Un nuevo estudio de la Universidad Simon Fraser ha encontrado una preocupante relación entre el uso intensivo de las redes sociales y trastornos psiquiátricos que involucran delirios, como el narcisismo y el trastorno dismórfico corporal. Los investigadores analizaron más de 2.500 publicaciones para determinar que estos trastornos delirantes fueron los más prevalentes asociados al uso excesivo de las redes sociales, sugiriendo que las plataformas en línea pueden crear entornos donde estas creencias son fácilmente generadas y mantenidas.
Un reciente estudio de la Universidad Simon Fraser ha revelado una correlación significativa entre altos niveles de uso de las redes sociales y la prevalencia de trastornos psiquiátricos caracterizados por delirios. Esta investigación, publicada en *BMC Psychiatry*, representa una revisión sistemática de más de 2.500 publicaciones académicas que exploran la relación entre las redes sociales y la salud mental, y destaca una tendencia preocupante: los trastornos delirantes están desproporcionadamente vinculados a un amplio compromiso con las redes sociales. Los hallazgos sugieren que el panorama digital está creando condiciones propicias para la formación y persistencia de estos trastornos, con posibles implicaciones serias para el bienestar individual.
El hallazgo central del estudio se centra en la prevalencia de trastornos delirantes observada en la literatura revisada. Los investigadores identificaron un patrón claro donde trastornos como el trastorno de personalidad narcisista (marcado por delirios de superioridad), la erotomanía (la creencia de que una persona famosa está enamorada de usted), el trastorno dismórfico corporal (percepción distorsionada de defectos físicos) y la anorexia (delirios sobre el tamaño corporal) estaban significativamente asociados con un alto uso de las redes sociales. Esto no es para sugerir que las redes sociales *causen* estos trastornos, sino más bien que parece amplificarlos y sustentarlos, creando un entorno donde estas creencias pueden florecer sin control. El enorme volumen de investigación analizada – más de 2.500 publicaciones – otorga un peso considerable a estos hallazgos, sugiriendo un vínculo robusto y consistente entre las redes sociales y la exacerbación de estas condiciones.
El profesor Bernard Crespi, un investigador líder en genética evolutiva y psicología en SFU y Silla de Investigación Canadá, explica los mecanismos subyacentes en juego. Argumenta que las plataformas y aplicaciones de redes sociales a menudo atienden a las mismas causas que desencadenan estos trastornos, al mismo tiempo que carecen de mecanismos eficaces para la comprobación de la realidad. Esto crea un ciclo de auto-reforzamiento donde los individuos pueden cultivar y mantener un sentido delirante de sí mismos sin las habituales restricciones sociales y emocionales que se encuentran en las interacciones cara a cara. Crespi enfatiza que “las redes sociales están creando condiciones donde los delirios pueden generarse y sustentarse más fácilmente”, señalando la ausencia de comprobaciones de la realidad cruciales como un factor clave.
Crucialmente, los investigadores aclaran que las redes sociales en sí mismas no son intrínsecamente perjudiciales. El problema surge cuando las interacciones virtuales reemplazan o complementan las conexiones sociales genuinas en el “mundo real”. Esta combinación de compromiso en línea y aislamiento social crea un terreno fértil para la persistencia de creencias delirantes. Si bien las redes sociales pueden ofrecer beneficios positivos como la creación de comunidades y un sentido de unión, Crespi y la coautora Nancy Yang advierten que los individuos ya en mayor riesgo de estos trastornos son particularmente vulnerables a los impactos negativos del uso excesivo de las redes sociales. El estudio destaca una interacción compleja entre las realidades en línea y fuera de línea, sugiriendo que la desconexión entre las dos puede ser particularmente dañina para aquellos predispuestos a pensar delirantemente.
Las características de las aplicaciones y plataformas de redes sociales populares también se identifican como factores que contribuyen. Estas plataformas a menudo fomentan la autopresentación de maneras que son autopropicias pero en última instancia inexactas, permitiendo a los usuarios curar versiones idealizadas de sí mismos. Esta realidad curada puede reforzar las creencias delirantes y crear un sentido distorsionado de autoestima. Además, los investigadores señalan la profunda diferencia entre las interacciones sociales en línea y en persona. En entornos de la vida real, es más probable que las delirios de las personas se mantengan bajo control gracias a las señales físicas y emocionales, proporcionando una forma de prueba de la realidad natural. La ausencia de estas restricciones en el mundo en línea exacerba las desviaciones del bienestar mental, permitiendo que las creencias delirantes se solidifiquen y se vuelvan más arraigadas.
Basándose en sus hallazgos, los investigadores proponen una recomendación práctica: a las personas que luchan con trastornos que involucran altos niveles de delirios probablemente se beneficiarían de reducir su uso de las redes sociales. Esto no es una cura, sino más bien un paso hacia la mitigación de la influencia negativa del entorno en línea. Más allá de las recomendaciones individuales, el estudio solicita más investigación para identificar las características específicas de las redes sociales que fomentan los delirios. Esto incluye investigar cómo los algoritmos, los elementos de diseño y las interacciones de los usuarios contribuyen a la formación y el refuerzo de estas creencias. El objetivo es identificar estrategias para hacer que las interacciones sociales en línea sean más fundamentadas y reflejen las experiencias de la vida real.
De cara al futuro, los investigadores sugieren posibles soluciones tecnológicas para cerrar la brecha entre lo virtual y lo real. Citan el potencial de tecnologías emergentes como la tecnología de contacto visual, las perspectivas 3D y los avatares inmersivos como herramientas para crear interacciones en línea más auténticas y atractivas. Estas tecnologías podrían potencialmente reintroducir algunas de las señales sociales y emocionales cruciales que faltan en las plataformas de redes sociales tradicionales, fomentando un mayor sentido de presencia y realidad. Al incorporar estos elementos, las interacciones en línea podrían volverse menos propicias para el desarrollo y el mantenimiento de creencias delirantes, promoviendo un mayor bienestar mental.
Un estudio reciente de SFU vincula el uso excesivo de redes sociales con un aumento de trastornos delirantes como el narcisismo y el trastorno dismórfico corporal. Esto se atribuye a la falta de referencias a la realidad en entornos virtuales y la facilidad para presentar una imagen inexacta de uno mismo. Si bien las redes sociales no son intrínsecamente dañinas, pueden afectar negativamente a personas vulnerables, y reducir su uso podría ser beneficioso. Se necesita más investigación sobre tecnologías inmersivas para anclar las interacciones en línea y proteger la salud mental en la era digital.