, atraer inversión industrial sostenible y fomentar una economía más diversificada y ambientalmente responsable. El compromiso del gobierno es evidente en el proyecto piloto ya en marcha en la región de Kostanay, donde una empresa agrícola ha comenzado a cultivar y procesar cáñamo industrial bajo una licencia recién emitida. Además, se encuentra en fase de planificación un complejo agroindustrial de ciclo completo en la región de Kazajistán del Norte, lo que demuestra el enfoque proactivo del gobierno para integrar el cáñamo en su panorama económico.
Esta reforma se produce después de que el Mazhilis, la cámara baja del parlamento de Kazajistán, aprobara cambios legislativos cruciales. Estos cambios legalizaron el cultivo de cáñamo industrial, estableciendo un límite de THC del 0,3%, un estándar comúnmente observado a nivel mundial. Esta acción legislativa refleja la estrategia más amplia de Kazajistán para agilizar las regulaciones internas y alinear su economía con las tendencias globales de sostenibilidad. El Ministerio de Agricultura enfatizó el potencial del cáñamo industrial, afirmando que puede “impulsar una nueva ola de creación de empleo, diversificación económica y resiliencia ecológica”. El ministerio destacó además el papel del cáñamo como fuente de materia prima renovable, utilizada activamente en diversas industrias, incluidas la agricultura, la medicina y la industria alimentaria, contribuyendo así al desarrollo sostenible y reduciendo la huella ecológica.
Un aspecto crítico de esta iniciativa es la clara distinción entre el cáñamo industrial y la marihuana. Las autoridades han enfatizado que el cáñamo industrial, con su bajo contenido de THC, es fundamentalmente diferente de la marihuana. El viceministro del Interior, Sanzhar Adilov, aclaró que “el cannabis silvestre en el valle de Chüy puede contener más del 15% de THC, mientras que el cáñamo industrial está limitado a solo el 0,1% al 0,3%”. Esta distinción es crucial para evitar confusiones y asegurar que la atención se mantenga en el cultivo y la utilización legales del cáñamo con fines industriales. El gobierno ha establecido una ventana química definida, estableciendo tanto un límite inferior (0,1%) como superior (0,3%) para el THC, diferenciando aún más el cáñamo industrial tanto de la marihuana como de los cultivos que pueden ni siquiera calificar como cáñamo.
La legalización del cáñamo industrial es particularmente significativa considerando el contexto histórico del cultivo de cannabis en Kazajistán. El valle de Chüy, ubicado en la región sureste de Jambyl, ha sido conocido durante mucho tiempo por sus extensos campos de cannabis silvestre, que se estima cubren hasta 400.000 hectáreas. De manera similar, la región sur de Kyzylorda ha sido un foco importante de los esfuerzos de aplicación de la ley de drogas. De hecho, desde 2014, las autoridades han incautado más de 230 toneladas de drogas de cannabis solo en estas dos regiones. Al diferenciar claramente entre el cáñamo industrial con bajo contenido de THC y el cannabis ilícito con alto contenido de THC, el gobierno tiene como objetivo redirigir las zonas históricas de cannabis hacia la producción industrial legítima y ecológica. Las unidades antinarcóticos supervisarán las operaciones de cáñamo para garantizar el cumplimiento, consolidando aún más la separación entre las actividades legales e ilegales.
La legalización del cáñamo industrial abre las puertas a una multitud de nuevos sectores económicos. Estos incluyen textiles, papel, construcción y bioplásticos. El gobierno reconoce el rápido crecimiento del cáñamo, sus bajas necesidades de agua y su cultivo sin pesticidas, lo que lo convierte en un cultivo estratégico para la agricultura regenerativa y los modelos de fabricación circular. El Ministerio de Agricultura ha identificado más de 500 posibles aplicaciones de productos para el cáñamo, que van desde papel y textiles hasta paneles de aislamiento, biocompuestos e incluso pólvora. Por ejemplo, el hempcrete, un material de construcción con carbono negativo, se ha destacado como un excelente ejemplo del potencial del cáñamo en el sector de la construcción verde. Además, la reintroducción de la producción nacional de cáñamo en la industria del papel podría reducir la dependencia de las importaciones, que anteriormente le costaban a Kazajistán más de 100 millones de dólares anuales.
Más allá de los beneficios económicos, la iniciativa también apoya los objetivos ambientales y las estrategias nacionales más amplias para el desarrollo rural y la innovación industrial. El compromiso de Kazajistán con el cultivo de cáñamo no es del todo nuevo. En 2016, la Cámara Nacional de Empresarios propuso el uso de cáñamo para la producción local de papel, y se plantaron cultivos de prueba en cuatro regiones. Aunque ese esfuerzo inicial fracasó debido a la limitada voluntad política, el impulso actual está respaldado por el apoyo institucional y la claridad regulatoria. Figuras de alto nivel han defendido durante mucho tiempo la inclusión del cáñamo en las estrategias nacionales de biodiversidad y desarrollo económico. En 2018, el entonces viceministro de Agricultura, Yerlan Nysanbayev, declaró: “El cáñamo debe ser considerado como una de las plantas del mundo vegetal. No puede ser considerado como una planta negativa. Esta especie debe ser preservada como parte de nuestra cadena ecológica”. La nueva legislación y los programas piloto marcan la primera vez que estas visiones se implementan a una escala coordinada y respaldada por el gobierno, lo que indica un futuro prometedor para el cáñamo industrial en Kazajistán.
Kazajistán ha legalizado oficialmente el cultivo industrial de cáñamo con un límite de THC del 0.3%, iniciando un programa piloto para crear empleos rurales, atraer inversión y diversificar su economía. Este cambio, respaldado por nueva legislación y figuras de alto nivel, busca redirigir zonas históricamente problemáticas de cannabis hacia una producción industrial legítima y ecológica, desbloqueando potencial en sectores como textiles, construcción y bioplásticos. Tras intentos fallidos anteriores, esta iniciativa coordinada y respaldada por el gobierno representa un paso significativo hacia un futuro más verde y resiliente para Kazajistán. Explorar el potencial del hormigón de cáñamo y los modelos de economía circular que permite sería valioso para comprender completamente las implicaciones de este cambio.
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