Un nuevo estudio importante, el Estudio Global del Florecimiento, ha revelado un hallazgo sorprendente: Gran Bretaña ocupa un lugar relativamente bajo en lo que respecta al “florecimiento humano”, situándose en el puesto 20 de 22 países encuestados. Esto contrasta con otras medidas de bienestar nacional, como el Informe Mundial de la Felicidad, y suscita preocupación, particularmente sobre el bienestar de las generaciones más jóvenes en el Reino Unido.
La clasificación de Gran Bretaña en un estudio global reciente sobre el florecimiento humano ha generado importantes preocupaciones sobre el bienestar general de la nación, particularmente entre las generaciones más jóvenes. El estudio, que abarcó 22 países de seis continentes, situó al Reino Unido en la posición 20, basándose en una puntuación compuesta que evaluó varios factores que contribuyen al florecimiento humano. Esta puntuación consideró elementos como la felicidad, la salud, la seguridad financiera, las relaciones y el sentido de propósito en la vida.
El Estudio Global del Florecimiento, un proyecto de cinco años lanzado en 2022, tenía como objetivo proporcionar una comprensión exhaustiva de los factores que promueven o dificultan el florecimiento humano. El estudio involucró muestras representativas a nivel nacional, que reflejaron las experiencias de casi la mitad de la población mundial. Los investigadores utilizaron un cuestionario que comprendía una docena de preguntas centrales sobre el florecimiento, junto con numerosas preguntas sobre la vida pasada y presente de los participantes. Estas incluyeron preguntas sobre experiencias de la infancia, relaciones familiares, educación, prácticas religiosas y estado civil.
Los hallazgos del estudio presentaron algunos resultados inesperados. El análisis, publicado en *Nature Mental Health*, reveló una sorprendente clasificación de países. Indonesia encabezó la lista, seguida de Israel, Filipinas y México. Por el contrario, el Reino Unido, Turquía y Japón ocuparon las tres últimas posiciones. Esta clasificación contrasta marcadamente con el Informe Mundial de la Felicidad, que normalmente sitúa a los países nórdicos en la cima y clasifica al Reino Unido en el primer cuarto de los países encuestados.
Una posible explicación de esta disparidad, según el profesor Tyler VanderWeele, epidemiólogo de la Universidad de Harvard, es que los países más ricos y desarrollados pueden obtener buenos resultados en seguridad financiera y medidas como la “evaluación de la vida”, pero les va peor en áreas como las relaciones y el sentido de propósito en la vida. El estudio encontró una correlación negativa entre el PIB de un país y sus puntuaciones para encontrar un sentido en la vida, lo que sugiere que la prosperidad económica no se traduce necesariamente en bienestar general.
El estudio también exploró la influencia de la religión en el florecimiento humano. Se descubrió que asistir a servicios religiosos durante la infancia se asociaba con un mayor florecimiento en la edad adulta, aunque el estudio no pudo establecer una relación causal. Este aspecto de la investigación fue apoyado por la financiación de la Fundación John Templeton, que tiene un interés de larga data en la intersección de la ciencia y la religión.
Un hallazgo particularmente preocupante del estudio fueron las puntuaciones más bajas de florecimiento entre los jóvenes en países como el Reino Unido, Estados Unidos y Australia. Esta observación contradijo investigaciones anteriores que sugerían una relación en forma de U entre el bienestar y la edad, donde tanto los jóvenes como los mayores tienden a estar mejor que los de mediana edad.
En el Reino Unido específicamente, el estudio reveló que los jóvenes de 18 a 24 años obtuvieron puntuaciones “notablemente más bajas” en satisfacción con la vida que los de 25 a 29 años, quienes a su vez obtuvieron puntuaciones más bajas que los mayores de 80 años. El Dr. Tim Lomas, psicólogo involucrado en el estudio, señaló que “los más jóvenes del Reino Unido parecen estar particularmente luchando”. Esto sugiere un desafío significativo para el Reino Unido en el apoyo al bienestar de su población más joven.
Los investigadores esperan continuar recopilando datos para comprender cómo varía el florecimiento en respuesta a los eventos globales. El estudio también sugiere que las personas pueden usar la encuesta de florecimiento de 12 preguntas para evaluar sus propias vidas. Como declaró VanderWeele, esta herramienta permite a las personas realizar un seguimiento de su bienestar a lo largo del tiempo, identificando áreas de mejora, estabilidad y posible declive.
Sin embargo, algunos expertos han expresado cautela con respecto a los hallazgos. La profesora Kate Pickett, epidemióloga de la Universidad de York, señaló que las medidas de bienestar autoinformadas pueden no siempre coincidir con las medidas objetivas de la salud de una nación. Por ejemplo, Japón, que ocupó el último lugar en el estudio, tiene una esperanza de vida más larga y una menor mortalidad infantil que cualquier otro país de la encuesta.
Pickett también planteó preocupaciones sobre el impacto potencial de la pandemia de COVID-19. Señaló que el estudio no mencionó la pandemia, a pesar de que los jóvenes en los dos años anteriores a la encuesta habrían experimentado los efectos negativos de los encierros, la ansiedad, las interrupciones en la educación y las relaciones sociales. Ella cree que esto podría haber tenido un impacto duradero en su florecimiento. En última instancia, Pickett enfatiza la importancia de brindar a los niños un buen comienzo en la vida, garantizar medios de vida seguros, centrarse en la prevención y reducir la desigualdad económica.
Reino Unido, sorprendentemente, se sitúa bajo en “florecimiento humano” en comparación con otras naciones, especialmente entre los jóvenes, a pesar de una alta seguridad financiera. El estudio sugiere que las relaciones y el sentido de la vida son factores cruciales a menudo ignorados, destacando una posible conexión entre la práctica religiosa infantil y el bienestar posterior. Aunque los hallazgos desafían la sabiduría convencional sobre la edad y el bienestar, los expertos advierten sobre la influencia de los datos autoinformados y el impacto duradero de la pandemia de COVID-19. Quizás sea hora de priorizar la conexión, el propósito y el apoyo en la primera infancia junto con los indicadores económicos para medir y fomentar verdaderamente una sociedad próspera.
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