Antibióticos en recién nacidos debilitan respuesta a vacunas

Nuevas investigaciones sugieren que el uso de antibióticos en recién nacidos puede afectar sus sistemas inmunológicos. Un estudio australiano reciente exploró la relación entre la exposición a antibióticos en las primeras semanas de vida y la efectividad de las vacunas rutinarias, planteando la hipótesis de que los cambios en el microbioma intestinal juegan un papel significativo.

Nuevas investigaciones sugieren una relación entre el tratamiento con antibióticos en recién nacidos y la reducción de las respuestas inmunitarias a las vacunas más adelante en la infancia. Un estudio realizado en Australia rastreó a 191 bebés sanos desde el nacimiento, observando que aquellos que recibieron antibióticos en sus primeras semanas de vida exhibieron niveles notablemente más bajos de anticuerpos contra varias vacunas tanto a los siete como a los 15 meses de edad. Este hallazgo apunta a un impacto potencial de la exposición temprana a antibióticos en la capacidad del sistema inmunológico en desarrollo para montar una respuesta robusta a las vacunas.

El estudio investigó además las vías a través de las cuales podría ocurrir este efecto, centrándose en el microbioma intestinal. De los 191 bebés, 111 habían sido expuestos a antibióticos en el período neonatal, ya sea a través de tratamiento directo (32 recién nacidos), indirectamente a través de madres que recibieron antibióticos durante el parto (49), o a través de madres que tomaron antibióticos en las primeras seis semanas posparto (30). Los investigadores evaluaron los microbiomas de los bebés alrededor del momento de sus primeras vacunaciones de rutina a las seis semanas. Un hallazgo clave fue que los bebés tratados directamente con antibióticos al nacer tenían una presencia reducida de un grupo beneficioso de bacterias intestinales conocidas como Bifidobacterium.

Esta reducción en Bifidobacterium se correlacionó directamente con niveles más bajos de anticuerpos contra múltiples componentes de la vacuna antineumocócica, así como contra Haemophilus influenzae tipo b, tanto a los siete como a los 15 meses. El profesor David Lynn, director de programa en el Instituto de Investigación Médica y de Salud de Australia del Sur y colíder de la investigación, destacó la importancia de Bifidobacterium, señalando su presencia común en el intestino infantil sano durante las primeras semanas de vida. Explicó que estas bacterias son particularmente expertas en metabolizar los oligosacáridos de la leche humana, un tipo de carbohidrato que se encuentra en la leche materna, lo que contribuye a su alta prevalencia en los bebés amamantados.

El profesor Lynn, también profesor de inmunología de sistemas en la Universidad de Flinders, profundizó en el papel de Bifidobacterium, sugiriendo que estas bacterias proporcionan al sistema inmunológico un “empujón extra”, preparándolo eficazmente para una respuesta óptima de anticuerpos a las vacunas. Hizo hincapié en la importancia crítica de la composición del microbioma en el momento de la vacunación, afirmando que los antibióticos pueden alterar la colonización normal por bifidobacterias, permitiendo que otros tipos de bacterias colonicen el intestino en su lugar. Se cree que esta alteración es un factor clave en la reducción observada de las respuestas a las vacunas.

Apoyando aún más el papel de Bifidobacterium, la investigación también incluyó estudios sobre la inmunidad en ratones libres de gérmenes. Estos experimentos demostraron que las respuestas de anticuerpos a la vacuna antineumocócica dependían en gran medida de la presencia de Bifidobacterium y mejoraban cuando se les administraba a los ratones un probiótico que contenía estas bacterias. Esta evidencia de modelos animales refuerza los hallazgos en bebés humanos y fortalece la hipótesis de que Bifidobacterium juega un papel crucial en la eficacia de las vacunas.

Curiosamente, el estudio, que involucró a investigadores de 12 instituciones de toda Australia, no observó respuestas reducidas a las vacunas en los bebés cuyas madres recibieron antibióticos durante el parto. Esto sugiere que el tratamiento directo con antibióticos en recién nacidos puede tener un impacto más persistente y significativo en el microbioma intestinal en comparación con la exposición indirecta a través de la madre durante el parto. El momento y la vía de exposición a los antibióticos parecen ser factores importantes que influyen en los efectos a largo plazo en el desarrollo inmunológico del bebé.

A pesar de estos hallazgos, el profesor Lynn enfatizó que los resultados del estudio no deberían causar una preocupación indebida a los padres de recién nacidos tratados con antibióticos. Explicó que normalmente hay muy buenas razones para administrar antibióticos a los neonatos, ya que las infecciones y la sepsis durante este período crítico de la vida temprana pueden ser extremadamente graves. Los beneficios de tratar infecciones potencialmente mortales a menudo superan el impacto potencial en las respuestas a las vacunas.

Además, el profesor Lynn señaló que los recién nacidos tratados con antibióticos aún montaron “respuestas bastante decentes a todas las vacunas”. Señaló que alrededor de los siete meses, la mayoría de estos bebés estaban por encima del “umbral seroprotector”, lo que indica que se esperaría que estuvieran protegidos contra la infección. Sin embargo, agregó que lo que sí parece suceder es que, con el tiempo, estas respuestas tienden a disminuir un poco más rápido en los bebés que recibieron tratamiento directo con antibióticos. Esto sugiere una posible necesidad de un seguimiento más cercano de la inmunidad en este grupo.

Los autores reconocieron que el estudio tenía un tamaño de muestra “relativamente modesto” y no incluía a bebés que habían nacido por cesárea, lo que se sabe que influye en la colonización inicial del microbioma intestinal. Estas limitaciones sugieren que se necesita más investigación con cohortes más grandes y diversas para confirmar y ampliar estos hallazgos.

En un desarrollo prometedor, los investigadores planean comenzar un ensayo clínico en los próximos meses. Este ensayo investigará si la administración de un probiótico que contenga Bifidobacterium a los recién nacidos tratados con antibióticos podría mejorar las respuestas de anticuerpos a las vacunas de rutina. Este probiótico se considera seguro y ya se usa ampliamente en hospitales para proteger a los bebés prematuros contra la enterocolitis necrotizante, una afección intestinal grave. El resultado de este ensayo podría conducir potencialmente a intervenciones que mitiguen el impacto negativo de la exposición temprana a antibióticos en la inmunidad a las vacunas.

Los recién nacidos tratados con antibióticos muestran respuestas de anticuerpos reducidas a las vacunas, probablemente debido a la alteración de bacterias beneficiosas en el intestino, como Bifidobacterium. Aunque el impacto no es lo suficientemente grave como para eliminar la protección, las respuestas podrían disminuir más rápidamente con el tiempo. Los investigadores están explorando probióticos para mitigar este efecto, lo que resalta el vínculo crucial entre el microbioma infantil y el desarrollo inmunológico, recordándonos que incluso intervenciones aparentemente simples pueden tener consecuencias complejas y duraderas.

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