Desequilibrio Intestinal Vinculado a Conductas Autistas en Niños

Investigaciones recientes de científicos de la USC sugieren una conexión significativa entre el intestino y el cerebro en niños con autismo. El estudio, publicado en Nature Communications, se basa en una comprensión creciente del “eje intestino-cerebro” y propone que los desequilibrios en el microbioma intestinal pueden alterar la producción de neurotransmisores, contribuyendo potencialmente a las dificultades sociales y los comportamientos repetitivos a menudo asociados con el autismo.

Un nuevo estudio de científicos de la USC revela una conexión significativa entre el microbioma intestinal y el comportamiento en niños con autismo, sugiriendo una vía potencial para nuevos tratamientos. Esta investigación, publicada en *Nature Communications*, proporciona evidencia convincente del “eje intestino-cerebro” y su influencia en la manifestación de síntomas relacionados con el autismo.

El hallazgo central del estudio se centra en la interrupción de la producción de neurotransmisores debido a desequilibrios dentro del microbioma intestinal. Específicamente, la investigación indica que estos desequilibrios conducen a una alteración en los niveles de metabolitos en el sistema digestivo, lo que, a su vez, afecta la producción de neurotransmisores, influyendo en última instancia en síntomas conductuales como dificultades sociales y comportamientos repetitivos. Esta conexión está respaldada por el análisis de datos de 43 niños con autismo y 41 niños neurotípicos, donde los investigadores correlacionaron los metabolitos intestinales con las diferencias cerebrales y las características conductuales.

El estudio enfatiza el papel crítico de la conexión intestino-cerebro, un concepto que puede parecer sorprendente a primera vista. Sin embargo, como explica la primera autora, Lisa Aziz-Zadeh, el intestino fue probablemente el primer “cerebro” desde una perspectiva evolutiva. Esto se ve respaldado por el hecho de que el intestino contiene una vasta red de neuronas, incluso más que la médula espinal.

Esta conexión crucial se destaca por el hecho de que la mayoría de las señales neuronales, aproximadamente el 90%, viajan del intestino al cerebro, mientras que solo el 10% van en la dirección opuesta. Esta comunicación constante explica por qué a menudo nos referimos a la “intuición” o a “sentirlo en las entrañas”. Muchas emociones se procesan a través de mecanismos relacionados con el intestino, un concepto conocido como interocepción, que es la percepción de las sensaciones corporales internas.

Los investigadores se centraron en la “vía del triptófano” en su análisis. Esta vía implica la descomposición del triptófano, un aminoácido que se encuentra en muchos alimentos, en varios metabolitos, incluida la serotonina. La serotonina es un neurotransmisor crucial para el procesamiento emocional, la interacción social, el aprendizaje y otras funciones cerebrales vitales.

El estudio encontró que los cambios en la salud intestinal pueden influir en la producción de serotonina, ya que gran parte de la serotonina del cuerpo se origina en el microbioma intestinal. Esto es significativo porque los niños con autismo a menudo exhiben tanto diferencias cerebrales como problemas gastrointestinales. Como señaló Aziz-Zadeh, “Sabemos que los niños con autismo tienen diferencias cerebrales: ciertas partes de su cerebro son menos activas o más activas en comparación con los niños con desarrollo típico. También sabemos que a menudo experimentan problemas gastrointestinales, como estreñimiento, dolor de estómago y otros problemas digestivos”.

Los investigadores recopilaron datos de comportamiento, datos de imágenes cerebrales y muestras de heces de los participantes para respaldar sus hallazgos. Al analizar las muestras de heces, pudieron identificar y analizar los metabolitos producidos por las bacterias intestinales. Estos metabolitos se correlacionaron luego con las diferencias cerebrales y las características conductuales observadas en los niños con autismo.

Las implicaciones de esta investigación son significativas, ya que abre la posibilidad de nuevas vías de tratamiento. Sofronia Ringold, una estudiante de doctorado involucrada en el estudio, expresó entusiasmo por el potencial de las intervenciones dirigidas al intestino para influir en la actividad neuronal y el comportamiento, aliviando potencialmente algunos de los síntomas más incómodos asociados con el autismo. Esta investigación ofrece una dirección prometedora para futuros estudios e intervenciones destinadas a mejorar la vida de los niños con autismo.

La investigación fue apoyada por subvenciones del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver y el Premio de Desarrollo de Ideas del Departamento de Defensa. El esfuerzo de colaboración involucró a investigadores de la USC y UCLA, lo que destaca la importancia de la colaboración interinstitucional para avanzar en la comprensión científica.

Científicos de la USC han descubierto una conexión importante entre desequilibrios intestinales, la producción de neurotransmisores (especialmente serotonina) y rasgos de comportamiento como dificultades sociales y comportamientos repetitivos en niños con autismo. Esta investigación, publicada en *Nature Communications*, resalta el eje “intestino-cerebro” y sugiere nuevas vías de tratamiento potenciales al enfocarse en el microbioma intestinal para influir en la actividad cerebral y aliviar los síntomas del autismo. ¿Podría la comprensión y modulación del microbioma intestinal ser clave para desbloquear intervenciones más efectivas para niños con autismo?

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *