El contenido informa sobre las tensiones en curso en torno al programa nuclear iraní y las próximas negociaciones con Estados Unidos. Contexto: Irán ha afirmado repetidamente su derecho a enriquecer uranio con fines civiles, una postura desafiada por Estados Unidos, que se retiró de un acuerdo nuclear de 2015 y ahora busca limitaciones más estrictas. Declaraciones recientes de funcionarios iraníes y estadounidenses resaltan objetivos conflictivos para posibles nuevas conversaciones.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, transmitió un mensaje contundente sobre la postura de Irán respecto a sus derechos nucleares, preparando el terreno para las próximas conversaciones con Estados Unidos.
La declaración de Araqchi, realizada en Doha justo antes de una ronda de conversaciones nucleares prevista en Omán, articuló claramente la postura inquebrantable de Irán. Declaró, según informaron los medios estatales, “Si el objetivo de las negociaciones es privar a Irán de sus derechos nucleares, declaro claramente que Irán no renunciará a ninguno de sus derechos”. Esta declaración subraya el compromiso de Irán de mantener su programa nuclear, particularmente su derecho a enriquecer uranio.
El núcleo de la disputa gira en torno al enriquecimiento de uranio por parte de Irán, un proceso que puede utilizarse tanto para fines civiles como militares.
Irán ha mantenido consistentemente que su derecho a enriquecer uranio no es negociable, una posición reiterada por Araqchi. Esta postura contradice directamente las demandas de algunos funcionarios estadounidenses, quienes, según se informa, han pedido una política de “enriquecimiento cero”. Esta diferencia de puntos de vista constituye un obstáculo importante para llegar a un nuevo acuerdo.
La postura estadounidense, particularmente bajo la administración Trump, ha sido un factor importante en el estancamiento actual.
El enviado especial del expresidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff, declaró que las “instalaciones de enriquecimiento de Irán tienen que ser desmanteladas” bajo cualquier nuevo acuerdo. Esta exigencia, junto con la retirada previa de Trump del acuerdo nuclear de 2015 y las amenazas de acción militar, complica aún más la situación. El acuerdo de 2015, destinado a frenar las actividades nucleares de Irán, fue abandonado por Estados Unidos, lo que condujo a las tensiones actuales.
El desacuerdo fundamental se centra en el propósito previsto del programa nuclear de Irán.
Los países occidentales expresan su preocupación de que el programa nuclear de Irán esté orientado a la producción de armas, especialmente dada su aceleración tras la retirada de Estados Unidos del acuerdo de 2015. Por el contrario, Irán insiste en que su programa es puramente para fines civiles. Araqchi reiteró esta posición, afirmando: “En sus conversaciones indirectas con Estados Unidos, Irán enfatiza su derecho al uso pacífico de la energía nuclear y declara claramente que no busca armas nucleares”.
El éxito de las negociaciones depende de si ambas partes pueden encontrar un terreno común.
Araqchi enfatizó la disposición de Irán a negociar de buena fe, afirmando: “Irán continúa las negociaciones de buena fe, y si el objetivo de estas conversaciones es asegurar la no adquisición de armas nucleares, un acuerdo es posible”. Sin embargo, también dejó claro que Irán no comprometerá sus derechos nucleares. La clave para un resultado exitoso reside en que Estados Unidos reconozca y respete el derecho de Irán a la energía nuclear pacífica, al tiempo que se asegura de que el programa siga siendo no militar.
El Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Araqchi, ha reafirmado que Irán no renunciará a sus “derechos nucleares” en las negociaciones con EE. UU., insistiendo en que el enriquecimiento de uranio no es negociable. A pesar de las demandas estadounidenses de desmantelar instalaciones y las amenazas militares, Irán mantiene que su programa es civil y está abierto a un acuerdo para prevenir armas nucleares, pero no a costa de sus derechos. El futuro de las conversaciones depende de si EE. UU. respeta las capacidades nucleares de Irán.