Este artículo critica los intentos de Mark Zuckerberg y Meta por impedir la publicación de la memoria “Careless People” de Sarah Wynn-Williams, exdirectora de política pública global. El texto explora las acusaciones del libro, que detallan una cultura de comportamiento tóxico, prácticas comerciales cuestionables y una disposición a priorizar la penetración en el mercado sobre las consideraciones éticas, cuestionando, en última instancia, el poder y la influencia de gigantes tecnológicos como Meta.
El reciente intento de Meta, liderado por Mark Zuckerberg, para bloquear la memoria de Sarah Wynn-Williams, *Careless People*, es una contradicción flagrante con los valores declarados de la empresa y un testimonio de su comportamiento cada vez más autocrático. La ironía es palpable: una empresa que ha construido su imperio sobre el flujo libre de información ahora está recurriendo a maniobras legales para suprimir un relato crítico de su funcionamiento interno. Esta acción no se trata simplemente de proteger una marca; se trata de controlar la narrativa y silenciar la disidencia, revelando un nivel de paranoia y control que es profundamente perturbador. El hecho de que Meta esté dispuesta a gastar recursos significativos para evitar la publicación de un libro, en lugar de interactuar con su contenido, habla volúmenes sobre su falta de confianza y su disposición a emplear tácticas agresivas para mantener su poder.
La hipocresía se extiende aún más cuando se consideran los pronunciamientos recientes de Zuckerberg. Su reciente entrevista con Joe Rogan, donde abogó por una “energía más masculina” dentro de las corporaciones, suena hueco cuando se enfrenta a las acciones tomadas contra Wynn-Williams. La sugerencia de que las corporaciones deben ser más duras y asertivas se ve socavada por el hecho de que Meta está intentando sofocar una crítica legítima a través de medios legales. Es un caso clásico de decir una cosa y hacer otra, destacando la desconexión entre la imagen pública que Zuckerberg cultiva y la realidad de las prácticas operativas de Meta. El autor sugiere sarcásticamente una manifestación pública frente a Pan Macmillan, con un cartel que diga “contexto”, como una respuesta más apropiada a las críticas del libro que una costosa batalla legal.
Los fundamentos de la acción legal de Meta – que Wynn-Williams violó los términos de su acuerdo de separación – son, en el mejor de los casos, frágiles, e ignoran convenientemente el contexto más amplio del comportamiento de Meta. El autor señala lo absurdo de que Meta afirme que cualquiera puede ser despedido por “comportamiento tóxico”, dado el presunto papel de la empresa en el genocidio de la minoría Rohingya en Myanmar y su disposición a traicionar a ciudadanos vulnerables para la penetración en el mercado. La afirmación del autor de que Zuckerberg y su empresa deberían ser “denigrados cada minuto de cada día” es una respuesta directa a la escala del impacto de Meta y la falta de rendición de cuentas que ha demostrado. Las alegaciones del libro sobre que Meta ofrecía acceso a datos de usuario al régimen chino solidifican aún más la percepción de una empresa que opera con un desprecio flagrante por los límites éticos.
Los relatos internos dentro de *Careless People* pintan un cuadro perturbador de una cultura empresarial plagada de explotación y desequilibrios de poder. El autor relata la inquietante historia de una empleada femenina a la que se le animó a participar en un comportamiento inapropiado con un ejecutivo sénior en un avión privado, y la posterior represalia que enfrentó después de rechazar los avances. El relato de que Wynn-Williams casi muere en el parto y luego le dijeron que era “insuficientemente receptiva” durante su recuperación es particularmente reprobable, destacando la frialdad y la falta de apoyo dentro de la empresa. La historia de un ayudante de Zuckerberg que manipulaba el propio algoritmo de participación de su jefe subraya aún más las prácticas manipuladoras y cuestionables desde el punto de vista ético que impregnan las operaciones de Meta.
Más allá de la política interna, el libro profundiza en las implicaciones comerciales más amplias del dominio de Meta, exponiendo la culpabilidad de la empresa en la crisis mundial de adicción. El autor hace referencia a una predicción de un funcionario del Tesoro de EE. UU. de 2011 de que Facebook sería odiado tanto como los bancos de inversión, una profecía que lamentablemente se ha cumplido. La comparación con la Compañía de las Indias Orientales, un ejemplo histórico de una entidad poderosa que causó caos e inestabilidad, es particularmente apropiada, capturando el sentido de poder sin control y desprecio por el bienestar social que caracteriza las acciones de Meta. El uso del término “anarquía” por parte del autor para describir la situación actual transmite eficazmente el sentido de ilegalidad y falta de rendición de cuentas que prevalece en la era digital.
El impacto de Meta en los niños es particularmente alarmante. El autor destaca el fracaso de los políticos de todo el mundo occidental para proteger a los niños de los daños conocidos de las redes sociales, a pesar de la creciente evidencia de adicción, problemas de salud mental y exposición a contenido dañino. La reciente prohibición de las redes sociales para menores de 16 años en Australia es un paso bienvenido, pero es una medida reactiva en lugar de una solución proactiva. La observación del autor de que muchos jefes de Silicon Valley envían a sus propios hijos a escuelas Steiner, donde están protegidos de los mismos productos que están vendiendo sus empresas, es una condena demoledora de su hipocresía y falta de responsabilidad. La pregunta directa del autor sobre a qué escuelas asisten los hijos de Zuckerberg enfatiza aún más esta desconexión.
En última instancia, *Careless People* sirve como una llamada de atención, exponiendo el lado oscuro de la industria tecnológica y las consecuencias devastadoras del poder corporativo sin control. Es un recordatorio de que la búsqueda de ganancias no debe realizarse a expensas del bienestar social, y que aquellos que ejercen un poder inmenso deben rendir cuentas por sus acciones. El llamado a la acción del autor – para hacer más que simplemente “desplazarse con derrota” – es una súplica poderosa y urgente de cambio, instando a los individuos y los responsables políticos a enfrentar los desafíos planteados por Meta y otras empresas tecnológicas antes de que sea demasiado tarde. La satisfacción y el horror simultáneos del libro son un testimonio de su importancia y un catalizador para una necesaria rendición de cuentas con la era digital.
Los intentos de Zuckerberg por impedir la publicación de la memoria de Sarah Wynn-Williams revelan un preocupante patrón de poder corporativo, censura y explotación en Meta, similar al legado destructivo de compañías como la Compañía de las Indias Orientales. Es hora de dejar de consumir pasivamente y desafiar activamente el caos moderno impulsado por las poderosas empresas tecnológicas.
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