China Desafía a Trump: La Guerra Comercial, una Oportunidad

A medida que aumentan las tensiones entre Estados Unidos y China, el presidente Trump ha anunciado aranceles generalizados sobre bienes de numerosos países, incluyendo China. Mientras muchas naciones se esfuerzan por negociar acuerdos con Trump, China está adoptando un enfoque marcadamente diferente, desafiando públicamente a Estados Unidos y enmarcando la situación como una oportunidad para remodelar el panorama comercial global.

La respuesta de China a los aranceles de Trump ha sido de rápida y desafiante represalia, posicionándose como un fuerte oponente a lo que califica de “acoso unilateral” por parte de Estados Unidos. En las 48 horas siguientes al anuncio inicial de los aranceles de Trump, China implementó sus propias medidas punitivas sobre bienes y empresas estadounidenses. A esta contramedida inmediata le siguió una postura resuelta contra la amenaza posterior de Trump de intensificar aún más los aranceles. Como declaró el Ministerio de Comercio chino, la amenaza de Estados Unidos fue un “error sobre otro error” y expuso la “naturaleza de chantaje de Estados Unidos”, prometiendo que China “lucharía hasta el final” si Estados Unidos persistía.

Esta desafío no es meramente reactivo, sino que parece ser una estrategia cuidadosamente calculada por el gobierno chino bajo Xi Jinping. Beijing ha transmitido activamente un mensaje claro tanto a nivel nacional como internacional: China está preparada para resistir una guerra comercial y salir fortalecida. Un comentario en el órgano de expresión del gobernante Partido Comunista Chino, el Diario del Pueblo, afirmó que si bien los aranceles estadounidenses tendrían un impacto, “el cielo no se caerá”. Destacó la resiliencia de China desde que comenzó la guerra comercial inicial en 2017, afirmando que “cuanta más presión recibimos, más fuertes nos volvemos”. El comentario enfatizó el “fuerte liderazgo” del Partido Comunista y las “ventajas institucionales” del país como factores que permitirían a China “convertir la crisis en oportunidad”.

La escalada de los aranceles ha sido significativa. Trump reveló un arancel adicional del 34% sobre todos los bienes chinos, lo que elevó el total de los derechos a más del 54%. China respondió de la misma manera con sus propios aranceles base del 34% sobre todas las importaciones estadounidenses, junto con otras medidas como controles de exportación sobre minerales de tierras raras y restricciones comerciales a empresas estadounidenses específicas. Esta dinámica de toma y daca se intensificó cuando Trump amenazó con un arancel adicional del 50% sobre las importaciones chinas si Beijing no eliminaba sus aranceles de represalia, anunciando también la cancelación de “reuniones solicitadas” con China.

La retórica de Beijing sugiere un cálculo estratégico de que la interrupción comercial podría, en última instancia, perjudicar más a Estados Unidos que a China. Ryan Hass, miembro principal de la Brookings Institution, señaló en la plataforma de redes sociales X que sus homólogos chinos argumentaron que Estados Unidos estaba cometiendo un error que “socavaría su propia posición global”. Agregó que existe un debate sobre si el mundo está entrando en un período de bloques o en una transición hacia una era de globalización sin Estados Unidos, y Beijing aparentemente prefiere el último escenario y no está dispuesto a ser visto como pasivo en respuesta a Estados Unidos.

En este contexto de crecientes tensiones comerciales, China ha buscado activamente proyectarse como un campeón alternativo de una economía globalizada y un socio económico estable. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que, como la segunda economía y mercado de consumo más grande del mundo, China “solo seguirá abriendo sus puertas más ampliamente, independientemente del cambiante panorama internacional”. Este mensaje se ve reforzado por acciones como la de Ling Ji, viceministro del Ministerio de Comercio de China, que recibió a representantes de 20 empresas financiadas por Estados Unidos, como Tesla y GE HealthCare. Ling promovió a China como un lugar “ideal, seguro y prometedor” para la inversión e instó a las empresas estadounidenses a ser “voces racionales” y a tomar “medidas prácticas” para mantener la estabilidad de las cadenas de producción y suministro globales.

Expertos económicos chinos también han enmarcado la agitación comercial como una oportunidad para Beijing. Liu Zhiqin, investigador principal del Instituto Chongyang de Estudios Financieros, dijo a la emisora estatal CCTV que China estaba enviando un mensaje significativo de que no podía retroceder ni tolerar el acoso de Estados Unidos, ya que la tolerancia conduciría a más acoso. Ju Jiandong, profesor de la Universidad Tsinghua, caracterizó la situación como China y Estados Unidos siendo “rivales directos en la remodelación del orden comercial internacional”, afirmando que China estaba “lista para competir con Estados Unidos en la redefinición del nuevo sistema comercial global”.

Sin embargo, es probable que los socios comerciales de China vean este mensaje con cautela. Beijing tiene un historial de usar el acceso a su enorme mercado como palanca para coaccionar a los países sobre posturas políticas. También existen preocupaciones de que las exportaciones chinas puedan inundar otros mercados, lo que podría perjudicar la producción nacional o hacer bajar los precios al consumidor. No obstante, dado que los aranceles estadounidenses impactan tanto a los aliados como a los rivales, los países pueden verse obligados a fortalecer los lazos con China si persiste la actual tendencia proteccionista. Beijing ha mantenido recientemente conversaciones económicas con países como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, todos los cuales se han visto afectados por los aranceles estadounidenses. Las economías del sudeste asiático, centros de fabricación clave, también se han visto significativamente afectadas, lo que ha provocado una sensación de malestar en la región, como lo articuló el primer ministro de Singapur, Lawrence Wong, quien describió la situación como un “cambio sísmico en el orden global”, marcando el fin de la “globalización basada en reglas y el libre comercio”.

A pesar de la confianza externa, China se está preparando para el impacto potencial de un período prolongado de escalada. Expertos como Craig Singleton de la Fundación para la Defensa de las Democracias advierten que el desafío de Xi corre el riesgo de “encerrar a ambos líderes en una espiral de escalada”, lo que dificulta la desescalada sin perder la cara. La guerra comercial llega en un momento en que la economía china se ha enfrentado a desafíos, incluida una crisis del sector inmobiliario, una alta deuda de los gobiernos locales y las consecuencias de los controles de la pandemia. El mes pasado, el gobierno chino anunció medidas para impulsar el consumo interno en previsión del impacto en su crecimiento impulsado por las exportaciones. El comentario del Diario del Pueblo indicó que China “impulsaría vigorosamente el consumo interno con esfuerzos extraordinarios” e introduciría “una serie de políticas de reserva según corresponda”.

Fundamentalmente, a diferencia de muchas otras naciones, el manejo de estos desafíos económicos por parte del Partido Comunista Chino no estará sujeto al juicio de un electorado. Esto permite una tolerancia potencialmente mayor al dolor económico. A la sombra de las últimas amenazas de Trump, la cuestión de cuán lejos y rápido podría escalar la guerra comercial se cierne sobremanera, y ambas partes poseen más opciones para aumentar las sanciones. Cuanto más se intensifique el conflicto, más difícil puede ser para las dos economías más grandes del mundo encontrar un camino hacia la resolución.

A medida que Trump intensifica los aranceles, China se posiciona desafiante como defensora de la globalización y socio económico alternativo, viendo la guerra comercial como una oportunidad para remodelar el orden comercial global. A pesar de prepararse para el impacto económico, Pekín muestra resiliencia y voluntad de competir, lo que genera preocupación por una escalada más profunda y un panorama global fracturado, dejando al mundo a navegar un futuro cada vez más incierto.

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