Fin de Windows 10: ¿Linux o al basurero?

A medida que Windows 10 se acerca al final de su soporte de actualizaciones de seguridad gratuitas en octubre, las organizaciones benéficas que reacondicionan y donan computadoras se enfrentan a una difícil elección: continuar apoyando un Windows 10 inseguro, reciclar los dispositivos o instalar Linux en hardware más antiguo que no cumple con los requisitos de Windows 11.

La inminente finalización de las actualizaciones de seguridad gratuitas para Windows 10 en octubre presenta un dilema significativo para las organizaciones benéficas de reacondicionamiento de computadoras. Estas organizaciones, vitales para proporcionar tecnología asequible a comunidades desatendidas, ahora se enfrentan a una difícil elección: continuar apoyando un sistema operativo que pronto será vulnerable, reciclar hardware potencialmente utilizable o adoptar la alternativa de instalar Linux. La situación se complica aún más por los estrictos requisitos de hardware de Microsoft para Windows 11, lo que hace que muchas PC aún funcionales sean obsoletas a los ojos de la industria tecnológica, a pesar de su capacidad para servir a un propósito valioso. Esto crea un conflicto entre las presiones capitalistas para actualizar y la responsabilidad social de proporcionar acceso a la tecnología a quienes no pueden pagarla.

El núcleo del problema radica en los requisitos de hardware de Windows 11 de Microsoft. Si bien parecen básicos (una CPU de 1 GHz o más rápida con al menos dos núcleos, 4 GB de RAM, 64 GB de almacenamiento, capacidad de Arranque Seguro y compatibilidad con TPM 2.0), la implementación práctica limita el soporte a procesadores relativamente recientes. Específicamente, la lista de CPU Intel compatibles de Microsoft solo se remonta a los chips de 8.ª generación (Coffee Lake, lanzados en 2017), y su lista de CPU AMD incorpora la serie Ryzen 2000 (de 2018) y superiores. Esto significa que las computadoras con CPU de 2017, 2018 o incluso 2019, incluso si están equipadas con amplia RAM y almacenamiento, se consideran no aptas para Windows 11. La consecuencia es que numerosas máquinas aún capaces, que representan una parte significativa del hardware donado, se dejan de lado de manera efectiva. Según Statcounter, Windows 10 actualmente tiene el 58,7% de todas las instalaciones de Windows, una cantidad sustancial de las cuales no cumplirán con estos nuevos requisitos.

Las implicaciones de ejecutar un Windows 10 no compatible son claras, como destaca Chester Wisniewski, Director y CISO global de campo de Sophos. Enfatiza que implementar Windows 10 en este momento es una “mala idea”, señalando la decisión interna de Microsoft de “obsoletar este equipo”. El riesgo proviene de la falta de actualizaciones de seguridad, lo que deja a los usuarios vulnerables a amenazas cibernéticas cada vez más sofisticadas. Wisniewski ilustra esto con la frecuencia de los parches de vulnerabilidad, señalando 57 vulnerabilidades abordadas el Martes de Parches, con 6 ya explotadas por delincuentes. El código base compartido entre Windows 10 y 11 significa que estas vulnerabilidades son fácilmente explotables en ambos sistemas operativos, transformándolos en “armas digitales” para delincuentes y estados-nación. El gran volumen de vulnerabilidades (57 en febrero y 159 en enero) subraya la urgencia de la situación.

Ante este desafío, algunas organizaciones benéficas están cambiando proactivamente su enfoque. Casey Sorensen, CEO de PCs for People, una de las organizaciones sin fines de lucro de reacondicionamiento de computadoras más grandes de EE. UU., ha decidido suspender las instalaciones de Windows 10. “Distribuiremos computadoras portátiles con Linux que sean de 6.ª o 7.ª generación”, afirma. En cambio, distribuirán computadoras portátiles con Linux o, para hardware más nuevo, máquinas con Windows 11. Las PC más antiguas, de quinta generación o anteriores, se envían a recicladores de residuos electrónicos. Esta decisión refleja un reconocimiento creciente de que los beneficios de proporcionar computadoras seguras y funcionales superan la posible interrupción de la transición de los usuarios a un nuevo sistema operativo. PCs for People, que opera en 11 estados y distribuye computadoras en todo Estados Unidos, reacondiciona 140.000 PC anualmente, lo que destaca la escala del desafío y el impacto potencial de este cambio.

La transición a Linux, sin embargo, no está exenta de obstáculos percibidos. Algunos usuarios expresan preocupación por la falta de familiaridad y la posible dificultad de adaptarse a un nuevo sistema operativo. Sin embargo, las distribuciones modernas de Linux son cada vez más fáciles de usar y capaces, lo que hace que la curva de aprendizaje sea menos desalentadora de lo que solía ser. La disponibilidad de amplio soporte en línea y foros comunitarios facilita aún más la transición. Además, los ahorros de costos asociados con el uso de software de código abierto, como LibreOffice como alternativa a Microsoft Office, son significativos. Si bien algunas aplicaciones, como Microsoft Teams y Notepad++, carecen de versiones nativas de Linux, existen alternativas viables y la funcionalidad general sigue siendo sólida. Las barreras percibidas para la adopción de Linux están disminuyendo, particularmente cuando se sopesan con los riesgos de seguridad de ejecutar un sistema operativo no compatible.

El contexto más amplio de esta situación revela una tensión entre las demandas de la industria tecnológica y las necesidades de las comunidades desatendidas. La implacable búsqueda de hardware y software más nuevos a menudo deja atrás dispositivos perfectamente funcionales, lo que contribuye a los residuos electrónicos y exacerba la brecha digital. La decisión de Microsoft de restringir Windows 11 a hardware más nuevo, aunque impulsada por consideraciones comerciales, tiene consecuencias no deseadas para quienes dependen de tecnología asequible. Las acciones de organizaciones como PCs for People y la creciente adopción de Linux por parte de organizaciones benéficas representan una contranarrativa, que demuestra un compromiso de extender la vida útil del hardware existente y proporcionar acceso a la tecnología para todos.

En última instancia, la elección que enfrentan las organizaciones benéficas de reacondicionamiento de computadoras no se trata simplemente de sistemas operativos; se trata de responsabilidad social y sostenibilidad. Continuar apoyando Windows 10 expone a los usuarios a riesgos de seguridad inaceptables, mientras que desechar hardware perfectamente utilizable contribuye al desperdicio ambiental. Adoptar Linux, aunque requiere un cambio en los hábitos de los usuarios, ofrece una alternativa viable y segura, que se alinea con los principios de ingenio e inclusión. La creciente facilidad de uso y la sólida funcionalidad de las distribuciones modernas de Linux hacen que esta transición sea cada vez más atractiva, ofreciendo un camino hacia un panorama tecnológico más equitativo y sostenible. La decisión de priorizar la seguridad, la asequibilidad y la responsabilidad ambiental sobre las demandas de las últimas tendencias tecnológicas es un paso crucial para cerrar la brecha digital y empoderar a las comunidades desatendidas.

A medida que Windows 10 llega al final de su vida útil, las organizaciones benéficas se enfrentan a un dilema: seguir ofreciendo máquinas Windows 10 inseguras, reciclar PCs antiguos o adoptar Linux. Si bien Linux presenta una alternativa viable, segura y fácil de usar, la transición requiere adaptación y una voluntad de explorar nuevo software. Quizás sea hora de reconsiderar nuestra dependencia de los sistemas operativos propietarios y defender las soluciones de código abierto para un futuro digital más sostenible y accesible.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *