Departamento de Estado cierra oficina de desinformación

El Departamento de Estado de Estados Unidos cerró recientemente el Centro de Compromiso Global, una oficina establecida para contrarrestar campañas de desinformación originadas en países como Rusia, China e Irán. El Secretario de Estado, Marco Rubio, citó preocupaciones sobre la posible restricción de la libertad de expresión por parte de la oficina como la razón de su cierre, lo que desató un debate sobre su papel e impacto.

El Departamento de Estado ha cerrado recientemente su Centro de Compromiso Global, una oficina específicamente encargada de combatir las campañas de desinformación originadas en Rusia, China e Irán. Esta decisión, anunciada por el Secretario de Estado Marco Rubio, marca un cambio significativo en el enfoque del departamento para abordar la desinformación liderada por extranjeros.

Rubio justificó el cierre alegando que el centro había sobrepasado sus límites, particularmente al supuestamente restringir la libertad de expresión tanto dentro de Estados Unidos como a nivel internacional. Afirmó que la oficina había estado “silenciando y censurando activamente las voces de los estadounidenses a quienes se suponía que servía”, una práctica que consideró “antitética” a los principios de la libertad de expresión. Por ejemplo, el centro había sido criticado por identificar sitios web y cuentas de redes sociales estadounidenses que creía que estaban difundiendo desinformación, especialmente con respecto a la guerra de Rusia y Ucrania.

La función principal del Centro de Compromiso Global era identificar y contrarrestar las operaciones de desinformación, particularmente aquellas originadas en Rusia. Esto incluía analizar informes de los medios y contenido en línea para exponer narrativas que el centro consideraba sesgadas o falsas. El trabajo del centro a menudo se centraba en identificar y desacreditar información falsa o engañosa diseñada para socavar los intereses de Estados Unidos e influir en la opinión pública.

Sin embargo, las acciones del centro suscitaron críticas de círculos conservadores, quienes lo acusaron de parcialidad y censura. Estos críticos argumentaron que los esfuerzos del centro para señalar y desacreditar ciertos medios de comunicación y cuentas en línea equivalían a un intento de controlar el flujo de información y suprimir las voces disidentes. El cierre del centro refleja estas preocupaciones y señala un cambio en las prioridades del Departamento de Estado.

En contraste con la postura de Rubio, el trabajo del centro había obtenido previamente apoyo del Congreso y de la anterior dirección del Departamento de Estado. Esto sugiere una divergencia de opinión con respecto a la efectividad del centro y los riesgos potenciales que planteaba. El cierre, por lo tanto, representa un cambio de política que probablemente será debatido y escrutado.

El ex portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, criticó enérgicamente la decisión, calificándola de “representación profundamente engañosa (y) poco seria” de una organización centrada en contrarrestar la desinformación extranjera. La respuesta de Price destaca las opiniones contrastantes sobre el papel del centro y las posibles consecuencias de su cierre. Enfatizó la importancia del trabajo del centro en la identificación y el combate de los esfuerzos de desinformación rusos, lo que implica que su cierre podría debilitar la capacidad de Estados Unidos para contrarrestar las operaciones de influencia extranjera.

El cierre del Centro de Compromiso Global plantea interrogantes sobre el futuro de los esfuerzos del Departamento de Estado para combatir la desinformación. Queda por ver cómo el departamento abordará la amenaza continua de las campañas de desinformación lideradas por extranjeros, y si se implementarán estrategias alternativas para llenar el vacío dejado por el cierre del centro. La decisión subraya la naturaleza compleja y, a menudo, conflictiva de abordar la desinformación en la era digital, y el debate en curso sobre el equilibrio entre la protección de la libertad de expresión y la lucha contra las narrativas dañinas.

El Departamento de Estado, bajo el Secretario Marco Rubio, cerró el Centro de Compromiso Global, que buscaba contrarrestar la desinformación de Rusia, China e Irán. Rubio argumenta que el centro infringía la libertad de expresión, mientras que críticos como el ex portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, sostienen que era crucial para identificar campañas de desinformación extranjeras. Esta decisión genera preocupación sobre la capacidad de EE. UU. para combatir eficazmente las operaciones de influencia extranjera y proteger la integridad del discurso público.

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