Este artículo critica a los demócratas por parecerse a políticas que amenazan la libertad de expresión en línea, específicamente la “Ley para Retirarlo” y las propuestas para desmantelar la Sección 230. Argumenta que, en lugar de resistir el ataque en curso contra la democracia liderado por Trump, los demócratas están inadvertidamente permitiendo mayores restricciones sobre el discurso en línea y socavando los cimientos mismos del orden constitucional.
El estado actual de la política estadounidense es profundamente preocupante, caracterizado por una falta de compromiso con el cumplimiento de la Constitución por parte de ambos partidos principales. Si bien el Partido Republicano ha sucumbido al “fascismo corrupto” de Donald Trump, el Partido Demócrata, en lugar de ofrecer una defensa robusta de los principios democráticos, está exhibiendo una tendencia inquietante a alinearse con la agenda de Trump, contribuyendo efectivamente a la erosión de las salvaguardas constitucionales. Esta dinámica crea una situación peligrosa donde los cimientos de la democracia estadounidense están siendo socavados desde ambos lados del espectro político.
El artículo destaca específicamente dos propuestas legislativas promovidas por los Demócratas: la “Take It Down Act” y el impulso del senador Dick Durbin para desmantelar la Sección 230, como ejemplos primarios de esta preocupante tendencia. La “Take It Down Act”, supuestamente destinada a proteger a individuos vulnerables, se presenta como un intento velado para ejercer presión gubernamental sobre las plataformas en línea, forzándolas a censurar el discurso. El autor argumenta que el lenguaje de la ley es deliberadamente vago, lo que la hace propensa al abuso y efectivamente otorga al gobierno el poder de dictar qué se puede y qué no se puede decir en línea. La alineación de Demócratas como la senadora Amy Klobuchar, a quien el autor sugiere que tiene un historial de apoyo a legislación perjudicial para la Primera Enmienda, con Melania Trump, conocida por su comportamiento distante (“No me importa”), subraya aún más la naturaleza alarmante de esta colaboración. Esta asociación señala una voluntad de comprometer las libertades fundamentales en busca de conveniencia política.
El autor sostiene que Internet, y específicamente la capacidad de compartir ideas e información en línea, representa una línea de vida crucial para el discurso democrático, particularmente dado los fallos de los medios de comunicación masivos tradicionales. Al atacar esta vía vital de comunicación, leyes como la “Take It Down Act” impiden directamente la capacidad de los ciudadanos para desafiar a la autoridad y responsabilizar al poder. La propuesta de desmantelar la Sección 230, promovida por el senador Durbin, se presenta como una medida aún más drástica. La Sección 230 proporciona protecciones legales cruciales para las plataformas en línea, protegiéndolas de la responsabilidad por el contenido generado por los usuarios y permitiéndoles alojar una amplia gama de puntos de vista. Eliminar esta protección, argumenta el autor, expondría a las plataformas a demandas judiciales paralizantes, obligándolas a censurar agresivamente el contenido para evitar repercusiones legales, silenciando efectivamente las voces disidentes y creando un efecto paralizador en la libertad de expresión.
El argumento contra el desmantelamiento de la Sección 230 se fortalece aún más con la afirmación del autor de que es “la única ley que hace posible el discurso en Internet”. El autor sugiere que, si bien existen preocupaciones legítimas sobre las empresas de redes sociales, como su papel en la adicción de los niños y la facilitación de actividades ilegales, estos problemas deben abordarse mediante legislación específica, no mediante el desmantelamiento integral de una ley fundamental que protege la libertad de expresión. El autor reconoce el deseo de responsabilizar a las empresas de redes sociales, proponiendo que las demandas judiciales son un medio viable para lograrlo, en lugar de socavar todo el marco de la comunicación en línea.
La crítica del autor al senador Durbin se extiende más allá de sus propuestas legislativas, retratándolo como políticamente inepto y peligrosamente desconectado. La llamada de Durbin para desmantelar la Sección 230 no solo es legalmente ignorante, según el autor, sino que también demuestra una voluntad de aprovechar su posición de poder para socavar activamente los principios que ha jurado defender. La descripción de las acciones de Durbin por parte del autor como una “traición impactante de la confianza pública” subraya la gravedad de la situación, retratándolo como un participante activo en el asalto a la democracia estadounidense.
El autor enfatiza la urgencia de la situación, enmarcando el momento actual como “los peores tiempos”. La democracia estadounidense está bajo ataque, y el autor cree que requiere una respuesta unificada y resuelta de todos los ciudadanos patriotas. Sin embargo, en lugar de liderar la lucha contra esta amenaza, demasiados Demócratas, según el autor, están contribuyendo activamente al problema. El uso de un lenguaje fuerte, como “cómplices en su desmantelamiento”, transmite la seriedad de su traición percibida.
El argumento del autor culmina en un llamado a la acción, instando a los Demócratas a abandonar su búsqueda de “colegialidad” y “orden normal” y, en cambio, adoptar una postura más asertiva en defensa de la democracia estadounidense. El autor cree que priorizar las negociaciones entre bastidores sobre la acción directa es una estrategia equivocada que solo sirve para envalentonar a Trump y a sus seguidores. En cambio, los Demócratas deben estar a la altura de la ocasión y convertirse en la vanguardia de la lucha para preservar las libertades constitucionales. La declaración de conclusión del autor, “Esto hace que estos Demócratas sean peores que inútiles en la lucha para salvar nuestro orden constitucional; los hace cómplices en su desmantelamiento”, sirve como una advertencia contundente sobre las consecuencias de la inacción y una apasionada súplica por un renovado compromiso con los principios democráticos.
En lugar de defender la democracia, demasiados demócratas están socavando activamente la libertad de expresión y se están convirtiendo en cómplices de su desmantelamiento, una traición que exige un ajuste de cuentas y un renovado compromiso para salvaguardar nuestro orden constitucional.
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