La cruzada de Carr contra YouTube TV

El presidente de la FCC, Brendan Carr, enfrenta una vez más críticas por intentar presionar a Google para que incluya una red religiosa específica en YouTube TV, una medida que los críticos argumentan excede su autoridad y se alinea con un patrón de priorizar el extremismo marginal sobre el bienestar del consumidor y los principios del mercado.

Brendan Carr, el presidente de la FCC, es acusado de exceder su autoridad y participar en un patrón de hipocresía al acosar a Google por la falta de programación religiosa en su servicio de streaming YouTube TV, específicamente la ausencia del canal Great American Family. El argumento central es que las acciones de Carr están motivadas políticamente y no se basan en preocupaciones regulatorias legítimas, representando un intento de imponer sus creencias personales a una empresa privada que opera dentro de principios de mercado establecidos y protegida por la Primera Enmienda. Esta acción se considera una continuación de una tendencia más amplia donde Carr prioriza su propia agenda ideológica sobre el bienestar del consumidor y el funcionamiento adecuado del mercado.

El punto central de controversia gira en torno a la idea de que las compañías de cable y streaming, como Google, toman decisiones de programación basadas en datos de audiencia y viabilidad financiera. Estas decisiones están impulsadas por cálculos matemáticos fríos, destinados a atraer y retener suscriptores. La noción de que estas elecciones deberían ser dictadas por los caprichos de un funcionario gubernamental, particularmente uno con un historial de posturas regulatorias inconsistentes, se considera fundamentalmente errónea. La carta de Carr a Google, exigiendo una explicación por la falta de Great American Family, se retrata como una intromisión injustificada en una decisión de negocios privada, ignorando las normas establecidas de selección de contenido impulsado por el mercado. El hecho de que Great American Family no sea particularmente popular, con una audiencia relativamente pequeña, socava aún más la legitimidad de la queja de Carr.

Esta situación se presenta como un patrón recurrente, estableciendo paralelismos con una controversia anterior que involucró la decisión de DirecTV de no transmitir OAN, una red de propaganda de derecha. La decisión de DirecTV se basó en consideraciones financieras – la red no valía la pena el costo – y no en censura. El hecho de que ambas situaciones involucren acusaciones de “censura” contra compañías que toman decisiones comerciales basadas en las fuerzas del mercado, destaca el uso percibido indebido del término y las motivaciones políticas subyacentes que impulsan estas quejas. El argumento es que las acciones de Carr forman parte de una narrativa más amplia impulsada por los republicanos que afirman que las empresas tecnológicas están censurando puntos de vista conservadores, una afirmación que carece de evidencia sustancial.

El comentario sugiere además que las compañías como Google, inicialmente ansiosas por beneficiarse de la desregulación y las reducciones de impuestos durante la administración Trump, ahora están dándose cuenta de las posibles desventajas de alinearse con agendas cada vez más autoritarias o impulsadas por la ideología. La analogía con el acuerdo comercial de minería de gas de Bespin con el Imperio en *Star Wars* ilustra la idea de que las empresas a menudo subestiman las consecuencias a largo plazo de priorizar las ganancias a corto plazo sobre las consideraciones éticas y las prácticas comerciales basadas en principios. Se espera que las empresas tecnológicas eventualmente reconozcan la futilidad de intentar complacer a aquellos que no están operando de buena fe, una realización que puede conducir a un cambio en su enfoque hacia el compromiso político.

La discusión se extiende a las implicaciones más amplias de la libertad religiosa y su aplicación selectiva por parte de los republicanos. El argumento es que el concepto de “libertad religiosa”, defendido por muchos en la derecha, a menudo se utiliza como justificación para imponer creencias cristianas conservadoras a otros, mientras niegan libertades similares a aquellos que sostienen puntos de vista religiosos diferentes. El comentario señala que cualquier intento de promover una sola perspectiva religiosa, particularmente una que promueva el odio o la discriminación, probablemente se enfrentaría a la condena y la investigación por parte de figuras como Brendan Carr. La afirmación central es que “libertad religiosa”, en este contexto, es código para “la libertad de imponer tus creencias a los demás”.

El comentario luego profundiza en la absurdidad de la situación, sugiriendo que si Google promoviera transmisiones de otras religiones que expresaran niveles similares de odio que algunos pastores megachurch, probablemente se enfrentarían a un escrutinio similar por parte de Carr. La idea de que la creencia religiosa, particularmente entre los líderes políticos, debería requerir una licencia para garantizar la sensatez y la capacidad de distinguir la realidad de la fantasía se presenta como una solución satírica al problema del extremismo ideológico. La declaración final, “La religión es veneno. Trátala como tal”, refleja una perspectiva radical sobre el papel de la religión en la sociedad.

La conversación toma un giro humorístico y oscuro, proponiendo un escenario en el que Google es ordenado por la corte para promover un canal de The Satanic Temple junto a los televangelistas, destacando el potencial de consecuencias no deseadas y la erosión de los principios seculares. La discusión luego se amplía para incluir la pregunta de si los Discordianos tienen sus propios programas de televisión, haciendo referencia a la programación nocturna de Adult Swim como un posible medio para contenido poco convencional. La sugerencia de que “demasiados cocineros estropean el caldo” sirve como una advertencia sobre los peligros de la interferencia excesiva y el potencial de consecuencias no deseadas.

Finalmente, el comentario critica el diseño del sitio web, destacando su apariencia anticuada y la falta de atractivo visual. Esta observación aparentemente no relacionada sirve como una broma, contrastando los argumentos políticos sustanciales con las deficiencias técnicas del sitio web. El tono general es de cinismo y frustración, reflejando un desencanto más amplio con el estado del discurso político y la erosión de los principios racionales. Las observaciones finales expresan un deseo de que las empresas tecnológicas desarrollen “una columna vertebral y un cerebro” y reconozcan la futilidad de intentar complacer a aquellos que no están operando de buena fe.

El artículo critica el intento del presidente de la FCC, Brendan Carr, de presionar a Google/YouTube TV para que incluya un canal religioso, calificándolo como una injerencia hipócrita y parte de un patrón más amplio de intentos de derecha para controlar el contenido. Se advierte sobre el peligro de confundir la libertad religiosa con la imposición de creencias específicas y el riesgo de demandas crecientes a las empresas tecnológicas. Se concluye que la complacencia es inútil y que la religión, especialmente entre los que tienen poder, requiere escrutinio.

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