Permitir que los adolescentes beban en casa podría llevar a problemas con el alcohol más adelante.

Un nuevo estudio desafía la creencia común de que permitir que los adolescentes prueben alcohol en casa bajo la supervisión de los padres puede prevenir futuros problemas con el alcohol. Una investigación publicada en Addictive Behaviors encontró que incluso pequeñas instancias de permiso parental para beber durante la adolescencia están relacionadas con un consumo más elevado de alcohol y problemas relacionados en la adultez temprana.

La idea predominante entre algunos padres es que permitir que los adolescentes prueben alcohol en casa, bajo su supervisión, podría ser una forma de frenar la curiosidad y promover hábitos de consumo más seguros. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista *Addictive Behaviors* desafía esta noción, revelando una conexión significativa entre el permiso parental para beber durante la adolescencia y el aumento del consumo de alcohol y problemas relacionados en la edad adulta. Esta investigación sugiere que los beneficios percibidos de una introducción controlada al alcohol no están respaldados por los datos, y pueden, de hecho, ser contraproducentes.

El hallazgo central del estudio destaca una “relación robusta” entre el permiso parental para el consumo de alcohol durante la adolescencia y una serie de resultados negativos. Específicamente, el estudio encontró una correlación entre permitir el consumo de alcohol por menores de edad y el aumento de la frecuencia y la cantidad de consumo de alcohol, el desarrollo de síntomas de trastorno por uso de alcohol y un mayor riesgo de daños relacionados con el alcohol más adelante en la vida. Esto no es meramente una asociación menor; los investigadores enfatizan la solidez de la conexión, lo que indica que el permiso parental es un factor importante en la configuración de los patrones de consumo futuro. Es importante destacar que el estudio también encontró que la edad específica en la que los padres permitieron el consumo de alcohol no importaba: el riesgo de problemas posteriores permanecía constante independientemente de cuándo se concedió el permiso, lo que sugiere un efecto de riesgo uniforme.

La psicóloga clínica Lisa Damour, autora de “The Emotional Lives of Teenagers”, reconoce que algunas familias permiten a sus hijos probar alcohol sin experimentar consecuencias negativas a corto o largo plazo. Sin embargo, enfatiza que “en general, lo que nos dicen los datos es que esta no es necesariamente la elección correcta”. La perspectiva de Damour se alinea con los hallazgos del estudio, enfatizando que la tendencia general indica un potencial de daño. Señala un elemento crucial que a menudo se pasa por alto: permitir el consumo de alcohol por menores de edad puede “normalizar la idea del consumo de alcohol por menores de edad”, lo que es un resultado preocupante dada la conocida asociación entre el consumo de alcohol por adolescentes y los riesgos. Esta normalización puede erosionar el mensaje de que el alcohol no es apropiado para los jóvenes y contribuir a una cultura donde el consumo de alcohol por menores de edad se acepta o incluso se fomenta.

La idea de que permitir una exposición controlada al alcohol es una forma de “reducción de daños” ha sido en gran medida desacreditada por este estudio. La suposición es que al introducir el alcohol en un entorno seguro, los adolescentes serán menos propensos a experimentar con él en situaciones riesgosas más adelante. Sin embargo, la investigación sugiere que este enfoque no es eficaz e incluso puede tener el efecto contrario. En lugar de reducir el riesgo, puede aumentar la probabilidad de un consumo más intenso y problemas relacionados a largo plazo.

Más allá del impacto directo del permiso parental, Damour enfatiza la poderosa influencia del modelado parental. Los niños aprenden sobre el alcohol y su papel en la vida observando el comportamiento de sus padres en casa. Por lo tanto, los padres deben centrarse en demostrar una relación saludable con el alcohol, si eligen consumirlo en absoluto. Esto implica evitar el alcohol como mecanismo de afrontamiento, practicar la moderación y comunicar explícitamente que las experiencias agradables no requieren alcohol. Este enfoque proporciona una lección más constructiva que simplemente permitir una prueba o una pequeña cantidad.

Finalmente, Damour subraya la importancia de la comunicación abierta y un enfoque en la seguridad. Reconocer que los adolescentes a veces cometen errores es crucial. Los padres deben tranquilizar a sus hijos de que no serán castigados por buscar ayuda en situaciones riesgosas. El mensaje debe ser claro: “No queremos que bebas. No es seguro. No es bueno para tu cerebro en desarrollo. Y, si necesitas nosotros, si estás en una situación de riesgo, somos tu primera llamada. Nunca te haremos lamentar haber buscado ayuda”. Este enfoque prioriza la seguridad y el bienestar del adolescente, creando un entorno de apoyo donde se sienten cómodos buscando asistencia sin temor a ser juzgados.

Permitir que los adolescentes beban alcohol en casa, incluso bajo supervisión, se asocia con un consumo más elevado de alcohol y problemas relacionados en la edad adulta, desafiando la creencia de que promueve un consumo seguro. Los expertos aconsejan modelar relaciones saludables con el alcohol, mantener una comunicación abierta y priorizar la seguridad, enfatizando que los errores ocurren y que siempre debe haber apoyo disponible.

Para obtener más información, considere explorar recursos del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo.

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