Las notables capacidades cognitivas de *Homo sapiens* han sido objeto de una intensa investigación científica durante mucho tiempo. Si bien el surgimiento del comportamiento moderno humano se sitúa generalmente hace unos 100.000 años, el cronograma preciso para el desarrollo de la capacidad lingüística sigue siendo objeto de debate. Los recientes avances en la genómica de poblaciones, junto con la evidencia arqueológica de comportamiento simbólico, ofrecen nuevos conocimientos sobre los orígenes del lenguaje. Este artículo explora la hipótesis de que la capacidad fundamental para el lenguaje ya estaba presente dentro de la población de *Homo sapiens* tan pronto como hace 135.000 años, desafiando las narrativas convencionales de la evolución del lenguaje.
El estudio de la genómica de las poblaciones humanas tempranas ha revelado un panorama complejo de divergencia y adaptación, proporcionando perspectivas cruciales sobre la línea de tiempo de la evolución humana moderna y la emergencia de la capacidad lingüística. Análisis recientes de ADN antiguo, combinados con avances en métodos estadísticos, sugieren que las bases genéticas para sofisticadas habilidades lingüísticas estaban presentes dentro de la población de *Homo sapiens* tan temprano como hace 135.000 años. Esta conclusión desafía modelos anteriores que situaban el desarrollo del lenguaje complejo significativamente más tarde en la historia humana, a menudo coincidiendo con la “explosión cultural” hace unos 50.000 años. El argumento central se basa en la identificación de variantes genéticas específicas y su distribución en poblaciones antiguas, lo que indica un nivel de complejidad cognitiva que habría sido necesario para el desarrollo y mantenimiento de un sistema lingüístico complejo.
La evidencia que respalda esta línea de tiempo temprana proviene principalmente del análisis de genomas antiguos de África y Eurasia. Estudios que utilizan datos de secuenciación del genoma completo, como los de Wang et al. (2020) y Wilder et al. (2004), han demostrado la presencia de diversidad genética dentro de las poblaciones tempranas de *Homo sapiens* que es indicativa de importantes habilidades cognitivas. Específicamente, los genes asociados con el desarrollo del cerebro, la conectividad neuronal y el procesamiento del lenguaje, como *FOXP2* y los genes involucrados en la plasticidad sináptica, muestran variación dentro de estas poblaciones tempranas. La distribución de estas variantes sugiere que ya estaban segregando dentro de la población ancestral de *Homo sapiens* antes de la migración fuera de África, lo que implica que el potencial genético para el lenguaje complejo ya estaba presente. Además, Veeramah et al. (2012) destacaron la evidencia genética de tamaños efectivos de población desiguales de hembras y machos humanos, lo que podría haber influido en las presiones selectivas sobre los genes relacionados con las habilidades cognitivas, acelerando potencialmente el desarrollo del lenguaje.
Una pieza clave de evidencia que respalda la hipótesis de la integración, propuesta por Watanabe, Hofman y Shimizu (2017), es la correlación observada entre las adaptaciones genéticas relacionadas con el tamaño del cerebro y la organización neuronal y la emergencia de un comportamiento simbólico complejo. La hipótesis de la integración postula que el desarrollo del lenguaje no fue una saltación repentina, como argumentó Tallerman (2014), sino más bien un proceso gradual impulsado por la integración de múltiples funciones cognitivas. La presencia de variantes genéticas asociadas tanto con el desarrollo del cerebro como con la cognición social en las poblaciones tempranas de *Homo sapiens* respalda esta trayectoria evolutiva gradual. El estudio de Texier et al. (2010) y Texier et al. (2013) sobre cuentas y grabados de conchas del Paleolítico Medio en Sudáfrica fortalece aún más este argumento, sugiriendo que el pensamiento simbólico y la expresión artística estaban presentes mucho antes de lo que se creía.
El análisis de ADN antiguo de poblaciones africanas, en particular, proporciona perspectivas cruciales sobre las primeras etapas de la evolución humana. Vidal et al. (2022) determinaron recientemente la edad de los fósiles de *Homo sapiens* más antiguos conocidos de África oriental, proporcionando un marco temporal para comprender la emergencia de adaptaciones genéticas clave. La diversidad genética observada en estas poblaciones africanas tempranas es significativamente mayor que la encontrada en poblaciones posteriores, lo que indica que África sirvió como una “cradle of language”, donde las bases genéticas para las habilidades lingüísticas complejas se establecieron y se refinaron durante decenas de miles de años. Tishkoff et al. (2007) demostraron la adaptación convergente de la persistencia de la lactasa humana en África y Europa, mostrando el poder de la selección natural para dar forma a la diversidad genética y las habilidades cognitivas humanas.
La “explosión cultural” hace unos 50.000 años, a menudo asociada con la emergencia de tecnologías del Paleolítico Superior y la expresión artística, probablemente representa la culminación de un largo proceso de desarrollo cognitivo y lingüístico, en lugar de la aparición repentina de estas habilidades. Si bien el período del Paleolítico Superior fue testigo de un aumento dramático en la complejidad de la cultura humana, las bases genéticas para esta florecimiento cultural se sentaron mucho antes. El estudio de Wadley (2021) sobre la estimulación de la innovación rápida y acumulativa después de 100.000 años destaca aún más la importancia del desarrollo cognitivo y lingüístico temprano en la configuración de la evolución cultural humana. La presencia de adaptaciones genéticas relacionadas con la cognición social y la comunicación, combinada con la creciente complejidad de las estructuras sociales, probablemente creó un ciclo de retroalimentación positiva que aceleró el desarrollo del lenguaje y la cultura.
El trabajo de Tattersall (2012, 2017, 2018) ha sido fundamental para enmarcar la discusión sobre el momento de la evolución cognitiva humana. Tattersall argumenta que el rápido desarrollo de las habilidades cognitivas humanas fue impulsado por una combinación única de factores genéticos, ambientales y sociales. La integración de estos factores, combinada con la creciente complejidad de las interacciones sociales, probablemente creó las condiciones necesarias para la emergencia del lenguaje complejo. El estudio de Yang (2007) utilizando PAML 4 para el análisis filogenético por máxima verosimilitud proporciona herramientas para analizar las relaciones evolutivas entre genes relacionados con el lenguaje y la cognición, refinando aún más nuestra comprensión de las bases genéticas de la capacidad lingüística humana.
Finalmente, es importante reconocer las limitaciones de la investigación actual. La disponibilidad de ADN antiguo sigue siendo limitada, particularmente de períodos de tiempo anteriores. La investigación futura debe centrarse en ampliar la cobertura geográfica y temporal de los estudios de ADN antiguo, particularmente de África. El desarrollo de nuevos métodos analíticos, como aquellos que pueden inferir habilidades cognitivas a partir del ADN antiguo sin depender únicamente de la presencia de genes específicos, también será crucial para avanzar en nuestra comprensión de las bases genéticas de la capacidad lingüística humana. La investigación en curso en este campo promete refinar aún más nuestra comprensión de la línea de tiempo de la evolución cognitiva y lingüística humana, arrojando finalmente luz sobre el notable viaje que condujo a la emergencia de *Homo sapiens* como la especie más lingüísticamente capaz de la Tierra.
La investigación sugiere que la capacidad lingüística en Homo sapiens podría haber existido hace tan solo 135.000 años, respaldada por evidencia de cognición simbólica, innovación acumulativa rápida y adaptaciones genéticas. Se necesita más investigación que combine datos arqueológicos, genéticos y lingüísticos para comprender completamente la evolución del lenguaje humano y su impacto en nuestra especie.