Ejercicio como Medicina: Nuevo Modelo Contra el Cáncer

Un investigador de Northeastern está liderando un nuevo enfoque para el tratamiento del cáncer, explorando el potencial de las prescripciones de ejercicio personalizadas para suprimir el crecimiento tumoral. Investigaciones recientes, utilizando un modelo matemático basado en estudios con ratones, sugieren que la intensidad y duración del ejercicio pueden disminuir la proliferación de células malignas al influir en la función inmunitaria.

La Universidad Northeastern está a la vanguardia en la exploración del potencial del ejercicio como herramienta terapéutica en la lucha contra el cáncer. Un estudio innovador, liderado en parte por Jay Taylor, estudiante de segundo año de doctorado en terapia física con formación en informática, está construyendo un caso convincente para la integración de prescripciones de ejercicio personalizadas en los planes de tratamiento contra el cáncer. Esta investigación, publicada en la prestigiosa revista Physical Biology, presenta un sofisticado modelo matemático que intenta cuantificar la intrincada relación entre el ejercicio, la función inmunológica y la progresión del cáncer. La idea central es avanzar hacia un nuevo tipo de medicina de precisión donde el ejercicio no sea solo una recomendación general, sino una intervención a medida diseñada para atacar y suprimir específicamente el crecimiento tumoral.

La base de esta investigación radica en el análisis de datos de modelos que involucran ratones corriendo en ruedas. Estos experimentos proporcionaron información crucial sobre cómo los diferentes niveles de intensidad y duración del ejercicio impactan la proliferación de células malignas. Taylor enfatiza que este estudio proporciona evidencia cuantitativa valiosa para respaldar la creencia, sostenida desde hace mucho tiempo, de que el ejercicio es beneficioso para los pacientes con cáncer. Considera esta investigación como un “primer paso” fundamental hacia el desarrollo de prescripciones de ejercicio individualizadas, visualizando un futuro donde los oncólogos puedan prescribir regímenes de ejercicio específicos basados en las necesidades únicas y el tipo de cáncer de un paciente.

El modelo matemático desarrollado por el equipo de investigación profundiza en los mecanismos celulares por los cuales el ejercicio ejerce sus efectos anticancerígenos. Específicamente, el modelo describe la transición de las células asesinas naturales, un componente vital del sistema inmunológico, de un estado inactivo a uno activo. Esta activación está relacionada con el aumento inducido por el ejercicio en los niveles de una proteína llamada interleucina (IL) 6. Taylor aclara que la IL6 es una molécula de señalización o citocina que puede tener propiedades tanto antiinflamatorias como inflamatorias, dependiendo de cómo se genere dentro de las células.

Crucialmente, cuando la IL6 se genera a través del ejercicio, exhibe propiedades antiinflamatorias. En este estado antiinflamatorio, estas citocinas juegan un papel importante en la influencia de las células asesinas naturales, impulsándolas a volverse activas y atacar y eliminar eficazmente las células tumorales malignas. Taylor explica este proceso concisamente: “La IL6 activa las células asesinas naturales que forman parte de nuestro sistema inmunológico. (El ejercicio) ayuda a las células asesinas naturales a cambiar de estado de inactivo a activo”. Este mecanismo resalta el vínculo directo entre la actividad física y el fortalecimiento de las defensas naturales del cuerpo contra el cáncer.

Además, la investigación indica que la intensidad del ejercicio se correlaciona directamente con una reducción en el tamaño del tumor. Este fenómeno no se limita a una sola sesión de ejercicio, sino que continúa incluso a través de múltiples paradas y arranques en una rutina de ejercicios, lo que sugiere un beneficio sostenido. Taylor también señala que el aumento de la duración del ejercicio contribuye de manera similar a una disminución en el nivel de células tumorales. Esto se atribuye en parte al aumento del flujo sanguíneo que promueve el ejercicio, que efectivamente entrega un mayor número de células asesinas naturales a los sitios del cáncer.

El estudio también exploró el impacto del “ejercicio de múltiples sesiones”, que implica múltiples períodos de ejercicio. Los hallazgos revelaron que participar en ejercicio de múltiples sesiones condujo a una supresión aún mayor de los tumores. Si bien los parámetros precisos para la duración e intensidad óptimas aún están bajo investigación, la investigación demostró claramente un efecto sostenido de supresión tumoral. Taylor resume los hallazgos al afirmar: “Modelamos el crecimiento de (tumores) a lo largo del tiempo y vimos que cuando introducíamos el ejercicio, disminuía y se estabilizaba”. Esta observación subraya el potencial del ejercicio no solo para frenar el crecimiento tumoral, sino también para estabilizarlo.

Si bien esta investigación representa un paso significativo hacia adelante, Taylor reconoce que se necesita más trabajo para comprender completamente cómo se puede utilizar mejor el ejercicio en el tratamiento del cáncer. La investigación futura se centrará en identificar los tipos de ejercicio más efectivos y cómo las prescripciones de ejercicio se pueden personalizar para que funcionen en conjunto con el tipo de sangre de un paciente con cáncer y los tratamientos de quimioterapia en curso. La investigación actual, aunque poderosa, todavía es generalizada, con el objetivo principal de demostrar definitivamente que el ejercicio es una herramienta eficaz contra el cáncer.

Para Taylor, la búsqueda de soluciones para el cáncer es profundamente personal. Comparte que el cáncer ha impactado significativamente a su familia, con el padre de su esposa sucumbiendo al cáncer de riñón, su abuelo falleciendo de leucemia y su propio padre luchando contra el linfoma no Hodgkin en etapa 4. Esta conexión personal alimenta su dedicación a esta investigación, haciendo que la lucha contra el cáncer sea “una gran parte de nuestras vidas”. Este impulso personal agrega otra capa de significado al rigor científico y al impacto potencial de su trabajo.

Un investigador de Northeastern ha creado un modelo matemático que muestra cómo el ejercicio, especialmente a través de su impacto en la interleucina-6 y las células asesinas naturales, puede suprimir el crecimiento tumoral. Esta investigación abre la puerta a “recetas” de ejercicio personalizadas para pacientes con cáncer, aunque se necesita más estudio para determinar los tipos de ejercicio y estrategias de personalización óptimos. ¿Podría el poder del movimiento convertirse en una herramienta vital en la lucha contra el cáncer?

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *