Microplásticos alimentan resistencia a antibióticos.

Los microplásticos, diminutos fragmentos de plástico que se encuentran en todas partes, desde los océanos hasta nuestros propios cuerpos, están siendo cada vez más reconocidos por sus posibles impactos imprevistos. Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Boston ha revelado una conexión sorprendente: la exposición a microplásticos podría estar alimentando la resistencia a los antibióticos en las bacterias, un desarrollo preocupante con posibles implicaciones para poblaciones vulnerables, particularmente refugiados que viven en áreas con saneamiento limitado y altas tasas de residuos plásticos.

La presencia generalizada de microplásticos, diminutas partículas de residuos plásticos encontradas en todo el mundo, está surgiendo como un factor significativo y preocupante en el aumento de la resistencia a los antibióticos, según un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Boston. Estos microplásticos, que se acumulan en diversos entornos, desde los océanos hasta las nubes e incluso dentro de nuestros cuerpos, no son simplemente un problema de contaminación; potencialmente están exacerbando una crisis de salud global. El estudio destaca una conexión sorprendente entre la exposición a microplásticos y el fortalecimiento de la resistencia antimicrobiana de las bacterias, un hallazgo con implicaciones particularmente preocupantes para las poblaciones vulnerables.

El núcleo del descubrimiento del estudio de la BU reside en el efecto observado de los microplásticos sobre bacterias comunes, específicamente *Escherichia coli* (E. coli). Los investigadores probaron rigurosamente cómo esta bacteria reaccionaba a un entorno cerrado que contenía microplásticos, y los resultados fueron llamativos. Descubrieron que las bacterias expuestas a microplásticos desarrollaron resistencia a múltiples tipos de antibióticos, comúnmente utilizados para tratar infecciones. Esto no era simplemente una cuestión de proporcionar una superficie para que las bacterias se adhieran; los microplásticos contribuían activamente al desarrollo de organismos resistentes. Muhammad Zaman, profesor de ingeniería biomédica en la BU, enfatizó la importancia de esta observación, señalando que la prevalencia de microplásticos, particularmente en áreas pobres con saneamiento limitado, presenta un riesgo elevado para las comunidades vulnerables.

El mecanismo detrás de este fenómeno implica la formación de biopelículas – una sustancia pegajosa que las bacterias producen para protegerse de los invasores y asegurar su adhesión. Si bien las bacterias crean naturalmente biopelículas en varias superficies, el estudio reveló que los microplásticos dramatizan enormemente este proceso. Neila Gross (ENG’27), autora principal y candidata a doctorado en ciencia e ingeniería de materiales, describió las biopelículas en los microplásticos como “mucho más fuertes y gruesas, como una casa con un montón de aislamiento”. Esta biopelícula mejorada protege eficazmente a las bacterias de los antibióticos, impidiendo que el medicamento penetre y elimine la infección. La tasa de resistencia a los antibióticos observada en las superficies de microplásticos fue tan consistentemente alta que los experimentos se repitieron varias veces con diferentes antibióticos y tipos de plástico, obteniendo sistemáticamente los mismos resultados.

Las implicaciones de esta investigación son particularmente alarmantes al considerar el contexto global de la resistencia antimicrobiana. Se estima que 4,95 millones de muertes están asociadas con infecciones resistentes a los antimicrobianos cada año. Si bien factores como el mal uso y la sobreprescripción de antibióticos son contribuyentes bien establecidos en esta crisis, el estudio subraya la importancia de los factores ambientales, específicamente el microambiente donde las bacterias se reproducen. El trabajo de los investigadores se basa en hallazgos anteriores que indican que las poblaciones desplazadas por la fuerza – refugiados, solicitantes de asilo y otros – ya corren un mayor riesgo de contraer infecciones resistentes a los medicamentos debido a las condiciones de hacinamiento y el acceso limitado a la atención médica. Zaman, quien dirige el Centro sobre Desplazamiento Forzado de la BU, señala que la presencia de microplásticos podría estar agregando otra capa de riesgo a los sistemas de salud ya con pocos recursos y poco estudiados que sirven a estas poblaciones vulnerables. A partir de 2024, se estima que 122 millones de personas están desplazadas en todo el mundo, lo que destaca la magnitud del problema potencial.

De cara al futuro, los investigadores se centran en traducir sus hallazgos de laboratorio a escenarios del mundo real. Su próximo paso implica colaborar con socios de investigación en el extranjero para monitorear los campamentos de refugiados en busca de bacterias y virus resistentes a los antibióticos relacionados con los microplásticos. También pretenden profundizar en los mecanismos precisos que permiten a las bacterias formar un agarre tan fuerte en el plástico. Gross sugiere que la composición molecular de los plásticos, que son altamente adaptables, podría ser un factor clave. Una teoría es que los plásticos repelen el agua y otros líquidos, facilitando la adhesión bacteriana. Además, plantean la hipótesis de que los microplásticos podrían absorber antibióticos antes de que lleguen a las bacterias diana, obstaculizando aún más la eficacia del tratamiento. Curiosamente, descubrieron que incluso después de que los microplásticos fueron retirados del entorno, las bacterias que una vez albergaron conservaron la capacidad de formar biopelículas más fuertes, lo que indica un impacto duradero.

Zaman concluye enfatizando la necesidad de una perspectiva más amplia sobre estos temas interconectados. “Con demasiada frecuencia, estos temas se ven desde una lente de política o relaciones internacionales o inmigración, y todos esos son importantes, pero la historia que a menudo falta es la ciencia básica”, afirma. Espera que esta investigación anime a más científicos, ingenieros e investigadores a considerar el papel a menudo pasado por alto de los factores ambientales, como los microplásticos, en la lucha contra la resistencia a los antibióticos. El estudio, apoyado por la Fundación Nacional de Ciencias, sirve como un recordatorio crucial de la compleja interacción entre la contaminación, la salud pública y la batalla en curso contra las infecciones resistentes a los medicamentos.

Los microplásticos están empeorando la resistencia a los antibióticos, especialmente en poblaciones vulnerables como los refugiados, al proporcionar una superficie que potencia las bio películas bacterianas, protegiéndolas de los medicamentos. Este preocupante hallazgo subraya la necesidad de investigación interdisciplinaria y una comprensión más profunda de los factores ambientales que impulsan las infecciones resistentes a los fármacos, un paso crucial para salvaguardar la salud global.

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