Desastre de Meta: El Censor Falló

Este artículo examina la reciente controversia en torno a Meta y un libro de denuncia, *Careless People*, que detalla las operaciones internas de la empresa y los presuntos intentos de acceder al mercado chino. La publicación del libro ha sido recibida con un rápido e infructuoso esfuerzo legal para suprimirlo, lo que irónicamente resalta el efecto Streisand y llama la atención sobre las prácticas de Meta, particularmente aquellas relacionadas con la censura y su alineación con el control de Mark Zuckerberg.

El artículo se centra principalmente en las consecuencias del libro de denuncia de Sarah Wynn-Williams, *Gente descuidada*, y los intentos posteriores de Meta por suprimirlo, destacando una serie de ironías e implicaciones más amplias para la política global y la regulación de la tecnología. La reacción inicial del equipo legal de Meta, que intentó impedir que Wynn-Williams hiciera comentarios críticos, fue contraproducente de inmediato, lo que demostró una profunda incomprensión del efecto Streisand, un fenómeno en el que los esfuerzos de censura amplifican inadvertidamente la información que pretenden ocultar. Macmillan, la editorial de Meta, respondió con un desafiante “Que os den”, solidificando aún más la narrativa del exceso corporativo y destacando el probable resultado de un mayor interés público en el libro. Esto prepara el escenario para una exploración de los problemas más profundos que rodean las operaciones de Meta y su relación con su Gobernante Supremo, Mark Zuckerberg.

Una ironía central presentada es la reciente defensa de Zuckerberg de la “libertad de expresión”, que se hace eco particularmente de la comprensión de la libertad de expresión promovida por el régimen de Trump, yuxtapuesta con sus esfuerzos por silenciar a Wynn-Williams. Esta descarada hipocresía subraya un patrón de comportamiento en el que las acciones de Meta a menudo contradicen sus pronunciamientos públicos. El artículo traza paralelismos con la era de Microsoft bajo Bill Gates, enfatizando cómo la importante participación accionarial de Zuckerberg le otorga un control casi absoluto sobre la empresa, permitiendo que sus obsesiones personales dicten la estrategia corporativa. Esta concentración de poder, como se evidencia en los documentos de la SEC de Meta, significa que incluso una venta de la empresa en contra de los deseos de los accionistas y la junta directiva sigue siendo una posibilidad únicamente a discreción de Zuckerberg.

El enfoque estratégico de Wynn-Williams hacia la denuncia complica aún más la narrativa. En lugar de una publicación espontánea, se preparó meticulosamente para la publicación presentando proactivamente una queja ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), informando al Washington Post, participando en una entrevista convincente con Emily Maitlis y culminando con una aparición en el podcast de Steve Bannon. Esta secuencia calculada de eventos sugiere un esfuerzo deliberado para maximizar la exposición y minimizar el impacto de cualquier posible desafío legal. El artículo postula que el aspecto más valioso de su denuncia es el retrato íntimo que ofrece del funcionamiento interno de una importante empresa tecnológica, revelando una cultura corporativa impulsada por los caprichos de su líder.

El núcleo de las acusaciones de Wynn-Williams gira en torno a los persistentes esfuerzos de Meta por obtener acceso al mercado chino, a pesar de los desafíos inherentes que plantean las estrictas regulaciones de censura de China. El artículo detalla una serie de acciones emprendidas por Meta, incluido el desarrollo de un sistema de censura en 2015 que permitía a un “editor jefe” eliminar contenido y cerrar la plataforma durante los “disturbios sociales”, la creación de un “equipo de China” en 2014 para desarrollar versiones de los servicios de Meta que cumplieran con China, y la consideración de debilitar las protecciones de privacidad para los usuarios de Hong Kong. Otras acciones incluyeron la construcción de un sistema de censura especializado con detección automática de términos restringidos y la restricción de la cuenta de Guo Wengui, un crítico del gobierno chino, siguiendo las sugerencias de un regulador de Internet chino. Estos esfuerzos solo cesaron cuando las administraciones de Trump y Biden comenzaron a considerar a China como una amenaza estratégica para Estados Unidos. El Washington Post, citando la presentación de 78 páginas de Wynn-Williams ante la SEC, afirma haber verificado estas acusaciones, lo que otorga una credibilidad significativa a su relato.

El artículo luego amplía su alcance, estableciendo una comparación entre Meta y los conglomerados industriales tradicionales como las empresas petroleras, mineras y tabacaleras. Argumenta que estos gigantes tecnológicos son esencialmente equivalentes modernos, que ejercen un poder e influencia inmensos. Además, el artículo destaca la interrelación de los intereses de Meta con los del Estado estadounidense, particularmente dada su alineación pasada con Donald Trump. Esta conexión plantea serias preocupaciones sobre el potencial de interferencia política y la erosión de la soberanía nacional.

Finalmente, el artículo aborda las implicaciones para el Reino Unido, advirtiendo que cualquier intento del gobierno británico de regular Meta, X (anteriormente Twitter) o Amazon será percibido como un acto de guerra económica por parte de Estados Unidos. Critica el enfoque actual del gobierno laborista, acusando a Starmer y su equipo de depender demasiado del “Kool Aid” dispensado por el Instituto Tony Blair con respecto a la IA y destacando la “sumisa reverencia” del secretario de tecnología Peter Kyle en presencia de ejecutivos tecnológicos estadounidenses como un problema de seguridad nacional. El artículo concluye con un llamado al gobierno del Reino Unido para que demuestre una mayor determinación y afirme sus propios intereses frente a la presión estadounidense, reconociendo la necesidad de un enfoque más independiente y asertivo para regular el poder de estas empresas tecnológicas globales.

El artículo revela los agresivos intentos de Meta por suprimir la crítica de un denunciante, irónicamente resaltando el efecto Streisand y exponiendo la implacable búsqueda de crecimiento de la empresa, incluso a través de la censura y compromisos cuestionables con regímenes autoritarios. El relato de Wynn-Williams pinta a Meta como una extensión de la voluntad de Mark Zuckerberg, similar a gigantes tecnológicos del pasado, y plantea serias preocupaciones sobre la implicación de las empresas tecnológicas estadounidenses con los intereses nacionales, exigiendo una postura más firme del gobierno del Reino Unido en materia de regulación y el rechazo a la sumisión a la influencia tecnológica estadounidense.

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