Nuevas investigaciones desafían las creencias arraigadas sobre la historia evolutiva de los equidnas y los ornitorrincos, dos de los mamíferos más inusuales de la Tierra. Durante décadas, los científicos creyeron que estos monotremas, que ponen huevos, descendían de un ancestro terrestre, con los ornitorrincos adaptándose a un estilo de vida semiacuático mientras que los equidnas permanecían en tierra. Sin embargo, un análisis reciente de un hueso fósil de 30 años de antigüedad sugiere una alternativa sorprendente: que estos animales podrían haber evolucionado de un ancestro que habitaba en el agua.
Nuevas investigaciones, impulsadas por el análisis de un hueso de 30 años de antigüedad, están desafiando la comprensión establecida de la evolución de los equidnas y los ornitorrincos. Esta investigación, liderada por la UNSW, sugiere que la historia evolutiva de estos monotremas únicos puede ser más compleja de lo que se creía, potencialmente revirtiendo la creencia de larga data de un ancestro terrestre para ambas especies.
La comprensión actual postula que los equidnas y los ornitorrincos, ambos monotremas que ponen huevos, descienden de un ancestro que habitaba en tierra. El linaje del ornitorrinco luego se adaptó a un estilo de vida semiacuático, mientras que los equidnas permanecieron terrestres. Sin embargo, el reciente análisis de un hueso húmero de la especie extinta *Kryoryctes cadburyi* está impulsando una reevaluación de esta narrativa.
El hueso húmero, descubierto en Dinosaur Cove, ha sido objeto de debate entre los científicos. Inicialmente, su estructura externa llevó a algunos a creer que era un ancestro de los equidnas modernos. Otros sugirieron que era un ancestro común tanto de los ornitorrincos como de los equidnas, un monotrema basal. Para resolver esto, los investigadores emplearon técnicas de escaneo avanzadas, incluyendo tomografías computarizadas, para examinar la microestructura interna del hueso.
La estructura interna de un hueso proporciona información crucial sobre el estilo de vida y la ecología de un animal. Los investigadores descubrieron que la estructura interna del húmero de *Kryoryctes* se asemejaba más a la de los ornitorrincos, que tienen paredes óseas gruesas y una cavidad de médula reducida, una característica asociada con un estilo de vida semiacuático. Los equidnas, por el contrario, tienen paredes óseas más delgadas. Este descubrimiento sugiere que los monotremas basales eran semiacuáticos, y el linaje de los equidnas se adaptó posteriormente a una existencia terrestre.
Este cambio de un estilo de vida semiacuático a uno terrestre se considera un evento raro en la evolución de los mamíferos. Si bien numerosos mamíferos han evolucionado para vivir en el agua, lo contrario es poco común. Los investigadores creen que el linaje de los equidnas sufrió esta transición, con sus huesos volviéndose más ligeros a medida que se adaptaban a una vida en tierra.
Apoyando aún más la idea de una ascendencia semiacuática para los equidnas, se encuentran varias características anatómicas y fisiológicas. Se sabe que el pico del ornitorrinco tiene receptores altamente sensibles que detectan las corrientes eléctricas generadas por las presas. Si bien los equidnas tienen menos receptores, están presentes, lo que sugiere una posible herencia de sus ancestros parecidos a los ornitorrincos. Además, los equidnas tienen un reflejo de buceo, similar a los ornitorrincos, que les ayuda a conservar el oxígeno mientras están sumergidos.
Otras pistas incluyen las patas traseras orientadas hacia atrás de los equidnas, que se utilizan para excavar, un comportamiento que no se observa en otros mamíferos, excepto en los ornitorrincos. Además, los estudios de mioglobina, una proteína respiratoria, sugieren una ascendencia semiacuática para los equidnas. Los altos niveles de mioglobina en los equidnas, incluso como excavadores, indican una mayor capacidad de almacenamiento de oxígeno, una característica de los mamíferos acuáticos.
Los investigadores ahora se están centrando en un análisis microscópico adicional del húmero de *Kryoryctes* utilizando imágenes de sincrotrón no destructivas. Esto proporcionará información más detallada sobre la histología del hueso, lo que puede revelar detalles cruciales sobre el estilo de vida del animal. Esta investigación, realizada en colaboración con múltiples instituciones, promete arrojar más luz sobre la historia temprana de estos fascinantes mamíferos.
Nuevas investigaciones desafían la creencia de que los equidnas y ornitorrincos evolucionaron de ancestros terrestres, sugiriendo un origen semiacuático para los monotremas. El análisis de un fósil de 108 millones de años, *Kryoryctes cadburyi*, revela una estructura ósea similar a la de los ornitorrincos, apoyando esta ascendencia acuática. Aunque el registro fósil es escaso, este descubrimiento, junto con rasgos inusuales de los equidnas como pies especializados y un reflejo de buceo, apunta a un fascinante cambio evolutivo del agua a la tierra, un evento raro en mamíferos. Investigaciones futuras, utilizando técnicas de escaneo avanzadas, prometen desvelar aún más secretos de estas notables criaturas y reescribir nuestra comprensión de la evolución de los mamíferos.
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