China advierte contra la “ley de la jungla” a medida que las políticas de EE. UU. aumentan las tensiones globales.

En medio de una creciente guerra comercial con Estados Unidos y un período de importantes cambios en la política exterior estadounidense bajo el presidente Donald Trump, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, recientemente lanzó una dura reprimenda al enfoque de “Estados Unidos primero”. En una conferencia de prensa, Wang advirtió que un enfoque global en los intereses nacionales por encima de todo podría conducir a un escenario de “ley de la jungla” y criticó a Estados Unidos por sus acciones cada vez más unilaterales, posicionando a China como una alternativa estable y confiable en el escenario mundial.

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, en una reciente conferencia de prensa, presentó una crítica contundente a la política de “Estados Unidos Primero” defendida por el presidente estadounidense Donald Trump, advirtiendo que un cambio global hacia la priorización de los intereses nacionales por encima de la cooperación internacional conduciría a una “ley de la jungla”. Este argumento central, presentado en medio de crecientes tensiones comerciales y una reconfiguración más amplia de la política exterior estadounidense, posiciona a China como defensora del multilateralismo y un socio global estable. Las declaraciones de Wang, pronunciadas al margen de la reunión “dos sesiones” de China, sirvieron como una respuesta cuidadosamente orquestada a las acciones de Trump y una plataforma estratégica para mostrar el papel de China en el escenario mundial. El momento de la conferencia, coincidiendo con una nueva guerra comercial entre Estados Unidos y China, destacó la intención de Beijing de presentarse como una alternativa confiable frente a un liderazgo estadounidense percibido como errático y aislacionista.

El tema central de la crítica de Wang giró en torno a los peligros del interés nacional desenfrenado. Declaró explícitamente que si cada país adoptara un enfoque de “mi país primero”, el mundo volvería a una “ley de la jungla”, donde las naciones más pequeñas y débiles sufrirían de manera desproporcionada, y las normas y el orden internacionales se verían gravemente socavados. Este marco desafió directamente la filosofía de “Estados Unidos Primero”, que prioriza los intereses estadounidenses, incluso a expensas de los acuerdos y alianzas internacionales. La advertencia de Wang no era meramente teórica; se presentó como una consecuencia directa de las políticas de Trump, que han incluido la retirada de pactos internacionales, la cancelación de la ayuda extranjera y la amenaza de intervenciones en territorio soberano. Esta crítica se vio reforzada por el contexto de las propias ambiciones económicas y geopolíticas de China, lo que las posicionó como un contrapeso a la percibida dominación estadounidense.

Las decisiones de política exterior de Trump han interrumpido significativamente las normas y alianzas internacionales establecidas, creando un vacío que China está buscando activamente llenar. Desde que asumió el cargo, Trump se ha retirado de organismos internacionales, ha cancelado la ayuda extranjera y ha cuestionado alianzas de larga data, incluidas las con Europa y Ucrania. La suspensión de la ayuda militar a Ucrania, junto con un supuesto giro hacia Rusia, ha conmocionado particularmente a los aliados europeos y ha creado una oportunidad para que Beijing fortalezca su narrativa de ser un actor global responsable. Este cambio en la postura de Estados Unidos ha permitido a los diplomáticos chinos, como Lu Shaye, criticar activamente a Estados Unidos, sugiriendo que los países deberían “primero criticar a Estados Unidos” con respecto a sus vínculos con Rusia, en lugar de China. Lu, un exembajador en Francia, contrastó explícitamente el enfoque “mutuamente beneficioso” de la política exterior china con lo que percibió como las acciones disruptivas de la administración Trump, prediciendo que “el círculo de amigos” de China “solo crecerá”.

La guerra en Ucrania se ha convertido en un campo de batalla clave en esta lucha ideológica. Si bien China ha mantenido una posición de neutralidad, ha alineado consistentemente su discurso con la narrativa de Rusia con respecto a la OTAN, culpando falsamente a la alianza por desencadenar la invasión. Wang Yi enfatizó el “empuje constante” de los lazos entre Moscú y Beijing en un “mundo turbulento”, contrarrestando directamente las sugerencias de funcionarios de Trump que esperaban crear una división entre las dos naciones. Reiteró la afirmación de China de mantener una postura “objetiva e imparcial” sobre el conflicto, al mismo tiempo que promovía una visión compartida con Rusia con respecto a la OTAN y abogando por el principio de “ningún país debe construir su seguridad sobre la inseguridad de otro”—una crítica velada de Estados Unidos y su sistema de alianzas europeo. Este enfoque matizado permite a China presentarse como un posible mediador al mismo tiempo que refuerza su solidaridad con Rusia.

Más allá del conflicto en Ucrania, Wang Yi también extendió su crítica al enfoque de Estados Unidos sobre el conflicto israelí-palestino. Abordó directamente la controvertida propuesta de Trump de que Estados Unidos asumiera la propiedad de Gaza y la reconstruyera, descartándola como una solución superficial. En cambio, abogó por un enfoque más integral, enfatizando la necesidad de un alto el fuego duradero, una mayor asistencia humanitaria, la autogestión palestina y los esfuerzos de reconstrucción. Esta crítica sirvió para posicionar aún más a China como defensora del derecho internacional y defensora de los derechos de las comunidades marginadas, en marcado contraste con lo que percibió como la naturaleza transaccional y potencialmente explotadora de la propuesta de Trump. Al centrarse en las necesidades del pueblo palestino, China buscó reforzar su imagen de un actor global responsable comprometido con la promoción de la paz y el desarrollo.

La creciente guerra comercial entre Estados Unidos y China subraya aún más las tensiones en el corazón de este choque ideológico. Wang Yi desafió directamente el enfoque de Estados Unidos, afirmando que “ningún país debería fantasear con suprimir a China por un lado y desarrollar buenas relaciones con China por el otro”. Caracterizó este enfoque “de dos caras” como perjudicial para las relaciones bilaterales e incapaz de establecer una confianza mutua. Esta declaración sirvió como una advertencia clara a Estados Unidos, afirmando la determinación de China de resistir los intentos estadounidenses de contener su ascenso económico y geopolítico. La guerra comercial, por lo tanto, no es simplemente una disputa económica, sino también una manifestación de una lucha ideológica más profunda entre dos visiones compitientes del orden internacional.

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, criticó duramente las políticas de “Estados Unidos primero” y las acciones de la administración Trump, advirtiendo sobre un retorno a una “ley de la jungla” y acusando a EE. UU. de comportamiento inconsistente y de intimidación. Beijing está aprovechando la inestabilidad global – incluidos las guerras en Ucrania y Gaza – para presentarse como un líder fiable, imparcial y una alternativa estable a la política exterior estadounidense, al tiempo que refuerza los lazos con Rusia y aboga por un orden mundial multipolar. El panorama global que se desarrolla exige una reevaluación de la cooperación internacional y un compromiso con la seguridad compartida, no con juegos de poder unilaterales.

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