Estados Unidos y China han estado involucrados en una guerra comercial que implica aranceles significativos, lo que impacta a los mercados globales y genera preocupación sobre el crecimiento económico. Recientemente, el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, declaró públicamente que esta guerra comercial es insostenible y anticipa una desescalada, aunque aún no han comenzado las negociaciones formales.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, declaró que la guerra comercial en curso con China es insostenible, anticipando una “desescalada” en el conflicto entre las dos economías más grandes del mundo. Esta evaluación, realizada en un discurso privado en Washington para JPMorgan Chase, destaca una creciente preocupación sobre la viabilidad a largo plazo de las políticas comerciales actuales.
Sin embargo, Bessent también advirtió que aún no habían comenzado las conversaciones formales entre Estados Unidos y China, lo que sugiere que el camino hacia la desescalada puede ser complejo y prolongado. Esto subraya la delicada naturaleza de la situación y el potencial de una incertidumbre continua a corto plazo.
El entorno comercial actual se caracteriza por aranceles significativos. Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, ha impuesto impuestos a la importación del 145% a China, que ha respondido con aranceles del 125% a los productos estadounidenses. Esta escalada ha tenido un impacto tangible en los mercados financieros.
La imposición de aranceles ha provocado una reacción negativa en el mercado de valores. El índice bursátil S&P 500 inicialmente subió un 2,5% después de los informes sobre las declaraciones de Bessent, lo que indica una respuesta positiva del mercado a la perspectiva de desescalada. Esto demuestra la sensibilidad del mercado a los acontecimientos de la guerra comercial y su preferencia por un entorno comercial más estable.
Además, la guerra comercial ha contribuido a preocupaciones económicas más amplias. Los inversores están preocupados por un crecimiento económico más lento y mayores presiones inflacionarias. Esto se complica aún más por el hecho de que Trump ha impuesto aranceles a varias docenas de países, lo que amplifica el impacto general en la economía global.
La evaluación de Bessent sobre la situación está respaldada por el entendimiento de que ni Estados Unidos ni China creen que el status quo sea sostenible. Este reconocimiento compartido proporciona una base para posibles negociaciones y un posible camino hacia la resolución.
En respuesta a las declaraciones de Bessent, el presidente Trump reconoció el aumento en el mercado de valores. Sin embargo, evitó confirmar explícitamente si compartía la opinión de Bessent de que la guerra comercial era insostenible. Esto sugiere una posible divergencia de perspectivas dentro de la administración, o al menos un deseo de mantener la ambigüedad estratégica.
A pesar de los altos aranceles, Trump expresó su deseo de una relación positiva con China. Declaró que sería “muy amable” con China y que no jugaría duro con el presidente chino Xi Jinping, enfatizando el deseo de cooperación. Esta postura aparentemente contradictoria destaca las complejidades de la situación.
Además, Trump indicó que la tasa arancelaria final con China bajaría “sustancialmente” del actual 145%. Esto sugiere una disposición a comprometerse y la posibilidad de que futuras negociaciones resulten en una reducción de los aranceles.
La administración Trump ha entablado conversaciones con varios países, incluidos Japón, India, Corea del Sur, la Unión Europea, Canadá y México. Sin embargo, Trump no ha mostrado indicios públicos de retirar su arancel base del 10%. Esto indica un compromiso continuo de utilizar los aranceles como herramienta de negociación.
China ha advertido a otros países contra la celebración de acuerdos comerciales con Estados Unidos que podrían afectar negativamente a China. Esta advertencia subraya la determinación de China de proteger sus intereses económicos y su disposición a desafiar las políticas comerciales de Estados Unidos.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró que la administración Trump ha recibido 18 propuestas de otros países para acuerdos comerciales con Estados Unidos. Esto sugiere un esfuerzo más amplio para remodelar las relaciones comerciales globales.
La incertidumbre en torno a los aranceles se ha amplificado por los llamamientos de Trump a la Reserva Federal para que recorte su tipo de interés de referencia. Incluso ha sugerido que podría despedir al presidente de la Fed, Jerome Powell, lo que se suma a la volatilidad del mercado financiero.
Leavitt declaró que Trump cree que la Fed mantiene los tipos estables “en nombre de la política, en lugar de en nombre de lo que es correcto para la economía estadounidense”. Esto refleja la opinión del presidente de que las acciones de la Fed están obstaculizando el crecimiento económico.
Trump aclaró más tarde que quería que Powell “fuera rápido” en la bajada de los tipos y que no tiene intención de despedir al presidente de la Fed. Esto sugiere un deseo de ejercer influencia sobre la política monetaria manteniendo un grado de estabilidad.
El Secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, sugirió la necesidad de desescalar la guerra comercial entre EE. UU. y China, calificando la situación arancelaria actual de “insostenible”, aunque las conversaciones formales no han comenzado. El presidente Trump, a pesar de reconocer las ganancias del mercado de valores tras los comentarios de Bessent, ofreció una visión contradictoria, prometiendo una relación “muy buena” y reducciones arancelarias sustanciales, a pesar de mantener los aranceles existentes contra numerosos países. China advirtió contra acuerdos comerciales perjudiciales para sus intereses, lo que se suma a la incertidumbre del mercado alimentada por la presión de Trump sobre la Reserva Federal. Las tensiones comerciales en curso resaltan la compleja interacción entre la política económica y las relaciones geopolíticas, exigiendo una observación cuidadosa y previsión estratégica.
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