Astrónomos han anunciado hallazgos potencialmente revolucionarios que sugieren la posible presencia de vida en K2-18b, un planeta a 124 años luz de distancia. El descubrimiento se basa en la detección de sulfuro de dimetilo (DMS), una molécula en la Tierra producida principalmente por la vida marina, aunque los científicos advierten que se deben investigar a fondo explicaciones alternativas, no biológicas, antes de poder sacar conclusiones definitivas.
Astrónomos están cautelosamente entusiasmados por la potencial evidencia de vida en el exoplaneta K2-18b, pero enfatizan la necesidad de una verificación rigurosa. El equipo, liderado por Nikku Madhusudhan en la Universidad de Cambridge, afirma haber encontrado señales más fuertes de sulfuro de dimetilo (DMS) y disulfuro de dimetilo (DMDS) en la atmósfera del planeta, moléculas producidas principalmente por organismos vivos en la Tierra. Este descubrimiento, realizado utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST), ha generado tanto entusiasmo como escepticismo dentro de la comunidad científica.
El exoplaneta K2-18b, descubierto por primera vez en 2015, se considera un candidato prometedor para albergar vida debido a su ubicación dentro de la zona habitable de su estrella, donde puede existir agua líquida. Observaciones posteriores en 2019 revelaron evidencia de vapor de agua, lo que sugiere la posibilidad de océanos bajo una atmósfera rica en hidrógeno. Estos hallazgos iniciales alimentaron la búsqueda de biofirmas, moléculas que podrían indicar la presencia de vida.
En 2023, Madhusudhan y sus colegas detectaron inicialmente una débil señal de DMS en la atmósfera de K2-18b utilizando los instrumentos de infrarrojo cercano del JWST. Sin embargo, la señal no fue lo suficientemente fuerte como para confirmar definitivamente la presencia de la molécula. Esta vez, el equipo utilizó un instrumento diferente en el JWST, la cámara de infrarrojo medio, para observar K2-18b. Encontraron una señal mucho más fuerte para DMS, junto con una posible molécula relacionada, DMDS.
El equipo afirma que la detección de DMS y DMDS está en el nivel de tres sigmas de significancia estadística. Esto significa que hay una probabilidad de 3 en 1000 de que el patrón de datos observado sea una casualidad. En física, generalmente se requiere un nivel de cinco sigmas para confirmar un descubrimiento, lo que equivale a una probabilidad de 1 en 3,5 millones de que ocurra por casualidad.
Si bien la evidencia es más convincente que los resultados de 2023, los hallazgos aún necesitan ser verificados de forma independiente. Nicholas Wogan en el Centro de Investigación Ames de la NASA en California enfatiza la importancia de que otros investigadores confirmen los datos. Este proceso puede tardar semanas o meses debido a la complejidad de interpretar los datos del JWST.
A pesar del entusiasmo, muchos científicos siguen siendo escépticos. Ryan MacDonald en la Universidad de Michigan expresa su preocupación por afirmaciones anteriores sobre K2-18b que no han resistido el escrutinio independiente. Destaca la “situación del niño que gritó lobo”, enfatizando la necesidad de controles rigurosos por parte de otros científicos.
Madhusudhan y su equipo estiman que observaciones adicionales con el JWST podrían potencialmente alcanzar el nivel de cinco sigmas, pero la dificultad de observar la atmósfera del planeta hace que esto sea incierto. Los cálculos del equipo sugieren que las posibles concentraciones de DMS y DMDS en K2-18b son miles de veces mayores que las de la atmósfera terrestre, lo que podría indicar un alto nivel de actividad biológica.
Thomas Beatty en la Universidad de Wisconsin-Madison, que no participó en el estudio, destaca la importancia del hallazgo, independientemente de su origen. Afirma que incluso hace una década, la capacidad de detectar tales moléculas se habría considerado una fuerte evidencia de vida.
Madhusudhan enfatiza la necesidad de cautela, afirmando que no pueden afirmar definitivamente la presencia de vida basándose en los datos actuales. Reconoce que descartar mecanismos alternativos podría llevar tiempo. Wogan señala que el estudio de DMS en una atmósfera rica en hidrógeno aún se encuentra en sus primeras etapas, y es necesario explorar explicaciones alternativas, no biológicas.
Sara Seager en el Instituto de Tecnología de Massachusetts sugiere que K2-18b puede seguir siendo un candidato viable para biofirmas durante décadas debido a las limitaciones de los datos de exoplanetas.
Madhusudhan considera los hallazgos como un momento revolucionario, independientemente del origen de las moléculas. Enfatiza la importancia de la capacidad de la humanidad para observar la atmósfera de otro planeta y buscar evidencia de actividad biológica.
Si bien el descubrimiento potencial de DMS y DMDS en el exoplaneta K2-18b sugiere fuertemente la posibilidad de vida extraterrestre, los científicos piden cautela. Se necesitan más observaciones y un análisis riguroso para descartar explicaciones no biológicas y alcanzar el umbral de cinco sigma para una prueba definitiva. Este momento trascendental, independientemente del resultado final, representa un avance crucial en nuestra capacidad para explorar y comprender el universo.
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