Probióticos y estado de ánimo: Nueva investigación sobre la conexión intestino-cerebro

Existe un creciente interés en la posibilidad de que los probióticos mejoren no solo la salud intestinal, sino también la salud mental. Los probióticos son bacterias “buenas” en forma de bebidas o tabletas que se pueden comprar en el supermercado y también se encuentran en alimentos como yogures, quesos fermentados y chucrut. La conexión intestino-cerebro proporciona varias vías a través de las cuales las bacterias en el intestino pueden influir en cómo nos sentimos y nos comportamos.

Los probióticos, que a menudo se encuentran en alimentos como el yogur y el chucrut, están ganando atención por su potencial para mejorar tanto la salud intestinal como la mental. Esto se deriva de la “conexión intestino-cerebro”, una vía a través de la cual las bacterias intestinales pueden influir en nuestras emociones y comportamiento. Según Johnson, esta conexión opera a través del nervio vago, el sistema inmunológico y las hormonas.

Investigaciones anteriores en animales han sugerido efectos prometedores de los probióticos en el cerebro y el comportamiento. Sin embargo, los estudios en humanos han producido resultados inconsistentes. Para abordar esto, Johnson y Steenbergen emplearon una combinación de métodos para investigar cómo los probióticos podrían influir en la regulación emocional y el estado de ánimo. Estos métodos incluyeron cuestionarios psicológicos, informes diarios del estado de ánimo y tareas informáticas diseñadas para evaluar el procesamiento emocional.

El estudio involucró a adultos jóvenes y sanos que consumieron un probiótico diariamente durante un mes. Este estudio es notable porque es el primero en utilizar informes diarios del estado de ánimo para evaluar los efectos de los probióticos. Los resultados demostraron claramente que los probióticos podrían reducir los sentimientos negativos en comparación con un placebo. Esto podría traducirse en una disminución de sentimientos como la ansiedad, el estrés, la fatiga o las tendencias depresivas. Steenbergen destacó la importancia de este hallazgo, afirmando: “Es sorprendente que simplemente preguntando a los participantes cómo se sentían cada día, pudiéramos detectar los efectos beneficiosos de los probióticos en el estado de ánimo”. Además, los cuestionarios psicológicos estándar comúnmente utilizados en este campo no fueron lo suficientemente sensibles para detectar estos cambios.

Los investigadores observaron que los probióticos tardaron aproximadamente dos semanas en mejorar los sentimientos negativos. Este plazo es similar al tiempo que tardan los antidepresivos en ser efectivos. Sin embargo, una diferencia clave es que, si bien los antidepresivos tienden a reducir tanto el estado de ánimo negativo como el positivo, los probióticos solo redujeron el estado de ánimo negativo. Los investigadores enfatizan que los probióticos no deben considerarse un sustituto de los antidepresivos.

Los investigadores también exploraron qué individuos podrían beneficiarse más de los probióticos. Descubrieron que ciertos rasgos, particularmente una propensión a evitar riesgos, se asociaron con un mayor efecto positivo de los probióticos en el estado de ánimo. Johnson declaró: “Descubrimos que varios rasgos, especialmente una propensión a evitar riesgos, se asociaron con un mayor efecto de los probióticos en el estado de ánimo”.

Además, la investigación indicó que los probióticos podrían influir en la forma en que los participantes procesan las señales emocionales. Los que recibieron probióticos mostraron una precisión ligeramente mejorada en el reconocimiento de las expresiones faciales.

El estudio destaca el potencial de los probióticos para ser utilizados de forma específica en el futuro. Quedan muchas preguntas sobre los mecanismos de acción precisos y los efectos a largo plazo de los probióticos. Steenbergen sugiere que “Quizás en el futuro los probióticos podrían usarse de manera específica como una intervención temprana para reducir las posibilidades de que los sentimientos negativos progresen a afecciones de salud mental como la depresión, aunque se necesitaría más investigación para confirmar eso”.

Johnson y Steenbergen esperan que sus hallazgos animen a otros investigadores en salud mental a incorporar medidas diarias simples del estado de ánimo en sus estudios. Como concluyen en su artículo, “En un intento de delinear la complejidad del cerebro y la emoción humanos, no podemos perder de vista hacer lo obvio. A veces, las preguntas más simples revelan las respuestas más significativas”.

Los probióticos, especialmente los que contienen Lactobacillus y Bifidobacterium, parecen prometedores para reducir sentimientos negativos como la ansiedad y la fatiga, con efectos visibles después de unas dos semanas. Destacan por atacar el estado de ánimo negativo sin afectar las emociones positivas, y sus beneficios podrían ser mayores en individuos con tendencia a evitar riesgos. Aunque no sustituyen a los antidepresivos, los probióticos podrían usarse como intervención temprana para el bienestar mental, resaltando la importancia del seguimiento diario del estado de ánimo en la investigación de la salud mental.

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