DDT: Lagos Canadienses Aún Afligidos, Riesgos para Humanos y Fauna

Durante décadas, el insecticida DDT fue ampliamente utilizado para controlar insectos portadores de enfermedades. Aunque fue prohibido en Canadá en la década de 1980 y a nivel mundial para la mayoría de los usos agrícolas en 2001, nuevas investigaciones revelan que los residuos de DDT continúan persistiendo a niveles alarmantes en Nuevo Brunswick, Canadá, lo que representa una amenaza potencial tanto para la vida silvestre como para los humanos que consumen trucha de arroyo local.

Los residuos del insecticida DDT, a pesar de haber sido prohibido durante décadas, siguen representando una amenaza significativa tanto para la vida silvestre como para los humanos. Específicamente, la investigación ha revelado que el DDT persiste a “tasas alarmantes” en la trucha de arroyo, un pez salvaje común, en Nuevo Brunswick, Canadá, casi seis décadas después de su uso. Esta persistente contaminación plantea serias preocupaciones sobre la seguridad de consumir estos peces y la salud general del ecosistema.

La fuente principal de esta contaminación continua proviene del uso generalizado de DDT en Nuevo Brunswick de 1952 a 1968. Durante este período, el insecticida se aplicó a terrenos forestales para controlar insectos. Como señala Josh Kurek, profesor asociado y autor principal de la investigación, el DDT se usó extensamente en toda la provincia, con aproximadamente la mitad de los bosques de coníferas de la provincia rociados con el químico durante las décadas de 1950 y 60. Esta extensa aplicación ha resultado en un legado de contaminación que continúa impactando el medio ambiente.

El impacto de este uso histórico del DDT se ilustra vívidamente con los niveles encontrados en la trucha de arroyo. Los investigadores descubrieron que los residuos de DDT en el tejido muscular de la trucha de arroyo a menudo excedían el umbral de seguridad recomendado para la vida silvestre por un factor de diez. Esta estadística subraya la gravedad de la contaminación y los riesgos potenciales asociados con el consumo de estos peces. Además, la investigación, publicada en la revista Plos One, reveló que la contaminación por DDT cubre aproximadamente el 50% de la provincia de Nuevo Brunswick.

La persistencia del DDT en el medio ambiente es un factor crítico para comprender la amenaza continua. El DDT, clasificado como un “probable carcinógeno” por las autoridades sanitarias, puede permanecer en el barro de los lagos durante décadas, incluso siglos, después de su aplicación inicial. Esta persistencia a largo plazo significa que los sedimentos en muchos lagos de Nuevo Brunswick actúan como una fuente continua de DDT, ciclando el contaminante a través de la red trófica y exponiendo a la vida silvestre y a los humanos a sus efectos nocivos.

Las implicaciones de esta contaminación se extienden a la salud humana, particularmente para las poblaciones vulnerables. Como enfatiza Kurek, el público, especialmente las mujeres en edad reproductiva y los niños, deben ser conscientes del riesgo de exposición asociado con el consumo de pescado salvaje contaminado con DDT. Esto resalta la importancia de las pautas de consumo de pescado y la necesidad de campañas de sensibilización pública para mitigar los riesgos potenciales para la salud.

El contexto global del uso del DDT y su eventual prohibición proporciona una mayor comprensión del problema. El DDT se usó inicialmente para controlar insectos portadores de enfermedades como la malaria y el tifus. Sin embargo, debido a su persistencia ambiental y los riesgos potenciales para la salud, Canadá prohibió el uso de DDT en la década de 1980. El Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes de 2001 consolidó aún más el esfuerzo global para limitar el uso de DDT, prohibiéndolo en todo el mundo para fines agrícolas masivos, aunque todavía está permitido en pequeñas cantidades para el control de la malaria.

Los desafíos de abordar esta contaminación heredada son significativos. Kurek afirma que “Este desastre no se puede limpiar”. La persistencia a largo plazo del DDT en el barro de los lagos hace que los esfuerzos de remediación sean extremadamente difíciles y costosos. Por lo tanto, el enfoque más eficaz es gestionar la exposición del público a los DDT heredados fomentando el cumplimiento de las pautas de consumo de pescado y considerando formas de reducir la exposición.

Más allá de las preocupaciones inmediatas para la salud, los hallazgos sirven como una advertencia más amplia sobre la dependencia de los productos químicos sintéticos. Kurek pide un cambio para alejarse de la dependencia excesiva de estas sustancias, enfatizando la necesidad de aprender de los errores del pasado. El estudio, espera, informará las discusiones sobre otros contaminantes que se utilizan ampliamente hoy en día, como la sal de carretera y los herbicidas como el glifosato. El mensaje final es claro: es necesario un cambio de enfoque para proteger los ecosistemas de una vida de contaminación.

A pesar de haber sido prohibido hace décadas, el DDT persiste en niveles alarmantes en los lagos de Nuevo Brunswick, contaminando la trucha de arroyo y representando riesgos tanto para la fauna como para los humanos que consumen el pescado. Esta contaminación heredada, originada por la fumigación forestal generalizada en las décadas de 1950 y 1960, continúa circulando por la cadena alimentaria, lo que subraya las consecuencias a largo plazo de depender de productos químicos sintéticos persistentes. Esto sirve como un recordatorio contundente para reconsiderar nuestro enfoque de la gestión ambiental y priorizar la salud del ecosistema.

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