Lituania ha condenado un libro ruso de reciente publicación sobre su historia, alegando que es un intento deliberado de socavar la estatalidad lituana y justificar la agresión rusa. El libro, que incluye un prefacio del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirma polémicamente que la nación y el idioma lituanos no existen y que el estado-nación fue formado por eslavos y Rusia, una táctica que recuerda la negación rusa de la nacionalidad ucraniana. La publicación sigue un patrón de revisionismo histórico ruso, similar al ensayo de Vladímir Putin previo a la invasión de Ucrania, e involucra a autores con vínculos con la inteligencia rusa.
El ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, ha condenado enérgicamente un libro sobre historia lituana publicado recientemente en Rusia, destacando su potencial para socavar la soberanía y la narrativa histórica de Lituania. Budrys etiquetó explícitamente el libro como una “herramienta para actividades hostiles contra los países vecinos”, sugiriendo un esfuerzo deliberado para desestabilizar la región.
Además, las críticas de Budrys se centran en los argumentos centrales del libro, que desafían directamente los cimientos mismos de la identidad lituana. Según el profesor Gintautas Mažeikis de la Universidad Vytautas Magnus, el libro afirma, de manera polémica, que la nación y el idioma lituanos son inexistentes. Esta afirmación, como señala Mažeikis, se hace eco de una retórica similar utilizada por Rusia para negar la existencia de la nación ucraniana. La disponibilidad del libro en línea, de forma gratuita, amplifica aún más su alcance e impacto potencial, permitiendo la difusión generalizada de su perspectiva histórica revisionista.
Las afirmaciones del libro se ven reforzadas por su afirmación de que el Estado-nación lituano fue, de hecho, creado por los eslavos y Rusia. Esta narrativa contradice directamente los relatos históricos establecidos y busca reescribir la historia de Lituania, disminuyendo potencialmente su derecho a la autodeterminación y la independencia. Esta reescritura de la historia no es un incidente aislado, sino parte de un patrón más amplio de guerra de información rusa.
La autoría del libro también suscita importantes preocupaciones. Uno de los autores, Giedrius Grabauskas, está identificado como un antiguo asociado del político lituano Algirdas Paleckis, quien fue condenado por espiar para Rusia. Esta conexión sugiere un posible vínculo entre el libro y las operaciones de inteligencia rusas, reforzando aún más la percepción del libro como una herramienta de influencia y manipulación. Este vínculo da credibilidad a la afirmación de Budrys de que el libro es un acto deliberado de hostilidad.
Además, la publicación del libro se alinea con un patrón de revisionismo histórico empleado por Rusia para justificar su agresión contra sus vecinos. Antes de la invasión de Ucrania en 2022, el presidente ruso Vladímir Putin escribió un ensayo pseudo-histórico sobre la historia de Ucrania, negando de manera similar su existencia. Este paralelismo destaca una estrategia consistente de socavar la soberanía y la legitimidad histórica de los países vecinos.
Además de las afirmaciones históricas, el prefacio del libro, escrito por el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, sirve como una clara indicación del respaldo del gobierno ruso a su contenido. Este respaldo consolida aún más el papel del libro como una herramienta de propaganda estatal, diseñada para influir en la opinión pública y sembrar la discordia. La inclusión del prefacio de Lavrov sugiere que el libro no es simplemente un ejercicio académico, sino un intento deliberado de promover la agenda geopolítica de Rusia.
Budrys enfatiza el respaldo financiero detrás de tales actividades, afirmando que están “financiadas generosamente” por Rusia, que “ve el beneficio y el sentido en ello”. Esta inversión financiera subraya la importancia estratégica que Rusia otorga a estas operaciones de información y su potencial para lograr objetivos políticos. La declaración del ministro implica una campaña deliberada y bien financiada destinada a influir en la percepción pública y socavar la identidad nacional de Lituania.
En respuesta a este desafío, Budrys subraya la importancia de que Lituania defienda su propia narrativa histórica. Insta a su país a “difundir nuestro mensaje correctamente y no empezar a dudar de nuestra propia historia”. Este llamamiento a la acción destaca la necesidad de que Lituania contrarreste activamente la narrativa rusa y reafirme su propia verdad histórica. El énfasis en la autoafirmación es crucial para combatir los efectos de la propaganda rusa.
Finalmente, la situación subraya los desafíos más amplios que enfrentan los países fronterizos con Rusia. El libro sirve como un recordatorio de la guerra de información en curso y la necesidad de vigilancia para defenderse de los intentos de socavar la soberanía nacional y las narrativas históricas. La respuesta del gobierno lituano, liderada por el ministro Budrys, demuestra un compromiso de contrarrestar activamente estas amenazas y proteger los intereses del país.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Lituania ha condenado un libro de historia ruso, coescrito por un espía ruso convicto, por negar la nación y el idioma lituanos, similar a la negación rusa de la existencia de Ucrania. El libro, con un prefacio de Sergey Lavrov, se considera una herramienta para justificar el imperialismo y la agresión rusos, destacando un preocupante patrón de revisionismo histórico. Para proteger nuestra memoria colectiva y resistir la desinformación, es crucial una comprensión más profunda de las narrativas históricas y su manipulación.