A medida que las personas envejecen, la dificultad para entender el habla en entornos ruidosos es común. Ahora, investigadores de la Universidad de Buffalo (UB) han identificado un área cerebral clave, la ínsula, que cambia en individuos que luchan con este problema. Este descubrimiento contribuye a la creciente comprensión del vínculo entre la pérdida auditiva, el deterioro cognitivo y la demencia.
**Investigación sobre la comprensión del habla en ruido y la ínsula del cerebro**
En primer lugar, un estudio reciente realizado por investigadores de la UB ha identificado una región específica del cerebro, la ínsula, que experimenta cambios significativos en individuos que tienen dificultades para comprender el habla en entornos ruidosos. Este hallazgo, publicado en la revista *Brain and Language*, es crucial porque contribuye a la creciente comprensión del vínculo entre la pérdida de audición y el deterioro cognitivo, que potencialmente conduce a la demencia. Esta investigación se basa en estudios previos que ya han establecido conexiones entre las dificultades auditivas y la demencia, así como la asociación entre las anomalías de la ínsula y el deterioro cognitivo.
En segundo lugar, la ínsula, una estructura compleja ubicada dentro del cerebro, juega un papel vital en la integración de información sensorial, emocional y cognitiva. Interactúa con el lóbulo frontal del cerebro, que es responsable de las funciones cognitivas de nivel superior. El estudio involucró a 40 participantes, hombres y mujeres, de entre 20 y 80 años. Estos participantes se sometieron a pruebas de audición para evaluar su capacidad de comprender el habla en entornos ruidosos. Posteriormente, se sometieron a escáneres de resonancia magnética (IRM) en estado de reposo de sus cerebros.
En tercer lugar, el enfoque innovador del estudio radica en su enfoque en la IRM en estado de reposo. Si bien los estudios basados en tareas revelan la actividad cerebral durante actividades específicas, este estudio tuvo como objetivo examinar cómo las dificultades para escuchar el habla en ruido podrían afectar el cerebro en la línea de base, cuando el cerebro está en reposo. Según David S. Wack, el primer autor del estudio, la IRM en estado de reposo revela conexiones funcionales, lo que ilustra cómo diferentes regiones del cerebro trabajan juntas incluso cuando no están activamente involucradas en tareas.
En cuarto lugar, el hallazgo clave del estudio es que la ínsula izquierda muestra una conectividad más fuerte con las regiones auditivas en individuos que tienen dificultades con el habla en ruido. Esto sugiere una reconexión permanente de las redes cerebrales que persiste incluso cuando no están escuchando activamente un habla desafiante. Wack explica que el cerebro siempre está activo, y cuando hay pérdida de audición, se reclutan otras áreas del cerebro para procesar la información, y este estudio encontró que la ínsula trabajaba más duro incluso en reposo. Este hallazgo tiene implicaciones significativas para el desarrollo de la demencia, dada la asociación de la ínsula con las primeras etapas de la demencia.
En quinto lugar, los hallazgos del estudio proporcionan una posible explicación de las correlaciones establecidas entre la pérdida de audición, las dificultades con el habla en ruido y la demencia. Wack enfatiza que el cerebro compensa las señales auditivas deficientes interpretando y completando la información faltante utilizando regiones cerebrales de nivel superior. Aclara que la pérdida de audición no causa directamente la demencia, pero preservar la calidad de la señal auditiva podría evitar que el cerebro compense, mitigando potencialmente el deterioro cognitivo.
En sexto lugar, los investigadores también descubrieron un hallazgo inesperado e intrigante. Un participante, a pesar de tener una audición relativamente deficiente para los tonos puros, logró la puntuación más alta para el habla en ruido en un oído. Este individuo trabajaba en un entorno con mucho ruido de fondo. Wack sugiere que este hallazgo indica que los individuos no tienen que aceptar un bajo rendimiento en entornos ruidosos y que podría ser posible mejorar la comprensión del habla mediante la práctica.
En séptimo lugar, Wack espera investigar más a fondo la relación entre la pérdida de audición y la demencia. Cree que identificar las redes neuronales compartidas en reposo mejorará la comprensión de cómo abordar las dificultades auditivas podría beneficiar la función cognitiva. El estudio fue un esfuerzo de colaboración, que incluyó coautores de varios departamentos de la UB, SUNY Buffalo State, la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, el Instituto de Ciencia de Tokio y Canon Medical Systems. El trabajo de imagen se realizó en el Centro de Imagen Biomédica del Instituto de Ciencias Clínicas y Traslacionales de la UB. La investigación fue financiada por Canon Medical Systems USA, el Centro Nacional para el Avance de las Ciencias Traslacionales (NIH) y una donación de William y Grace Mabie.
Investigadores de la UB identificaron la ínsula como un área cerebral clave que cambia en personas con dificultades para entender el habla en ambientes ruidosos, conectando potencialmente la pérdida auditiva con el deterioro cognitivo y la demencia. Sus hallazgos sugieren que el cerebro se reorganiza para compensar las dificultades auditivas, y sorprendentemente, la experiencia con entornos ruidosos puede mejorar la comprensión del habla en ruido. Esta investigación resalta la importancia de abordar la pérdida auditiva no solo para la salud auditiva, sino también para preservar la función cognitiva: ¿podría la atención auditiva proactiva ser una herramienta vital para proteger nuestros cerebros a medida que envejecemos?
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