La Paradoja Marxista: Ideología, Guerras Civiles y el Fin de una Era

En su estudio sobre los conflictos africanos, William Reno observa un cambio dramático durante el período de 35 años entre principios de la década de 1970 y mediados de la década de 2000: En 1972, los partidarios de una lucha de liberación anticolonial en Guinea-Bissau informaron que una delegación de las Naciones Unidas (ONU) pasó siete días en territorio rebelde para conocer la administración que los rebeldes habían construido para proporcionar servicios a la población. Para los partidarios de los rebeldes, este era “el único gobierno responsable ante el pueblo que jamás había tenido”. Una persona transportada repentinamente desde esa “zona liberada” tres décadas y media hacia el futuro se llevaría una sorpresa.

La observación de William Reno sobre un cambio dramático en los conflictos africanos entre la década de 1970 y el 2000 resalta una transformación clave en el comportamiento de los grupos rebeldes. En la década de 1970, los rebeldes en Guinea-Bissau, por ejemplo, construían administraciones para proporcionar servicios, lo que reflejaba un compromiso con la gobernanza. Sin embargo, a mediados de la década de 2000, la misma región vio un declive en este tipo de comportamiento, con las fuerzas de seguridad estatales supuestamente coludiendo con traficantes de drogas y mostrando poca preocupación por el bienestar de la población. Este cambio no fue aislado; fue parte de una tendencia más amplia en regiones como el Congo, Somalia y el Delta de Nigeria, donde los grupos rebeldes parecían más enfocados en luchar entre sí que en proporcionar visiones alternativas de gobernanza.

Este cambio en el comportamiento rebelde está relacionado con el fin de la Guerra Fría, que puso fin a muchas rebeliones de izquierda. Los autores exploran la relación entre esta tendencia a la baja en las guerras civiles y el cambio en el comportamiento de los grupos rebeldes, centrándose en el papel de la ideología. Argumentan que las ideologías son centrales para el conflicto, pero que solo recientemente han comenzado a recibir una atención sostenida en el estudio comparativo de la guerra civil.

Los autores proponen un enfoque macro-histórico para examinar cómo la ola más importante de insurgencias revolucionarias del siglo XX, informada por la ideología marxista-leninista, moldeó las guerras civiles. Se centran en los rebeldes “socialistas revolucionarios” (“SR”), argumentando que, a pesar de las diferencias en la interpretación doctrinal, la organización interna y/o el comportamiento hacia los civiles, los grupos SR tendían a adoptar métodos y prácticas que probablemente impulsarían su desempeño en el campo de batalla, lo que representaba una poderosa amenaza para los regímenes existentes.

Los rebeldes SR lanzaron desafíos formidables contra los regímenes existentes impulsados por organizaciones disciplinadas y cohesionadas que implementaban una doctrina de guerra revolucionaria. Su carácter transformador y transnacional elevó su desempeño en el campo de batalla a través de dos atributos clave: una estructura política y militar integrada y una densa red de interacciones con la población civil. Esto se tradujo en “insurgencias robustas”, es decir, guerras irregulares muy exigentes, largas e intensas libradas contra regímenes relativamente fuertes.

La investigación empírica de los autores respalda sus afirmaciones. Encuentran que la asistencia externa para los rebeldes SR por sí sola no puede dar cuenta de estos atributos y resultados. Sin embargo, y contrariamente a sus expectativas, también encuentran que su mejor desempeño en el campo de batalla no se tradujo en mayores tasas de éxito: los rebeldes SR no eran más propensos a ganar que los rebeldes no SR, de ahí una “Paradoja Marxista”. Sugieren que los rebeldes SR representaron un desafío existencial creíble para los regímenes existentes, lo que desencadenó una poderosa contramovilización o, en la jerga de esa época, una “contrarrevolución”.

El estudio adopta un enfoque macro-histórico, conectando la ideología con el “tiempo histórico mundial”, es decir, los procesos y normas asociados con momentos históricos particulares. Los autores se centran en los rebeldes SR, un subtipo de rebeldes “revolucionarios” que buscan derrocar el orden social existente. Los rebeldes SR defendieron un proyecto político construido en torno a un estado de partido único y una economía de mando central.

Durante la Guerra Fría, los rebeldes revolucionarios eran casi exclusivamente de orientación ampliamente marxista. Los autores se inspiran en el estudio de los partidos políticos, que durante mucho tiempo se ha basado en el concepto de “familias de partidos”, como los socialdemócratas, los comunistas, etc. Este enfoque clasifica a los partidos de diferentes países en función de ideologías compartidas que tienden a capturar dimensiones de división, objetivos políticos, orígenes históricos y características organizativas, a pesar de la variación entre países y a lo largo del tiempo.

Los autores entienden la ideología como una cosmovisión amplia, “un conjunto más o menos sistemático de ideas que incluye la identificación de un grupo de referencia, una enunciación de las quejas que enfrenta ese grupo, la identificación de objetivos en su nombre y un programa de acción”. Los rebeldes SR se inspiraron en alguna versión del marxismo, aunque interpretaron la ideología marxista de diversas maneras: hubo marxistas-leninistas, comunistas, maoístas y muchas otras variantes. Las condiciones locales agregaron complejidad al impulsar prácticas variables.

Los autores argumentan que los rebeldes SR pueden ser analizados provechosamente como un tipo identificable en el mundo macro-histórico del conflicto civil, muy parecido a como los partidos comunistas pueden ser analizados como del mismo tipo, a pesar de la considerable variación entre ellos. Como ejemplo, considere el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dos de los grupos SR más grandes de Colombia. Ambos construyeron organizaciones disciplinadas y cohesionadas que combinaban alas políticas y militares; ambos participaron en una extensa movilización, adoctrinamiento y gobernanza de civiles; y ambos establecieron una notable presencia internacional.

En un mundo esencialmente bipolar, y a pesar de las diferencias y los enfrentamientos ocasionales, los rebeldes SR se veían a sí mismos como ampliamente en el mismo lado de la historia, es decir, como actores de izquierda, anticapitalistas y antiimperialistas. Sus rivales también los percibían como de un solo tipo. Estados Unidos, por ejemplo, vio a la Organización para la Liberación de Palestina no solo como un grupo nacionalista de Oriente Medio, sino como una organización que “llegó a encarnar la amenaza del radicalismo transnacional en todas partes”.

Los autores argumentan en contra de descartar el marxismo como mera fachada, una charla barata adoptada para acceder a los recursos del bloque soviético. Destacan que los fundadores y líderes de estos movimientos a menudo eran intelectuales que adoptaron una versión del marxismo mucho antes de lanzar una insurgencia. Además, la mayoría de los rebeldes SR que derrocaron con éxito a los regímenes existentes implementaron políticas transformadoras y establecieron sus propios regímenes socialistas, siguiendo sus preceptos ideológicos.

Los autores explican cómo la ideología marcó la diferencia. Washington y Moscú buscaron cambiar el mundo para demostrar la aplicabilidad universal de sus ideologías y sistemas sociopolíticos. Los estados recién independizados demostraron ser un terreno fértil para su competencia. Los grupos rebeldes SR representaron la cosmovisión marxista; fueron un elemento básico de la Guerra Fría: raros antes de la Segunda Guerra Mundial, casi han desaparecido desde entonces.

Los rebeldes SR comparten muchos atributos con otros tipos de rebeldes; lo que los distingue es la combinación específica de estos atributos y su implementación. Primero, las organizaciones rebeldes disciplinadas y cohesionadas surgieron de una estructura política y militar altamente institucionalizada e integrada. Segundo, los rebeldes SR pudieron construir una densa red de interacciones con la población civil a través de una combinación de movilización y adoctrinamiento, provisión de bienes públicos y el uso de violencia selectiva.

En general, los rebeldes SR estaban idealmente equipados para lanzar y sostener “insurgencias robustas”, es decir, insurgencias que probablemente durarían más, se librarían con mayor intensidad (produciendo más muertes relacionadas con la batalla) y representarían una mayor amenaza para los regímenes existentes en comparación con otros rebeldes. Desarrollaron y desplegaron una doctrina de guerra cuya adopción y ejecución efectiva dependían del hecho de que eran actores transformadores y transnacionales.

Aunque la guerra de guerrillas es una táctica militar muy antigua, evolucionó a medida que los estados se volvieron más fuertes y efectivos. Los rebeldes SR tomaron el liderazgo de las poblaciones rurales al infundir a las quejas existentes un espíritu revolucionario renovado y resueltamente moderno: no solo movilizaron a los campesinos, sino que buscaron activamente convertirlos en actores revolucionarios a través del adoctrinamiento, las políticas de transformación social y las nuevas estructuras de gobernanza.

Aquí está esta doctrina en pocas palabras: la revolución se puede lograr a través de la insurgencia armada en el campo en lugar de la acción no violenta o el levantamiento urbano. Esta plantilla, una doctrina inicialmente codificada por Mao Zedong durante la década de 1930 en China, se convirtió en una forma particular de librar la guerra conocida como “guerra popular”, “guerra revolucionaria”, guerra de guerrillas revolucionaria o “insurgencia robusta”.

La doctrina original de Mao, a menudo infundida con un espíritu de resistencia nacional, fue refinada y elaborada por “teóricos-practicantes” como Ernesto “Che” Guevara, Régis Debray y Amilcar Cabral, entre muchos otros. La doctrina de la guerra revolucionaria se difundió ampliamente y podría ser adoptada por rebeldes no revolucionarios, pero fue desplegada completa y eficazmente principalmente por los rebeldes SR, por una razón clave: eran actores transformadores y transnacionales.

Los rebeldes SR eran actores “transformadores”. Buscaban derrocar el orden social y político y reestructurar las jerarquías sociales existentes. Se enfrentaron a élites bien afianzadas e implementaron, a menudo costosas, políticas de redistribución de tierras; abogaron por la igualdad de género y promovieron políticas que redujeran la discriminación contra las mujeres. La combinación de marxismo, anticolonialismo y el derecho a la autodeterminación impulsó las credenciales revolucionarias y progresistas de los movimientos SR en el mundo en desarrollo.

La doctrina de la guerra revolucionaria se desarrolló, actualizó y refinó dentro de un movimiento transnacional, una característica que falta en los rebeldes no revolucionarios. Esta dimensión transnacional aportó tres beneficios clave a los rebeldes SR: impartió y consolidó una creencia compartida en una comprensión contra-hegemónica creíble del mundo; difundió el conocimiento de un plan detallado pero también adaptable y constantemente actualizado de lucha política y social armada; y ayudó a los rebeldes SR a internacionalizar su causa, incluida, entre otras, la representación diplomática y las redes de solidaridad internacional.

Los autores proporcionan evidencia empírica para respaldar su argumento. Utilizan un conjunto de datos de 178 guerras civiles, que cubren el período 1944-2016, para investigar el efecto que los rebeldes SR tuvieron en cuatro dimensiones del conflicto: tecnología de rebelión (TR), duración, gravedad y resultado de las guerras en las que participaron. Codifican todas las guerras civiles en función de la ideología adoptada por la principal organización rebelde, produciendo así dos grupos: el primero consiste en guerras civiles dominadas por rebeldes SR, donde el principal grupo rebelde profesó una ideología SR al comienzo de la guerra. El segundo grupo consistió en todas las guerras civiles donde el principal grupo rebelde no era SR. Un total de 41 guerras en el conjunto de datos (23% del total) fueron dominadas por rebeldes SR, mientras que 137 guerras (77%) fueron libradas por grupos no SR.

Los autores esperan que los rebeldes SR muestren una ventaja comparativa en el lanzamiento y sostenimiento de guerras irregulares. La Tabla 1 muestra que las guerras civiles con rebeldes SR están sorprendentemente concentradas en la categoría de guerra irregular, tanto durante todo el período 1944-2016 como solo durante el período de la Guerra Fría. La Tabla 2 muestra la relación entre TR y tipos de rebeldes para todo el período 1944-2016 utilizando la variable de cuatro categorías. El hallazgo notable aquí es que los rebeldes MNL se parecen a sus pares SR más de lo que se parecen a otros secesionistas. Tanto los rebeldes SR como los MNL lucharon guerras irregulares a tasas similares, más del 80% de las veces, mientras que los otros rebeldes secesionistas lucharon guerras irregulares el 61% de las veces.

Los datos de los autores sugieren que las guerras civiles con rebeldes SR duraron más, en promedio, que otras, lo que concuerda con sus expectativas. La Figura 2 representa las estimaciones de supervivencia de Kaplan-Meier de cada tipo de guerra civil, distinguiendo a los SR de los no SR. La Tabla 3 presenta los resultados de los modelos de riesgos proporcionales de Cox semiparamétricos; los resultados respaldan la hipótesis de que las guerras civiles dominadas por rebeldes SR tienden a durar más que las guerras dominadas por otros tipos de rebeldes.

Los datos descriptivos sobre muertes relacionadas con la batalla muestran que las guerras civiles SR son, en promedio, más letales que todas las demás guerras civiles (Figura 3). La Tabla 4 proporciona los resultados del análisis de regresión; los resultados respaldan ampliamente la idea de que las guerras civiles que involucran a rebeldes SR tienden a ser más severas en el campo de batalla.

Los datos descriptivos (Tabla 5) sugieren que los rebeldes SR no eran el tipo de ganadores frecuentes en las guerras civiles que los autores esperaban en función de sus características; de hecho, eran tan propensos a ser derrotados como cualquier otro rebelde. Los autores ejecutan modelos logit multinomiales que confirman que el tipo de rebelde no es estadísticamente significativo para explicar cómo terminan las guerras civiles.

Para abordar la cuestión de qué impulsa el tipo de rebelde, los autores exploran los determinantes de las guerras civiles dominadas por rebeldes SR en comparación con los otros tipos de guerra civil (Tabla 6). Encuentran que en la mayoría de las especificaciones, los rebeldes SR eran más propensos a luchar guerras civiles en países con mayor capacidad estatal. La Guerra Fría es la correlación más fuerte de las guerras con rebeldes SR, que también eran más probables en América Latina y Asia.

Los autores abordan la cuestión de si las características de los rebeldes SR fluyeron de su ideología política o si se derivaron del hecho de que recibieron apoyo de la URSS y otras potencias comunistas. Analizaron la orientación ideológica y las prácticas de 12 grupos para los cuales su investigación indicó que no recibieron apoyo externo de la URSS, China, Cuba u otra potencia comunista. Con una excepción, y a pesar de las diferencias, todos pertenecen claramente a la misma especie en términos de los factores que los autores destacaron: organizaciones disciplinadas y cohesionadas con énfasis en la movilización civil.

El fin de la Guerra Fría ofrece un ejemplo obvio de una conmoción de financiación externa. Fortuna (2018) examina la trayectoria del conjunto completo de insurgencias SR que estaban activas en 1989. De ellas, el 44% llegó a un acuerdo de paz en algún momento después del final de la Guerra Fría. La mayor parte de la mitad restante luchó hasta 1996, y varios continuaron luchando hasta bien entrado el siglo XXI; de hecho, un sorprendente 16% todavía estaba luchando en 2018.

Los autores están desconcertados por el hecho de que las rebeliones SR no se tradujeron en resultados más exitosos para los rebeldes. Conjeturan que la mayor capacidad de los rebeldes SR elevó la credibilidad del desafío existencial que plantearon a los regímenes existentes. A su vez, este desafío impulsó un considerable contraesfuerzo, atrayendo apoyo externo para estos regímenes y obligándolos a reorganizarse y mejorar su juego, contribuyendo así a su victoria.

Los autores utilizan los índices HS y OM de capacidad estatal para evaluar esta conjetura con su conjunto de datos transnacional, centrándose en los estados que no perdieron ante los rebeldes. En los análisis de regresión lineal presentados en la Tabla 7, el coeficiente para los rebeldes SR es positivo y significativo en los cuatro modelos. Los resultados son ampliamente consistentes con la conjetura de que los estados que se enfrentaron a los rebeldes SR sí mejoraron su juego y se volvieron más fuertes (o más capaces) como resultado.

Los autores concluyen que la ideología SR, una característica clave en las guerras civiles de la era de la Guerra Fría, las moldeó de manera decisiva y algo inesperada. Argumentan que los rebeldes SR libraron guerras irregulares más intensas y largas o insurgencias robustas, un hecho que refleja su capacidad organizativa y militar superior en comparación con otros tipos de rebeldes. Al final, sin embargo, los rebeldes SR no fueron más propensos a producir victorias en comparación con otros rebeldes.

Los autores identifican dos procesos a través de los cuales la ideología ayudó a generar atributos que se tradujeron en un mejor desempeño en el campo de batalla: organizaciones cohesionadas y disciplinadas y una densa red de interacciones con la población civil. Argumentan que, aunque no son exclusivos de los rebeldes SR, estos atributos eran más propensos a acumularse para ellos en comparación con otros rebeldes debido a dos características: su doctrina de guerra revolucionaria y su carácter transformador y transnacional.

Los autores argumentan que la incapacidad de los rebeldes SR para traducir su capacidad mejorada en victorias más frecuentes podría explicarse por el hecho de que representaban una amenaza significativa para los regímenes existentes, una que era tanto existencial como creíble, lo que incitó a una contramovilización igualmente significativa. Paradójicamente, las guerras civiles libradas por los rebeldes SR probablemente terminaron fortaleciendo estos regímenes en lugar de destruirlos.

Los autores concluyen destacando la relevancia de sus hallazgos para la comprensión de los conflictos contemporáneos, particularmente aquellos que involucran a grupos rebeldes islamistas. Sugieren que los mismos factores que limitaron el éxito de los rebeldes SR durante la Guerra Fría también pueden aplicarse a las insurgencias islamistas.

En resumen, este estudio sostiene que los rebeldes marxista-leninistas (RS), prominentes durante la Guerra Fría, moldearon fundamentalmente las guerras civiles a través de sus organizaciones disciplinadas, la movilización civil y las conexiones transnacionales, lo que condujo a insurgencias robustas. A pesar de demostrar una capacidad superior en el campo de batalla, los rebeldes RS rara vez lograron la victoria total, lo que potencialmente fortaleció a los regímenes existentes a través de la contramovilización. El análisis sugiere una sorprendente dimensión de construcción estatal en estos conflictos y destaca paralelismos con los grupos rebeldes islamistas contemporáneos, instando a un renovado enfoque en el papel de la ideología para comprender la dinámica de la guerra civil y su impacto duradero en la resiliencia estatal. Es crucial seguir explorando la interacción entre la ideología, el conflicto y la construcción estatal en la era moderna.

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